HIMURA (ESP) – Alerta biológica, 2019

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Hace tres años aproximadamente que HIMURA aparecía en la web, siendo un servidor también quien analizara aquel rabioso y potente Exterminio. Hoy, con Alerta biológica ya en el mercado, su tercer LP, volvemos a unirnos en esta especial simbiosis que funde al que escribe y escucha con los que emiten la música, para analizar esta nueva obra de brutalidad sin miramientos.

Los mañicos no pierden las maneras, lacerando con la contundencia de costumbre el oído del oyente durante los poco más de veintisiete minutos que dura el redondo, los cuales han repartido en quince cortes que hacen que la brevedad no sólo sea dos veces buena, sino dos veces brutal. Quizá este Alerta biológica suene un poco más neblinoso en cuanto a producción se refiere, no sé si es una sensación mía o si realmente lo he percibido bien, pero le favorece mucho al trasfondo cataclísmico que envuelve a la obra. Tanto la producción como la portada hacen que resulte fácil imaginarte a ti mismo en un futuro postapocalíptico no muy lejano, lamentándote de no haber muerto con la inmensa mayoría de los humanos pero regocijándote en que en tus maltrechos auriculares todavía suena una buena banda sonora, compuesta por HIMURA para la ocasión.

Además del apartado artístico que envuelve a la portada y tiñe las letras, podemos notar esa rabia contenida que expele Mario en las voces, viscerales y furibundas, reclamando el cambio, criticando la podredumbre que es el ser humano en su más ínfima esencia, reivindicativo y comprometido con sus principios a más no poder.

Asimismo, he percibido (de nuevo, sin saber a ciencia cierta si es fruto de la autosugestión) que la base musical es algo más oscura que en Exterminio. Puede que esa sensación que me ha dado la producción del álbum ayude a que las guitarras suenen un poco más funestas que de costumbre, pero sin perder ese filo tan letal que te corta el pecho como si de una cimitarra oxidada se tratase, bailando entre el death y el grind con una soltura tal que el equilibrio entre ambos es casi fifty-fifty, salvando excepciones momentáneas en las que de haberse repetido durante alguna otra vuelta extra habría tildado de toques groove. Todo es salvajismo sin pretensiones, sin querer aparentar nada. Únicamente importa la rabia y el instrumento por el cual se transmite al consumidor: la música.

Criminal la línea rítmica también, siguiendo el ritmo y manteniendo el nivel de las líneas vocales y de guitarra, como de costumbre; rápidos, concisos y sin ir a piñón fijo sin ton ni son. Cuando es necesario cambiar de marcha, lo hacen sin pestañear. Grindeath (que así deberían catalogarse los trabajos de este palo, porque sí, porque a mí me sale de la trompa de Eustaquio) con clase, emanando vieja escuela pero defendido en la actualidad con dos gónadas bien puestas. Poco más hay que decir sobre una banda que no debería desaparecer jamás por muchos motivos, pero sobre todo por la autenticidad y compromiso de su causa.

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