HARDREAMS – Unbroken Promises, 2012

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Definitivamente el AOR / hard rock melódico nacional está viviendo una segunda juventud. Bandas como GÜRU, CARTA MAGNA, TONY SOLO, JOSE RUBIO’S NOVA ERA y unas cuantas más, unidas a aquella “primera ola” de principios de siglo (y de milenio) como AIRLESS, EDEN LOST, ZENTE, RAFA MARTIN o precisamente HARDREAMS (que es el grupo que nos ocupa), están consiguiendo que lo netamente melódico goce de mayor popularidad (o al menos sea más conocido) que en la propia prehistoria del género con precursores como SANGRE AZUL, NIAGARA, SHALOM, HIROSHIMA o MANZANO.

No deberíamos echarnos las manos a la cabeza. Es evidente que aún seguimos extrañando la magia de un “Now or Never” o “El Silencio de la Noche”, siempre serán discos pioneros, iniciadores de todo esto, pero el nacimiento de la nueva centuria trajo consigo trabajos discográficos como “Angel’s Tears” o “Another Dawn” que, junto a otros tantos, supusieron el germen que ha florecido, de tal manera, para que este año podamos tener en nuestras manos cd’s de la talla de “White” o el mismo “Unbroken Promises”. Es cierto que se han quedado formaciones por el camino (NEXX, 91 SUITE, GOLDEN FARM, SIDDHARTA…) pero han ido surgiendo otras tantas que han ido sustentando esa “segunda ola” del género. Hasta aquí hemos llegado… y lo que afortunadamente parece que nos queda no es precisamente poco.

Cuando un grupo edita material de la altura de “Calling Everywhere” (2004) o “The Road Goes On…” (2008) uno se plantea cómo medir la talla de cada nuevo trabajo que va editándose. ¿Valoramos el conjunto, cuando éste en el pasado no ha podido ser más homogéneo? ¿La ejecución, cuando ha sobresalido llegando a su máxima intensidad y desnudez en su directo “Live… on a Dreamers Night” (2010)? ¿O puntuamos la inspiración o composición, cuando todos sus discos tienen “algo” (ese plus que diferencia lo sobresaliente de lo notable)?

Esta duda se me plantea al hablar de “Unbroken Promises” (2012). Ante todo, este último disco me parece una confirmación –más que un paso adelante o hacia atrás- del sonido AOR / hard melódico que ha hecho grande a HARDREAMS. Vaya, que no sorprenderá oír lo nuevo cuando se han escuchado trabajos pretéritos, desde aquella primigenia e inicial demo “Wings on Fire” (2001) hasta el “live” de hace tres años. Lo nuevo, en este caso, no es novedoso, sino una aprobación de lo realizado hasta la fecha, ahora mirando al presente y al futuro más inmediato. Una aquiescencia de su alma AOR y un refrendo de lo melódico, teniendo al hard rock como punto de inicio. ¿Influencias? Muchas. Todas las que han hecho grandes al género. ¿Personalidad? Indisimulable. Aunque todas estas bandas tengan tantas cosas en común HARDREAMS me parece que hila como nadie por un lado el AOR más 80’s y, por otro, el hard rock más melódico de finales de dicha década y principios de la posterior.

 “Unbroken Promises” (ya el tercer trabajo editado por Perris Records) sobresale por el hecho de ser un conjunto notable, precisamente por no sobresalir en ninguno de sus temas. Quizás sea éste el único déficit del disco pero refuerza la idea de homogeneidad, que precisamente me planteaba –un poco más arriba- como forma de valoración del mismo. No tiene hits como los pasados Wings of Fire o, sobre todo, el fantástico My Last Desire (el único tema que podría acercarse podría ser el inicial Count On Me), pero esa ausencia de highlights “Unbroken Promises” la suple con una serie de composiciones más niveladas. Ahí reside la mayor y primera virtud del disco, en el equilibrio.

Si bien es cierto en que con Woman in Black uno percibe que es el track “diferente” y, quizás, el menos inspirado, composiciones como The War is Over o Goin’ Fast (con alta presencia de teclados) son dignos herederos de “The Road Goes On…”, mientras que Unbroken Promises, Cross the Line, A High Mountain to Climb o The Land Inside Our Souls solo hacen acentuar una tilde ya muy marcada, más que remarcada, a lo largo de todos estos años.

También hay tiempo para los medios tiempos y baladas, cuyo espacio se me antoja muy importante en el disco. It’s Only Love tiene partes muy emotivas, al igual que Now You’re Mine, mientras que All And Now nos retrotrae a esos años hardrockeros de principios de los años 90’s.

Tomando en consideración que es muy difícil componer un corte como el pretérito My Last Desire, donde se concentraba casi todo el hechizo de “The Road Goes On…”, es más fácil aceptar que se reparta el embrujo en once canciones que no hacen más que reforzar  la idea de que “Unbroken Promises” es, ante todo, equilibrado y medido. Cuando hay ponderación se pierde en cierto modo la magia. Pero cuando no hay composiciones asombrosas (o al menos con la magia de aquella) no siempre se consigue la sensatez, además cuando se roza precisamente lo extraordinario. Y ahí está la segunda virtud de este trabajo: en creer acariciar el cielo sin perder la cordura. 

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