FU XI [伏羲] (CHN) – The quiet road [在寂静的路上], 2009

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FU XI (伏羲), hijo del dios del trueno, primer y más glorioso de los Tres Emperadores Augustos, que enseñó a los hombres el uso de las redes de pesca, el fuego, el guzheng y los trigramas, una importante figura de la mitología china cuyo legado recoge este quinteto procedente de Lanzhou, China, para introducirnos en el que sería su primer y único álbum, In the quiet road (在寂静的路上), en el que exploran las milenarias raíces de su historia y leyendas.

Para completar este viaje, de unos brevísimos 35 minutos, emplean una fórmula que fusiona la música moderna con instrumentos tradicionales, mezclándose con delicadeza y complementándose a la perfección, sin buscar el contraste entre ambos, sino haciendo que fluyan con armonía y mostrando un espíritu sosegado y nostálgico, adjetivos que destacan sobre el resto en el conjunto, ya es que no estamos ante un disco de metal al uso.

Fu xi (伏羲), una introducción muy ambiental de corte tribal, sirve de apertura al disco, en la que un coro que recuerda al canto difónico se impone sobre un tambor de fondo y un pausado punteo de guitarra, apagándose hasta dar paso a “In the quiet road (在寂静的路上), que comienza con el sonido de un guzheng, una especie de cítara, acompañando a una base de guitarra y batería sencilla, casi a modo de balada. Descubrimos que la voz de Wang Yi es profunda y serena, muy cargada de emoción, mostrando una vertiente elegante y cautivadora del idioma chino a la que quizá no estamos acostumbrados. Durante cinco minutos somos transportados a los parajes coloridos y serenos de la naturaleza virgen del país asiático, y sólo en la última parte de la canción aparece una pesada guitarra eléctrica, fusionándose con el guzheng para elevar la intensidad antes de un abrupto final.

Con “The dance (舞) el erhu toma el relevo de la cítara y Chai Xu-dong consigue explotar todo su potencial melódico, esta vez sí, acompañado de una base rítmica cercana al doom un tanto simple, quizá para no quitar protagonismo al violín chino que contagia incluso al vocalista, al que parece obligar a arrastrar las palabras y hacerlas fluir a su ritmo.

Eternal regret (遗) prescinde de lo tradicional para emplear una suerte de neofolk oriental hasta alcanzar el instante más intenso de todo el disco con un tímido aumento del uso de los pedales, siendo el único momento en el que aparecen voces guturales, que se escuchan más cerca de un black depresivo que de la etiqueta doom que les precede y que también encontramos en “South boundless (南无疆), que comparten una estructura similar diferenciada por un mayor protagonismo de la percusión en esta última.

Entre ambos temas, el característico sonido del guzheng se recupera en “Bloody new moon (赤灵月), alternándose con una guitarra con alma de blues rock en lo que es posiblemente el corte más hermoso de todo el trabajo. La melodía de esta canción es aprovechada en la “Outro (结束曲) ejectuada por un tipo de flauta llamada xu y una guitarra acústica al acompañamiento.

No cabe mucha objeción al hecho de que In the quiet road (在寂静的路上) no es un disco apto para alguien que quiera disfrutar de un disco de metal, puesto que este género aparece de manera unidimensional, simple y poco arriesgada, enteramente al servicio de la voz y los instrumentos tradicionales. No se trata de un ejercicio de virtuosismo, ni contiene ritmos machacones que nos inviten a sacudir la cabeza; no vamos a encontrar solos de guitarra ni dobles bombos pero, si aceptamos estos hechos no como un hándicap sino como una cualidad, lo cierto es que la propuesta funciona a la perfección como obra de fusión. Su intensidad no proviene de un sonido agresivo ni del nivel de decibelios, sino de la emotividad que nos transmite, y es que esta pequeña joya suspendida en el limbo musical del underground nos invita a escucharla en soledad, frente a algún paisaje libre de cemento, bajo el mismo cielo que quizá una vez contemplaron las mujeres y los hombres que relataban las enseñanzas del hijo del dios del trueno.

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