GRAVE MIASMA (GBR) – Abyss of wrathful deities, 2021

Enlaces:

– English version here –

Desde los primeros instantes de «Guardians of death» me di cuenta de manera instintiva de que algo había cambiado, y no poco, precisamente. Unas guitarras no tan graves y ahogadas, unos riffs más convencionales… Todo más directo y más agresivo a simple vista. Y la hoja promocional que acompañaba a la copia digital de este Abyss of wrathful deities lo confirmaba: «Intercambiando un poco de sus atmósferas cavernosas presentes en trabajos anteriores por la tradicional tendencia del metal de velocidad y agresión«. Pero para quien se sienta un poco perdido en este «ultraje» cometido por los británicos, algo de contexto.

GRAVE MIASMA, conocidos al comienzo de su carrera como GÖAT MOLESTOR, formaban parte de lo que se conoce como death metal cavernoso, caverncore o, en términos más despectivos, gilipollas con capucha y velas de rituales. Un death metal que se diferenciaba del tradicional por su sonido denso y oscuro, muy deudor de INCANTATION y la escuela finlandesa de principios de los 90, donde abundan los medios tiempos, rozando en ocasiones el doom/death y mirando de reojo el black/death machacón de BLASPHEMY o PROCLAMATION cuando se ponen veloces. Este caverncore, por tanto, es un mestizo de las corrientes y grupos mencionados, en un perfecto equilibrio de fuerzas. FUNEBRARUM, PORTAL, DEAD CONGREGATION, IGNIVOMOUS, GRAVE UPHEAVAL, ENCOFFINATION, ABYSSAL… Cada cual con sus matices, pero la mayoría han tenido su momento de esplendor a finales de los 2000 y el primer lustro de los años 10 (lo que no les exime de seguir en un óptimo estado a día de hoy, ni que esta corriente siga engendrando nuevos vástagos).

GRAVE MIASMA, con Odori sepulchrorum, lanzado allá por 2013, se convirtieron en punta de lanza del estilo. Cumplían con todas las características y tópicos necesarios, se preocuparon de no ser excesivamente densos y además el (comedido) uso de instrumentos de medio oriente daba ese extra diferencial, mientras que el EP de 2016 Endless pilgrimage iba un poco más allá en la creación de atmósfera, razón por la cual es considerado por muchos su mejor trabajo (aunque discrepo). 

Por todo esto sorprende esta salida de la caverna, aunque no tardaremos en escuchar que el giro no es tan radical como parece. «Guadians of death» nos pilla muy desprevenidos, siendo de las cosas más «convencionales» que los británicos han realizado. Entiéndase convencional no como algo negativo, sino como la representación de lo que sería el death metal de la vieja escuela modernizado. Y lo mismo podría decir de «Rogyapa«, salvo por un pequeño detalle. En su último tercio la banda baja el ritmo por unos instantes, todo se ralentiza y tímidamente introducen el sitar de Yoni Ben-Haim. «Rogyapa«, por cierto, se refiere al rito funerario tibetano, leivmotiv de toda la obra. Lo que demuestra que, aunque pasen los años, la obsesión del caverncore por esta clase de rituales a lo largo del mundo sigue intacta. 

Aun así, la ausencia de espacio para crear atmósferas y haber reducido su cantidad de negritud nos recuerda a jóvenes promesas como GOLGOTHAN REMAINS, todavía apegados más de lo necesario al libro de estilo. Quizás por eso este Abyss, aunque a años luz de lo que puedan hacer otras agrupaciones, no me ha causado tanto impacto como su predecesor. Incluso «Under the megalith«, que por sí sola es una apisonadora y empieza a adquirir esos tintes realmente siniestros, no parece tan amenazante en comparación con el pasado. Como si le exigieses a un necrófilo que tuviese relaciones sexuales con una persona viva. 

Todo ello no impide que a partir de «Demon of the sand» se vea a los mejores GRAVE MIASMA. Engullido por el reverb, esta «Demon of the sand» es un muro de sonido donde la atmósfera es algo cercano a ser tragado por una tormenta de arena, mientras que «Exhumation rites» tiene esos pequeños cambios de ritmo, no tan evidentes en las tomas de contacto iniciales, pero que sin que nos demos cuenta impulsan los siete minutos del corte. Incluso se permiten el pequeño juego de adelantar el final del álbum en ese interludio acústico. Casi como un spoiler camuflado.

Quizás sea debido a mi afinidad con los sonidos más oscuros, pero sigo encontrándolos mucho más cómodos cuando están hundidos bajo su propia oscuridad. Y aunque entiendo el impulso de evolucionar y no hacer de Abyss una única canción de cincuenta minutos, las canciones más normales aún palidecen en comparación con el estilo que muestran en la última parte. Es como si les hubiésemos pillado a mitad de camino hacia su nueva identidad. Pero, me reitero, muchos matarían por hacer una obra de este calibre.

Comparte: