HELA (ESP) – Death may die, 2017

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No está muerto lo que yace eternamente, y con extraños eones, incluso la muerte puede morir“. Esta cita de Howard Philip Lovecraft (de su Necronomicon) no solo resume su obra, o aporta una profundidad a su universo y a la narrativa que lo conforma. Quizá esa sea la razón por la que la cita aparece en el libreto de este Death may die de HELA. Reforzar la cohesión entre cada uno de los temas que lo componen y hacer de hilo conductor entre los seis.

Lo que a estas alturas puede parecer un tópico (centrar una obra de manera más o menos conceptual en el trabajo literario de Lovecraft) no tiene por qué serlo, siempre y cuando se eviten los tropos más petardos y reciclados. Hablar directamente de Los Primigenios como entidades poderosas dispuestas a conquistarnos y hacer que nos arrodillemos es uno de esos tropos.

Pero HELA no es una banda agresiva, ni practican ese slam que pega tan bien con el aspecto cósmico y que a muchas bandas gusta utilizar para sus composiciones enfocadas en esta temática. Ellos practican un doom con cierta ambientalidad casi sinfónica (sin elementos externos, todo el trabajo recae en los instrumentos tradicionales del género) que le hace tomarse algunas licencias.

Y creo que eso es lo que tanto bien le ha hecho a las letras. Un fondo o una base que sirve a la narración (más lírica, más cercana a la palabra hablada en algún momento, o recurriendo a romper tentando guturales sin llegar a serlo; quizá “scream” es el término más correcto) que se aleja de, como ya hemos dicho, divinidades y cultos. El protagonista es mucho más fiel a las narraciones lovecraftianas. La locura del hombre, sus pecados, cómo le consume la inquietud y su tarea relacionada con los mitos y los cultos. Algo que a este doom que practican le viene que ni pintado.

Tiene tintes progresivos, pero sin irnos por los cerros de Úbeda, lo cual agradezco. Coger géneros que en teoría son simples (bien por rítmicos, bien por el tono o la atmósfera) y querer llevarlos al punto de ser una experiencia cósmica termina pasando factura. Te aburres como una ostra, hablando en plata. Salvando la primera y la última canción (2:50 y 3:50 respectivamente), las otras tres piezas centrales de Death may die tienen una duración media de nueve minutos, y en ningún momento sientes que sobre un segundo… quizá por la variedad de matices que ofrecen, o por que han sabido incluir muchos elementos bien conectados sin sobrecargar.

Al fin y al cabo, se cuenta una historia. La de la locura humana, la del fin de los tiempos, la muerte de la propia muerte… casi nos es indiferente (aunque recomiendo indagar; como fan de Lovecraft me parece un trabajo magnífico). Y no queremos que la forma de esa historia nos desvíe del contenido de esta. Y definitivamente el tipo de doom (que no llega a ser tan pesado y denso como el de otras bandas a las que podríamos estar acostumbrados) es el adecuado. Quiero jugármela un poco y decir que hay algún que otro elemento de post-rock… o al menos de alguna corriente alternativa, que casi invita al shoegaze, pero sin hacer que nos perdamos en ello del todo.

Sin embargo, me hubiera gustado ver algo más de brillo en cuanto a la instrumentación. Probablemente eche de menos una batería más compleja… o aún más peso en las guitarras… pero eso ya parte de lo personal. Sí que lo quiero dejar claro porque no es un wall of sound, o no tiene esa saturación tan ruidosa que hace que te pese hasta el alma. Es más bien un equilibrio para que todo lo que tiene que escapar (lo cual está perfectamente ejecutado) no contraste demasiado y rompa la dinámica. A veces querer hacer un contraste más evidente se termina cargando ambos elementos. Por eso, solo una nota personal, porque creo que a veces se puede llevar un poco más al límite.

Y no dudo de que HELA sean capaces de hacerlo. Hay que tener un valor enorme para editar un disco como este y ser capaces de defenderlo luego en directo… porque nadie compone una obra así sin intención de llevarla a cabo frente a una audiencia, donde se corren más riesgos, donde algo puede salir mal y mandar al traste ese pequeño detalle que hace que tu obra sea exactamente tal y como la has imaginado.

Porque al final se trata también de un ejercicio de imaginación. De comprender el contexto del que nos hablan. De empatizar (para bien o para mal) con los protagonistas, de sentir el entorno y la opresión, y el descenso a la locura, y a esa comprensión cósmica en la que incluso la muerte puede morir. Con todas sus consecuencias… Creo que es una obra que requiere de una inteligencia distinta (ojo, no mejor ni peor) y un trasfondo previo para entender todo el potencial de cada una de las seis canciones.

Claro, podemos ir a ciegas y decir “voy a escuchar este disco de doom, que me lo han recomendado y solo me han dicho que es doom y está muy bien“. Y nos seguirá pareciendo una muy buena obra. Quizá no la que buscábamos por asociar el doom a gustos personales e influencias variadas… pero una muy buena obra al final. Una que te hará querer poner el disco varias veces. Cautivándote, invadiendo tu mente, casi obsesionándote… como si fueras uno de los personajes de las historias y novelas de Lovecraft.

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