EZKATON (UKR) – Sheen and misery, 2019

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Hay discos como minerales opacos y rugosos, que requieren concentración y constancia para encontrar su veta oculta. Otros en cambio atrapan desde el primer momento con un pulido cristalino, un color enigmático o un vivo fulgor. Sheen and misery, segundo álbum de la formación ucraniana EZKATON, pertenece a los últimos.

Derivado de la palabra griega ἔσχατον (éskhaton), el nombre de la banda hace referencia a un supuesto período posterior al apocalipsis. El mundo tras el fin del mundo. El título de su primer álbum entronca con este concepto, aunque no lo aborda desde un sentido bíblico. Nuestro propio holocausto estará compuesto por una serie de eventos mucho más terrenales. “La destrucción, el poder del fuego y la radiación, la sequía y la enfermedad, gradualmente abordarán nuestro mundo y nos matarán”.

En este marco tan poco halagüeño comienza un disco cuya introducción corre a cargo de un sampler del clásico del cine Los chicos del maíz. Rápidamente se advierte que discurrirá entre el black atmosférico y el depresivo. A pesar de no ser su vertiente más predominante, los pasajes más atmosféricos son esenciales, y otorgan un halo dramático y oscuro que envuelve la sensación general de estar ante una suerte de ida al fin del mundo. Este sentido trágico está coronado por la insondable voz principal, cuyos gritos son capaces de transmitir toda la angustia y agonía que cabe dentro del concepto de apocalipsis. Resulta memorable la capacidad para arrancarnos estímulos tan vívidos partiendo de un registro cuyo mensaje es indescifrable. Quizá sea ésta una de las claves de cuán bien funciona, ya que cada palabra se arrastra, estirándose y deformándose hasta ser solo un aullido que plañe más allá de la gramática.

Cuando la intensidad aumenta, la percusión estalla en fieros pulsos y las guitarras arañan sus notas más afiladas, la música alcanza una cierta grandeza, como la muerte sin gloria del héroe al final de una epopeya que emociona y aterra. Uno de los raíles que permite mantener un rumbo firme y coherente son las guitarras. Sus omnipresentes melodías no sólo guían la música para que llegue a término el concepto que desea representar, sino que construye la identidad del álbum encadenando recursos incesantemente.

La composición cuenta también con otros elementos más discretos, que no reclaman tanta visibilidad pero son muy importantes para culminar la sólida estructura. Etéreos teclados protagonizan las partes más atmosféricas, pero nunca sobresalen en demasía, con lo que ejercen el efecto perfecto para completar las sensaciones que nos propone la mezcla.

Sheen and misery es una obra inteligente e intensa. No busca arrancar emociones mediante la fuerza bruta, y en su producción esconde levemente la batería y los teclados para no resultar demasiado violento. En su lugar elige hacer uso de pinceladas musicales más sutiles con las que conformar un óleo sonoro en cuya totalidad reside el secreto del gran paisaje terminal, árido y brumoso, en el que EZKATON concibe el fin de los días.

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