HEX (ESP) – God has no name, 2019

Enlaces: Facebook BandCamp

HEX es una banda bilbaína que empezó su andadura allá por el 2012 como un proyecto de estudio. En 2014 editan su primera trabajo Deadly sin. Tras varios años de silencio, no es hasta el 2017 cuando empezaron a hacerse un nombre en la escena nacional. Primero por la buena acogida de su EP Let there be darkness y segundo por su victoria en el festival Villa Bilbao y por su altruista gesto de donar el premio del festival a La Cuadri del Hospi, una asociación que ayuda a familias con niños enfermos de cáncer.

Tras este EP y con una formación ya consolidada, con miembros curtidos en grupos de la escena bilbaina (VIRULENCY, INCURSED, FEROSZ, IN THOUSAND LAKES o BEER MOSH), entran al estudio a grabar su segundo trabajo, este God has no name que tenemos entre las manos.

La discográfica con la que decidieron sacar su material es Transcending obscurity, sello indio que tiene entre su roster a bandas de la calidad de PAGANIZER, OFFICIUM TRISTE, MASTER, ROGGA JOHANSSON o a los también españoles ETERNAL STORM y COME BACK FROM THE DEAD entre muchos otros.

Con este segundo trabajo han conseguido dar una vuelta de tuerca a su sonido y, sobre todo, pulir y mejorar aspectos (completamente comprensibles, al ser su primer disco) de su antecesor. Así pues, en este nuevo opus tenemos un sonido mucho más compacto y homogéneo. Se nota mejoría en la producción del disco respecto al anterior. La voz, por ejemplo, suena más agresiva y más integrada en el conjunto, más envolvente, creando buenas atmósferas y arropando o liderando al resto de instrumentos.

Las guitarras suenan afiladas y gruesas a la vez. Los riff son contundentes y poderosos, y en los solos o arpegios dan esa sensación de maldad y agresividad de la vieja escuela. La producción de la batería también ha mejorado notoriamente. Suena más real, ecualizada e integrada, lo que logra que el conjunto tenga mucha más pegada y potencia, sobre todo en los temas más rápidos. Pero es en las partes lentas donde la mejoría es más evidente. Los redobles, fills de timbales, platos y tambores son más nítidos, con lo que han logrado recrear a la perfección ese aura de maldad y opresión que debe tener todo buen disco de death metal.

El conjunto de la producción del disco es un homenaje al sonido noventero del estilo, sonando todo muy orgánico y metálico a la vez, huyendo de las sobre producciones de los discos modernos pero sonando actuales y con pegada. El único pero que le pongo al conjunto es el sonido del bajo. Aunque esto es algo totalmente personal, ya que yo soy más fan de los sonidos gordotes y redondos a las cuatro cuerdas y escuchar un bajo tan metálico se me hace raro y me ha costado mucho acostumbrarme. Por lo demás ninguna pega, ya que en la mezcla sale muy bien parado y es uno de los protagonistas del disco.

Estiliísticamente no han variado mucho de lo que nos ofrecieron en su anterior trabajo, Por lo que vamos a tener una buena dosis de genuino death metal old school, aderezado con pasajes más lentos y fangosos herederos del doom metal.

Podemos encontrar temas como “Worshipping falsehood donde lo que más va a predominar son riffs pastosos, jugando mucho con cadencias lentas y machaconas. Ritmos pausados y agónicos que se mezclaran de vez en cuando con momentos puntuales de agresividad para romper la “monotonía” de la canción. También encontraremos canciones como “Where gods shall not reign”, uno de los singles, una pieza más afincada en el death metal más clásico, con un riff demoledor de inicio que va mutando poco a poco para convertirse en una oda a lo oscuro y lo maldito con la incursión de diversas voces, entre ellas una voz femenina que le da un plus de teatralidad a la canción. Y, por supuesto, tenemos temas como “Apocryphal”, que es puro death metal old school; velocidad, rabia y maldad a partes iguales. Con solo una misión en su existencia, que no es otra que la de romperte las cervicales a causa del headbanging galopante que vas a sufrir cada vez que la escuches.

Se nota que HEX se han dejado el alma en este God has no name. Está todo muy cuidado y trabajado, desde la producción, como ya hemos comentado, hasta la presentación del disco, con una portada impactante o con el vídeo del tema “Where gods shall not reign” cuya ambientación es espectacular y muy acorde con la música que nos presentan.

Otra banda que añadir a la infinidad de grupos de gran calidad que salen de nuestro país. Y esta vez respaldados por una discográfica que, día a día, está acaparando más peso dentro del mundillo, por lo que esperamos que el futuro les depare muy buenos momentos.

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMENTARIOS