GOROD (FRA) – Æthra, 2018

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Trece años han pasado desde que GOROD debutase en la industria con Neurotripsicks, un primer disco de esos que te hacen pensar que estás escuchando algo que va a ser grande.

Los de Burdeos suman seis long plays y dos EPs en su carrera, que aunque pueda parecer poco para el tiempo que llevan, en una banda de estas características es bastante, ya que no estamos hablando de componer heavy metal baratero.

He de confesar que GOROD se convirtió hace unos años en una de mis bandas favoritas y poco puedo hacer más que deshacerme en elogios hacia estos músicos, no sólo por su calidad a la hora de ejecutar la música sino por esforzarse con cada nuevo lanzamiento en superar las expectativas del oyente y puede que incluso las suyas propias. En este caso, esta nueva entrega de su particular historia conceptual ha sido bautizada Æthra, editada por el sello francés Overpowered Records, quienes editaran también por ejemplo el Kelem de los magníficos ARKAN.

Pero bueno, presentaciones y divagaciones aparte, GOROD la han vuelto a partir. Æthra es sin duda alguna, para un servidor, su mejor disco hasta la fecha, por más que me gusten sus anteriores obras. Se nota más maduro, gracias a que hay muchísimo equilibrio entre lo bruto, lo técnico y las características flipadas que se meten mezclando groove, funk o jazz. Hay muchas bandas de death metal técnico progresivo, pero no hay ninguna como GOROD. Son perfectamente capaces de sumirte en un trance sonoro cercano al que produce en ocasiones la psilocibina, provocando destellos de color, inducidos también en parte por esa gloriosa portada, que se manifiestan en tu retina con los ojos cerrados si eres propenso a dejarte llevar por la música y la imaginación de manera deliberada.

La cantidad de riffs, melodías, ritmos y estructuras que plantean es tal que probablemente en un solo tema haya más variedad (y calidad) que en toda la discografía de muchas bandas. Bajo mi humilde percepción, puede que este sea EL DISCO de GOROD, presentando una magnífica amalgama entre sus diferentes etapas pero siendo el virtuosismo y la brutalidad los dos principales ingredientes.

Esto no quiere decir que hayan dejado de lado esos venazos jazzeros, pero puede que hayan reducido estos recursos en un pequeño porcentaje casi imperceptible, cosa que tampoco es que le haya sentado mal a su música. También me gusta muchísmo, cosa de la que hablaba mi compañero Antonio Andrades en su crítica al disco de BEYOND CREATION, me parece recordar, que repitan algunos segmentos en pro del disfrute del oyente, ya que en estos estilos se tiende muchas veces a emplear algunos riffs maravillosos y melodías de las que dan ganas de tatuarse su partitura en el pecho, tan solo como meros recursos, como si de simples puentes se tratase. Es cierto que muchas veces lo bueno, si es breve, dos veces bueno, pero hay otras veces que lo bueno, si es buenísimo, si es breve, te sabe a poco. En el caso de este opus, GOROD no le hace ascos a repetir grandes riffs, melodías pegadizas o recursos que otros hubieran dejado como simplemente eso: recursos.

Sigue defendiendo también con muy buenas maneras, como de costumbre, Julien Deyres las líneas vocales. Llegó en Trascendence, su EP de 2011 y ha ido mejorando con cada disco, aportando garra y velocidad a los guturales, sin que parezca que está balbuceando simples sílabas. Además, continúa explorando las voces limpias rasgadas, que tan buen resultado están dando, afianzando su polifacetismo.

No por mencionar al bueno de JulienNutz” quiero desmerecer el trabajo del resto, ya que es evidente que disco tras disco todos mejoran, como ya mencionaba al principio. Realmente no sé dónde estará el techo de estos franceses, pero sí que hay algo de lo que estoy seguro: si como persona tuviera que (y pudiera) parecerme a alguna banda, sin duda sería GOROD. Amo a GOROD, quiero casarme con GOROD, tener hijos con GOROD, y si GOROD no puede tener hijos, los adoptaremos.

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