GAIA (IND) – Aerial, 2018

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Aerial es de esos discos que despistan. Como una pizza que recalientas en el microondas y el centro se queda frío mientras te quemas con los bordes. Algo así. Pero empecemos por el principio: el músico multi-instrumentista Patowary nos presenta su propio proyecto de metalcore progresivo desde India: GAIA. Un proyecto muy arriesgado y que me saca de primeras una sonrisa de aprobación. Meterse en algo así uno solo siempre es un reto, sí señor.

En una crítica de este disco creo que influye la situación general de este trabajo. Me refiero con esto a que las grandes bandas de metal en India han empezado a conocerse internacionalmente en los últimos años. Por tanto, cuando el metalcore en nuestra escena es algo especialmente manido, en zonas donde es novedad puede destacar más fácilmente. Sobre todo si quien escucha no sigue a bandas conocidas a nivel global a las que recuerdan secciones de este trabajo.

Lo primero que llama la atención del disco es la parte artística en la portada: un fénix de fuego que lleva entre sus garras un globo terráqueo con el que cruza una escena celestial entre nubes algodonadas en un día soleado. Las aves en general han sido siempre un elemento recurrente en muchas portadas, como el Curious volume de PENTAGRAM o el Sounds of a playground fading de IN FLAMES. Y, por supuesto, el fénix como elemento de superación y reinvención al que cantaban STRATOVARIUS en su Infinite, y que aparecía en portadas como la del Phoenix de SCREAMER.

En el bando musical, y volviendo al disco que me ocupa, comienza el proyecto con el tema homónimo al disco: «Aerial«. Una reiteración de ritmos que te introducen en un ambiente favorable para la meditación. Quizá es en este fragmento donde más atención pone el compositor en el lado progresivo de la banda, punto que no supera hasta un par de pistas después.

Con «Prisma» comenzamos a ver la verdadera cara de Aerial. Este tema en concreto es una semi-balada fácil para oídos poco acostumbrados al metal. Y no es un reproche, en absoluto. Llama la atención la predominancia de un estilo mucho más djent que se vuelve constante en los temas siguientes. Las voces han sido interpretadas por tres colaboradores (S. Hair, D. Chunn y S. Khurana) que no consigo identificar para cada canción. En dichas voces, y como muchas veces pasa con los melódicos en estos estilos, se intenta quedar bien siendo dulces y agradables a golpe de exceso de aire y canto nasal.

Pero la peor parte se la lleva una producción del disco estridente y poco coherente. Los instrumentos se tapan unos a otros como si se hubiera dedicado poco tiempo a la mezcla de la grabación. Este punto hace que se pierdan, por desgracia, muchos detalles brutales que habrían llamado la atención «a primera escucha».

En «New reality» y «Jehovah» aparecen las primeras voces guturales y rasgadas, mucho más trabajadas a nivel vocal que las anteriores, pero mucho menos procesadas en el producto final. Son canciones mucho más generalistas en el estilo; el caramelo que te prometieron y por fin te dan, break tras break. Donde mi corazón se acelera. Probablemente las más destacadas y apreciadas el público «especializado».

A lo largo de todo el disco se echa en falta tiempo de trabajo post-grabación, sabiendo lo complicado que es esto cuando se es un único músico. En «Atlantis» y «Daisy world» lo destacable son las voces guturales que, de nuevo, arrasan en sonido con la mitad de la mezcla en un intento de brutalidad mal entendida pero que se agradecen por su buena técnica. Aparecen medio camufladas guitarras mucho más trabajadas y originales, con ritmos rápidos y melodías que se pierden por momentos tras la batería. Por desgracia parece que quien se encarga de las voces limpias está muy incómodo en las notas más altas de ambas canciones.

«Reclamation» empieza siendo la calma en el centro de la tormenta, pasa por ser un trabajo de patchwork con aspiraciones progresivas y acaba en una regresión al metalcore en un último minuto mucho más calmado y estable. Con «Cipher» en la producción se baja el volumen (literalmente) del disco, quiero pensar que en un acto deliberado de llamar la atención del oyente de forma original. Vuelta a la meditación del principio y a las baladas.

Cierran el conjunto «Elements» y «Nebulous«, esta última probablemente la más original y llamativa respecto a la composición, pero mal posicionada dentro del disco. Se remata con un guiño (dudoso) a RAMONES y su repetitivo «Hey! Ho!» (let’s go, ¡digo yo!).

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