GRIMA (RUS) – Rotten garden, 2021

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Picaduras sangrientas, ciénagas que atrapan, vegetación interminable, susurro de alimañas…La taiga siberiana es fuente de leyendas y de seres mitológicos como Leshy (Леший), el celoso guardián responsable de castigar con la desaparición o de proveer con abundante caza. Para los gemelos de Krasnoyarsk, es también fuente de inspiración en un proyecto que logra su cuarto largo con Naturmacht Productions. Los gemelos Max (“Morbius”, guitarra) y Gleb Sysoev (“Vilhelm”, voz, guitarra), implicados también en ULTAR y SECOND TO SUN, continúan explorando en Rotten garden las sensaciones de su entorno natural. Completan en este álbum Serpentum al bajo y Vlad a la batería (ULTAR) para descargar una sana dosis de black atmosférico forestal pagano… que en el idioma madre diría, intraduciblemente, дремучий блэк-метал.

Hay que admitir que GRIMA se pusieron el estándar muy alto con el anterior álbum, Will of the primordial. Y, por supuesto, nadie los obliga a superarse a sí mismos consecutivamente. La calidad de Rotten garden es altísima y todos los detalles tienen un acabado muy profesional, pero, tras varias entusiasmadas escuchas, me sigue faltando algo que había en el precedente. Joder, si hasta lo incluí en mi lista de mejores discos del 2019 en nuestro tradicional anuario. Spoiler: era más oscuro, ominoso y estaba mejor cuajado. Ahora bien, ¿cómo se desmarca este nuevo trabajo?

Los riffs continuos, llenos de aire frío, están ahí con ráfagas de trémolo. Pausas de arpegios, que conducen al oyente a los rincones más melancólicos del bosque de coníferas, tenemos. Las guitarras realizan duetos interesantes, pero la falta de solos es destacable (el anterior LP incluía alguno que otro muy elocuente). Aparte, estos instrumentos dialogan frecuentemente con el teclado y el acordeón. Y, vaya, hay que detenerse para saborear este último. En mi opinión, siendo uno de los aparatos musicales más emotivos, es una de las mejores inclusiones del actual atmo-black eslavo en general y ruso en particular. De hecho, la genialidad de los aclamados ПУТЬ radica en su extenso uso. GRIMA lo utilizan con mucha gracia tanto en acordes prolongados (“Rotten garden”) como acoplándose a riffs casi thrasher (“At the foot of the red mountains”). Me gusta tanto que considero que debería, sin ninguna vergüenza, estar más presente aun a riesgo de confundirse con la otra banda. Y, a cambio, reducir los teclados. Este llega ser algo desmedido, pero no por su frecuencia sino por la diversidad de efectos que utilizan. Da la impresión de que probaron todos los efectos en los ensayos y que no lograron decidirse por uno o dos.

A este respecto, el sonido pierde una coherencia que, por otra parte, se mantiene con la batería y la voz. La primera ejecuta todo lo que hace falta (blastbeats, doble bombo, claros snares y algún que otro adorno bien metido). Vilhelm, por su parte, nos mantiene alerta con su aguda voz, interrumpida un par de veces con coros graves. Escondidas tras títulos en inglés, las letras son una oda en ruso al bosque, a la tiniebla, a la muerte y a la aflicción. Especialmente poéticas son “Cedar and owls” con su becqueriana descripción de unos búhos y “Rotten garden”, en la que la atormentada figura protagonista decide fundirse con el humus forestal.

A la furia e indiferencia natural con la que se expresan GRIMA lo acompañan momentos para echar el respaldo hacia atrás y mover las manos a lo anuncio de BMW. En esos puntos recuerdan a AGALLOCH, a unos ALCEST más sucios, a los temas más atmosféricos de SECOND TO SUN o a los más potentes de ULTAR. Elementos naturales per se aparecen ocasionalmente como cantos de aves nocturnas (“Cedar and owls”), lluvia (“Old oak”) o truenos (“Grom”… nada que ver con el tema de mismo nombre de los viejos BEHEMOTH). Los teclados también sirven para evocar paisajes. Por ejemplo, la tonadilla (irónicamente) casi alegre de “Mourning comes at sunset” me recuerda a cuando salía a un claro tras perderme por el bosque moscovita.

Para rematar, destacan dos curiosos aspectos compositivos. El tema titular dura casi el doble de la media de los demás. Como es de esperar, esto da pie a una variedad de sensaciones, empezando muy tranquilamente, aumentando gradualmente su intensidad y llegando al clímax durante los últimos minutos. Y luego, el último corte es la inclusión de la versión de “Devotion to Lord” del 2020, lanzada como single el año pasado pero originaria del primer álbum. Podría pasar por balada de heavy metal moderno si no fuera por los alaridos. Queda genial, por cierto, como banda sonora de la nevada que sepultó Madrid a mediados de enero. Por qué decidieron volver a meter este tema y no partir “Rotten garden” en dos quedan como legítimas preguntas para una entrevista.

Y eso es todo, amantes del bosque oscuro. Es un buen álbum, pero, ya sea por la mala costumbre de comparar o por la pérdida del gusto asociado al covid-19, no me ha terminado de enganchar.

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