GWYN ASHTON (GBR) – Radiogram, 2012

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gwynashton01Cuenta el libro La verdadera historia de los Rolling Stones (Stanley Booth, 2012) cómo Bo Diddley quedó maravillado cuando Brian Jones empezó a tocar algunas cosas de Elmore James. Ver a un chico blanco tocar la guitarra igual que el gran Elmore, que había aprendido de Robert Johnson, quien había aprendido del mismísimo diablo en el cruce de caminos, debió de romperle todos sus esquemas, en una época en la que aún no era común el color nacarado en el blues. Lo cuenta así el libro, totalmente recomendado, por cierto.

Desde entonces muchos músicos blancos han tocado y, lo que es más importante, han sentido el género igual que los negros. El blues nace del sufrimiento y, por tanto, ya no se circunscribe a ciertas áreas y etnias, como ocurría en la primera mitad del siglo XX. Desde que el gran Bo mostrara su asombro ante la forma de tocar la guitarra del jovencísimo Brian, mucho ha llovido y, si Diddley resucitara y se encontrara de repente en la actual década, quedaría totalmente desubicado en muchos sentidos.

Cuento la anécdota del libro de Stanley Booth porque viene al caso al estudiar la obra de GWYN ASHTON. Creo que si el músico estadounidense escuchara los acordes de este galés mostraría la misma perplejidad que sintió con el rubio inglés de los STONES. Oír a ASHTON es homenajear al blues rock interpretado con técnica, virtuosismo y sentimiento: una loa a la magia que genera una forma de hacer música nacida de la melancolía, de la tristeza, del desconsuelo.

Hablar de ASHTON es hacerlo de un músico que nació en Gales hace más de cinco décadas y que, a la edad de doce años, se trasladó a Australia, donde ya a los 16 años comenzó su carrera musical actuando en pequeños pubs y bares locales. Desde entonces no ha parado de recorrerse todos los rincones del planeta, sobresaliendo su gira en 1999 presentando Fang it!, abriendo para artistas de la talla de B.B. KING, JOHNNY WINTER, THE YARDBIRDS, MICK TAYLOR, PETER GREEN y STATUS QUO

Hablar de Radiogram (2012) es hablar de blues en mayúsculas y con especial respeto. Quizás, de hecho, este sea de sus discos más blues rock hasta la fecha: Feel the heat (1993) compartía ese protagonismo con el hard rock (pienso que si hubiera sido editado tres años antes quizás GWYN ahora sería más conocido), Beg, borrow & steel (1996) apostaba descaradamente por las guitarras slide y el blues acústico; Wanted man (1997) ya mezclaba el blues con el rock and roll más clásico en algunos de sus temas, algo que se hacía más evidente en el más disperso Fang it! (1999); mientras que Prohibition (2007), su disco más crudo y oscuro, nos sorprendía con un blues rock con matices psicodélicos, algo que se explicitaba mucho más en Two-man blues army (2009).

Quizás, por ello, uno podría pensar que la influencia del sonido de San Francisco de finales de los 60 podría acentuarse en Radiogram (2012). Craso error, y vuelta a los orígenes. Radiogram tiene acercamientos al hard rock 70’s como en “Little girl”, pero ahí queda esa influencia, al menos totalmente explícita. Lo demás es blues rock muy bien facturado, como el que nos muestra “Let me in”, “Fortunate kind” (de especial feeling), la sorprendente “I just wanna make love” (de ritmos funkies) o la fantástica y mágica “Angel”, con un ASHTON que, además de encargarse de la voz, guitarra y armónica, esta vez lo hace asimismo del bajo, dejando la batería para Key Hickman.

¿Los demás músicos? Colaboraciones de primer nivel, entre las que destacan las de Robbie Blunt, Mark Stanway, Kim Wilson y –ojo- Don Airey, cuya participación apuesto que hubiera encajado mejor en “Little girl”, el tema más cercano a PURPLE, siendo finalmente “For your love” el elegido. No es el primer tema de la carrera del galés donde se introduce el órgano Hammond, ni mucho menos, me vienen a la cabeza varios cortes, entre ellos el pretérito “Leaving in the morning”, donde el autor me recordaba de soslayo al gran JOHN MAYALL, aunque su influencia más directa siempre haya sido la de RORY GALLAGHER.

Respecto a la producción: a la altura de un trabajo sobresaliente. Quien busque otro sonido más sucio lo encontrará en Two-man blues army (2009), su disco anterior. En este sentido el contraste es evidente.

En definitiva, no entiendo cómo este hombre es tan poco conocido a nivel mundial. Solo basta echar un vistazo a sus redes sociales para advertir que no goza de mucha popularidad, entendida ésta como impacto de su música entre el público. Estamos ante una de las infinitas injusticias que se dan en el difícil e inexplicable mundo de la música.

Escuchar la discografía de este músico, y por ende Radiogram, es homenajear las cadencias del bajo Mississipi y de Nueva Orleans. Una maravilla que en junio podremos disfrutar en directo, precisamente donde la música se funde con el sudor, humo y bourbon, donde la Palabra del blues se hace cuerpo. Ahí es nada… Una gran oportunidad de acercarse a un monstruo de la guitarra.

firmatopo

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