GENFÆRD (DNK) – Blodhævn (2020)

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Un trabajo como Blodhævn (producido por Nebula Aeterna Productions y traducido del danés como “venganza de sangre”) es bueno escucharlo cuando se está alienado por la vida y la depresión otoñal pega fuerte. Esto es black canónico de segunda ola y las influencias de las que bebe formarían un festival de clásicos escandinavo. Robándole las palabras a Daniel, que se deje de lado la experimentación cuando quieras ser fiel a unos principios firmes, pues los GENFÆRD son perfeccionistas del gremio. Así que, si tú también eres kvltista, enchúfatelos. Ya con su homónimo debut del 2015 apuntaban maneras. Y con este álbum, J. (primera guitarra, voz), K. (batería, percusión), S. (bajo, voz) y T. (voz principal, segunda guitarra) apuntalan su sonido. Veamos cómo aportan su propio entendimiento del black metal a la familia de 21797 bandas clasificadas como tal en Encyclopaedia Metallum (más de un sexto del total).

Es darle al play y salir de este espantoso año para devolvernos a la época de la Primera Guerra Chechena. Los GORGOROTH de la etapa de Hat perspiran en la breve “Galgenat” con sus blast-beats sin contemplaciones alternados con “tu-pam tu-pams” punk. Pero en el resto de temas los ritmos a menudo alcanzan una tranquilizadora monotonía “kraut”. Esta, junto a incansables riffs, lleva al trance y ayuda tanto a escapar del hastío como a concentrarse en tareas arduas. Pero no hay que confundirse, las atmósferas que se forman no tienen nada de “atmosférico” en el sentido clásico. No se necesitan arpegios lentos con reverb, ni mucho menos teclados. Así, los continuos trémolos y espesos acordes de “Det sidste svigt” o “Splittelse”, por ejemplo, bastan para traer las nieblas funerarias del De Mysteriis Dom Sathanas, del In the Nightside Eclipse y hasta del Pure Holocaust de los inmortales de Abbath. La ominosa tralla se relaja un poco en la extensa “Varslet”, protagonizada por una melodía reminiscente del folklore noreuropeo, o en la más nostálgica “Foragtens flamer”, cuyas afiladas guitarras recuerdan a SATYRICON. Pero, lejos de tratarse de una ligera ventisca, esta se espesa con un consistente bajo. Para esto ha ayudado mucho una producción muy cuidada y limpia en la que se oye perfectamente a los cuatro músicos.

Pasando fácilmente de la venganza (“I swear hatred towards your lineage and being” en “Foragtens flamer”) a la misantropía (“Let humanity go towards the halls of the dead” de “Hedengang”), sin olvidarse de la rebelión contra la opresión de la fe en “Det grå rige”, las diversas expresiones de odio supuran en las letras. No faltan elementos ajenos a lo esperado como rituales oscuros, profecías sobre la “última guerra” y la muerte en sí. Sin embargo, aun teniendo en cuenta los límites de la traducción del danés, narrativamente no hay ningún tema que sobresalga. Las historias no enganchan, mientras que las constantes exhortaciones de odio están ya drenadas tras tantos años de subgénero. Aun así, la fonética local refuerza las sensaciones oscuras, como ocurre con muchas bandas escandinavas. La garganta de T. llega a extremos que culminan en quejumbrosas flemas o garganta seca. Y esto, junto a las pronunciaciones marcadas y los ocasionales “ough!”, hace las delicias de cualquier cultista del caos.

Desde hace un tiempo empezaron a aparecer por rincones del Internet retratos en rojo sangre de personajes queridos como Dead (ex-MORBID, ex-MAYHEM), Kvitrafn (más conocido como miembro de WARDRUNA y ex-GORGOROTH), Nödtveidt (ex-DISSECTION), Vlad Tepes y otros. Viene de las venas de Maxime Taccardi, quien, con su propia sangre, realiza ilustraciones, vende sus obras y ofrece sus servicios como retratista (¡se acerca la Natividad del Señor, así que preguntadle por aquí!). A los GENFÆRD les convenció el alma torturada en monocromática cólera para darnos la bienvenida.

Termino hilando con más Internet. El otro día, por un grupo de Facebook, una chica se quejaba de que no le encontraba el encanto al black y, por supuesto, una horda de machos cabríos se abalanzó con recomendaciones. Blodhævn NO es un álbum adecuado ni lo verás aparecer en este tipo de vídeos (este o este también). No se trata del black de moda relajante, atmosférico ni “bonito”, y tampoco es la banda sonora de un paseo por el bosque con ciervos. En cambio, quien abrace la crudeza noventera de los países vikingos tiene una hora de disfrute asegurado.

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