HAKEN (GBR) – Vector, 2018

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El rock/metal progresivo ha sido y sigue siendo una de las tendencias más interesantes de esta década y de las que mejor han sabido actualizar sus propuestas con el paso del tiempo. Si desde los noventa quedó demostrado que hay un público capaz de sustentar una escena progresiva potente que se mantuvo con el paso al nuevo siglo, el sonido del progresivo contemporáneo se ha convertido en una de las señas de identidad del rock de estos años. HAKEN es una de las bandas responsables de esto. El sexteto londinense cuenta con cinco álbumes, sin contar Vector, en los que han mantenido una identidad reconocible dentro de unos rasgos que podemos considerar generalizados en el progresivo moderno y que son lo suficientemente básicos como para no limitar el desarrollo de la personalidad de cada grupo. Algunos de estos rasgos, como la riqueza armónica, el rupturismo estructural o el tránsito entre la expresividad emocional contenida y la más desatada, vienen ya de lejos. A estos habría que añadir una de las características más llamativas del estilo contemporáneo, que es la exploración rítmica, probablemente deudora del movimiento djent. Como vemos, se trata de descripciones muy amplias que dan cabida a cosas muy diferentes, tanto en lo puramente musical como en lo estético: desde LEPROUS hasta AGENT FRESCO pasando obviamente por HAKEN.

El nuevo álbum de HAKEN puede recordar a los dos grupos citados y a muchos otros en virtud de sus rasgos más obvios, si bien los británicos tienen una sensibilidad pop mucho más comedida y su estilo apunta a la exploración musical pura, más cerebral y experimental y menos directa. Y aquí hay que hacer una pausa para puntualizar, por si aún hace falta, que de eso es de lo que va el progresivo. Hay muchas críticas hacia grupos de este estilo, como también las hay en el terreno del death técnico, que sostienen que no transmiten o no se las creen o que no están contando nada con la música (al menos nada comprensible). Creo que este tipo de opiniones pierden de vista lo más fundamental. Hablamos de géneros que en gran medida consisten precisamente en explorar las posibilidades del lenguaje musical y hacer funcionar diferentes recursos. No tendría sentido juzgarlo en los mismos términos en que juzgamos propuestas más conservadoras simplemente porque sus propósitos son diferentes.

Dicho esto, Vector es probablemente el disco más accesible de HAKEN. Todos los rasgos comentados al comienzo de esta crítica están presentes desde el particular lenguaje del grupo, que como sabemos es más jazzero que clásico, tiende a lo contenido y elegante y muestra un sano desdén hacia la cohesión estructural. Ahora bien, las repeticiones y referencias a distintos elementos de composición son fáciles de seguir e identificar, y a esto habría que añadir una tendencia más “metalera” en este disco que en cualquiera de los anteriores. ¿Cómo definir eso de que suena más “metalero”? Bueno, en general el sonido de las guitarras es más grueso y contundente y las partes más rítmicas de muchos temas enfatizan los golpes de percusión acompañando a las cuerdas y reduciendo la carga armónica, que se reserva para los desarrollos más ambiciosos. Esto puede quedar raro así escrito, pero en cuanto lo escuchéis podréis notarlo. Algunos de mis temas favoritos, como “Puzzle box” o “A cell divides”, dan buena cuenta de ello.

Esta decisión de perpetrar una obra más accesible (que es una tendencia muy común entre grupos progresivos de mediana trayectoria) y a su vez más potente (esto ya no es tan frecuente) hace que Vector suene, por encima de cualquier otra cosa, muy divertido. Si bien se mantiene en la elegancia y la sobriedad, en muchos momentos consigue sonar espontáneo e incluso juguetón. HAKEN es un grupo de músicos muy buenos divirtiéndose y jugando con la música, adaptando las reglas del juego a su gusto. El progresivo va de eso.

En un nivel más superficial cabe señalar el uso de algunos recursos electrónicos que ya se encontraban presentes en el anterior álbum y que en este último se hacen más evidentes. Se trata de un recurso meramente estético que aporta variedad tímbrica a algunos momentos del disco, pero si lo que te interesa son los fundamentos de las composiciones no llamará demasiado tu atención. Aun así se agradece la sensación de homogeneidad que aporta al disco. También se agradece la interpretación sosegada del cantante Ross Jennings, otro de los triunfadores del disco. Las voces limpias y cristalinas son otra de las características típicas del progresivo contemporáneo, y creo que es muy inteligente optar por estilo tranquilo y nada exagerado pero igualmente brillante en cuanto a técnica.

Como he dicho, Vector es sobre todo un disco muy divertido. Al menos para quienes consideren que la música puede ser divertida por sí misma. Es mejor escucharlo con calma y con tiempo, y conlleva un proceso de apertura mental, pero es en ese proceso donde está casi toda la diversión. Concededle algunas escuchas y quizá os pase lo mismo.

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