FOREST OF SHADOWS (SWE) – Among the dormant watchers, 2018

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Es difícil afrontar la escucha de un disco cuando hace tiempo que lo esperas. Quizás te has creado muchas expectativas y luego te decepciona. O igual lo ensalzas más de la cuenta por el deseo de escuchar nuevo material de la banda. O quizás simplemente piensas «¿y tanto tiempo para esto?».

Imaginaos lo que pasó por mi cabeza cuando al cabo de diez añazos FOREST OF SHADOWS volvían a editar nuevo material. No sé los motivos que han retrasado tanto la salida de su siguiente álbum. No hay información del grupo más allá del 2008. Pero supongo que el hecho de tratarse de una one man band, tener que hacer todo el trabajo él solo y los posibles problemas con discográficas y demás entresijos del mundillo, han forzado a la banda a posponer tanto su edición.

Diez años es mucho tiempo en términos de una banda y pueden suceder mil cosas durante ese intervalo. Las influencias que uno ha adquirido durante un lustro pueden afectar mucho al producto final, pero parece que para el señor Niclas Frohagen no pasa el tiempo y este nuevo opus no dista mucho de los que nos había ofrecido hasta la fecha (para bien o para mal).

FOREST OF SHADOWS sigue ofreciendo ese doom tan especial a medio camino entre el funeral y el doom melódico. Con ciertas influencias góticas y con muchas concesiones a pasajes tranquilos, alejados de la pesadez y plomez del doom más fúnebre, adentrándose más en terrenos de la melancolía e incluso partes más oníricas, apoyadas por unos teclados omnipresentes. La saturación de guitarra y bajo se ve sustituida por guitarras acústicas, voces limpias, un bajo más pausado y cadencioso y con una bajada de revoluciones generalizada.

Por mi parte, echo en falta esas otras partes más trip hoperas que metía en sus otras obras, sobre todo en Departure, que le daban un toque diferenciador y que ayudaban mucho a crear ambientes de soledad y nostalgia. Por supuesto las sigue habiendo, como en el inicio de “We, the shamles”, pero en menor medida.

Pero lo que más me disgusta de este Among the dormant watchers es el sonido de los teclados. No me importa que estén más presentes y tengan más protagonismo, pero en muchas ocasiones están demasiado altos y para mi gusto tienen un sonido muy brillante y agudo. Algo que tendría que ser un apoyo y un colchón para crear ambientes acaba adquiriendo demasiado protagonismo. Un claro ejemplo es el tema “Dogs of Chernobil“. Sumándolo a unas guitarras también algo brillantes y un bajo hiper fuzzeado, hace que en momentos puntuales el sonido en general me llegue a saturar.

Esto último es algo que ya me pasó en su anterior Six wave of woe pero en mucha menor medida. No puedo evitarlo pero soy mucho más fan del sonido de Departure, que quizás sí que es algo más plano y repetitivo, pero en cuanto a atmósfera y frialdad gana por goleada.

Quizás me puede mi amor por ese disco, no lo niego, y puede que esté siendo algo injusto con esta nueva obra, pero estas son mis impresiones. Con esto no quiero decir que el disco no merezca la pena, ni mucho menos. Es más, estoy muy contento de poder volver a escuchar algo de este buen hombre y disfrutar de sus pasajes lánguidos y deprimentes, sus guturales profundos y su maestría en mezclar las partes más desgarradoras con impasses calmados y melancólicos.

Mis reproches son más bien de producción y no estilísticos, ya que en concepto y ejecución sigue lo marcado por sus anteriores discos. Es solo que me gustaría que este opus fuese algo más frío y menos brillante.

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