HAIKU FUNERAL (FRA) – Hallucinations, 2016

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haikufuneral00Recuerdo en el barrio en el que vivía cuando era pequeño, un parque al que solía llevarme mi padre. Una estampa nada inusual en cualquier infancia. Sin embargo, lo que más me gustaba de ese parque no era ningún columpio, sino un tosco laberinto hecho de cemento y pintura. Llegó un punto en el que me sabía de memoria el camino, pero me daba igual, lo seguía disfrutando de todos modos. Precisamente, lo que a mi y a muchas personas nos gusta de los laberintos es esa incertidumbre, de no saber si el camino que escogemos es el correcto, y qué habrá en aquel callejón sin salida. Las posibles sorpresas son lo que realmente hacen atractivos a los laberintos, las películas de suspense y, ¿por qué no? a la música.

Y es que, al igual que existe la emoción de buscar un disco que sepamos de antemano cómo va a sonar, porque intentamos hallar un sonido concreto, en el lado contrario está el atractivo de que un álbum contenga unos cuantos elementos que, para nada, esperábamos de invitados a la fiesta.

Hallucinations de los franceses HAIKU FUNERAL se las prometía como un buen disco de dark ambient que coquetea incluso con el black metal. Y que nadie se equivoque, es lo que hay en este opus… pero no lo único. Hay black metal, música oriental, industrial, coros angelicales… Todo, eso sí, de manera discreta y bajo el opaco manto del dark ambient. Tal vez por eso sorprenda, porque esperábamos menos, y lo novedoso no está añadido de manera exagerada o descarada, sino que se integra de manera sibilina, de tal manera que estos elementos diferenciadores constituyen la identidad de cada canción.

Del mismo modo y siguiendo el «esto no es lo que parece» (pero en el buen sentido), a medida que iban sucediéndose las escuchas, me daba cuenta que el disco se va transformando, cómo «The first amphetamine kiss» nada tenía que ver con «The last hallucination of C», de las trompetas del Apocalipsis, que hacen pensar en una obra grandilocuente, hasta llevarnos a un lugar excesivamente frío y desolador, más cercano a un psiquiátrico abandonado (y contando además con un final de locura, rayando el noise).

Desconozco si se trata de un disco conceptual, pero no sería descabellado, teniendo en cuenta la ya mencionada evolución de los temas a medida que pasan los minutos. Tras el inicio amenazador de «The first amphetamine kiss», no encajaba sino un corte como «Hallucinations», mucho más cercano al black/industrial de DØDHEIMSGARD, y si avanzamos hacia hacia «Razgrajne» nos daremos cuenta que vamos siguiendo un camino sonoro ¿a dónde? Ahí está el encanto. La batería y el tono de voz son muy parecidos a los usados en su predecesora, pero ya nos vamos metiendo progresivamente en las espesas aguas del dark ambient.

Para cuando estemos en «Suicide organ», la noche será completamente cerrada, logrando ese suspense y malestar tan típicos del género. No obstante, hay un retorno a la agresividad con «Servants of fire», muy similar a «Hallucinations» y tan metalizado como este. ¿Pero por qué volver a lo de antes, no hablábamos de una transición? En efecto, y cuando meten un sitar de manera breve, nos dan ciertos indicios de por dónde van a ir los tiros. Nos engañan vilmente haciéndonos creer que van a ir volviendo a un camino más violento. Y así es, porque «Darkest day of the day» es un viaje de 180º grados hacia Pakistán, Nepal, Sri Lanka… Música de medio oriente con gotas de dark ambient. Mezcla inusual que funciona a las mil maravillas.

Y de ahí, al infierno absoluto con la triada final, con «Faiths black orgasm», «The Final amphetamine kiss» y «The last hallucination of C». Oscuridad pura y dura, que podrían haber sido compuesta por ATRIUM CARCERI o CLIMAX GOLDEN TWINS en su trabajo en la BSO de Session 9 (Session 9, Brad Anderson, 2001). Quizás, después de tanto vaivén de sonidos, algo más ortodoxo puede hacer que alguno se sienta decepcionado. Aunque por otro lado, tampoco sería justo pensar así, debido al alto nivel de dichos cortes. Que no se nos olvide que, al fin y al cabo, es del género del que más toman, y por ende, más cómodos se sienten.

Así, llegamos al final de esta crítica y este laberinto, en el que hemos conseguido bastante más de lo que nuestras expectativas tenían pensado. Lo que parecía un disco de dark ambient con un pie en el metal industrial y black, tiene muchas virtudes y varias caras, agradablemente sorprendentes. Música oscura, al fin y al cabo, pero con mil matices.

firmapablobalbontín

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