FOUR STROKE BARON (USA) – Planet silver screen, 2018

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¿Cuáles son los factores que hacen que la música de una banda funcione? No cabe duda de que la destreza a la hora de tocar un instrumento, cantar o componer tiene un gran peso, aunque también existen otros difícilmente cuantificables. Eso que llamamos “tener algo”, y que probablemente sea la combinación de multitud de ingredientes no relacionados, permite que en ocasiones encaje aquello que, a priori, no debería hacerlo.

En el caso de FOUR STROKE BARON se dan ambas premisas. Por un lado un trío de jóvenes músicos con un buen nivel técnico, ganas de desarrollar un sello sonoro propio y esa etérea clave de bóveda que transforma un conjunto de elementos separados en una construcción coherente y estéticamente aceptable.

Las elecciones que tomen los miembros de una formación, ya sea de manera deliberada o como fruto de una evolución natural a la hora de componer, son un tercer aspecto que puede marcar el futuro de un proyecto. En este sentido, con Planet silver screen  se observa un cambio notable respecto a su anterior trabajo King Radio. Resultaba mucho más bizarro y amorfo en cuanto a texturas musicales, por lo que no fue tan bien acogido, especialmente entre el público general. En esta ocasión, y sin dejar ese componente de osadía, han conseguido materializar sus ideas en un disco más consistente y accesible, en el buen sentido.

Sobre la base de un groove muy enérgico, en el que no será extraño encontrar confluencias con DEVIN TOWNSEND, despliegan sus notas hacia otros territorios. Temas como “Neon person” contienen toques progresivos en fragmentos que recuerdan a sus compatriotas MASTODON, en incluso algún retazo de guitarras que se mueven en la psicodelia de PINK FLOYD, que salen a relucir especialmente en “Duplex”.

Más allá del análisis de las características instrumentales que componen el álbum, el factor más llamativo y reconocible estriba en la voz de Kirk Witt. Tiene un timbre muy distintivo, claramente influenciado por la música new wave que nombres como TEARS FOR FEARS transformaron en referencia mundial durante los años ochenta y parte de los 90. En ciertos momentos evoca también al incombustible Robert Smith de THE CURE, en ese espacio de expresividad que consigue transmitir una cierta tristeza, lánguida y pausada, escondida en una sonoridad muy luminosa.

Una voz tan característica hace inevitable (y con toda probabilidad es buscado a propósito) que todo el conjunto gire alrededor de ella. La pertenencia positiva de ello es que el resultado final no deja indiferente, presentando unas credenciales inconfundibles. Como contraparte, la música debe amoldarse constantemente a la marcada identidad vocal, de manera que en ocasiones aparecen patrones forzados, desluce en cierta manera la calidad técnica de los músicos y engulle a sus instrumentos.

Planet silver screen viene a comentar un proyecto realmente interesante, que aún debe abandonar su crisálida para alcanzar su forma completa. Entretanto su evolución presenta no sólo un álbum con una fuerte personalidad, también ofrece el enigmático juego de aventurar qué apariencia tomarán sus creaciones futuras.

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