ExCx (ESP) – World domination, 2018

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Tener prejuicios es algo muy feo, como eructar en público o tirar piedras a un autobús. Aunque es algo que todos en algún momento u otro inevitablemente hacemos (el autor del artículo se reserva el derecho a admitir si la última afirmación es cierta o un recurso literario), siempre se debe intentar reducirlos.

Precisamente los prejuicios son los que quizás no me hayan hecho acercarme en demasía al género que estos almerienses practican: crossover thrash. Al menos en la concepción clásica: thrash metal aún más veloz con una mayor influencia del hardcore punk. Es una afirmación genérica, muy discutible por mil argumentos distintos y que da para un debate largo.

Quizás por esa definición no me había llamado jamás la atención. Ya me gusta el thrash lo suficiente, para velocidad desmedida tengo el grind y siempre me ha parecido que tiene más “chicha” otro hijo bastardo como es el metalcore noventero. Ni tan siquiera MUNICIPAL WASTE, principales revitaizadores del género en las últimas décadas, me han ganado jamás. Y a riesgo de cargarme estos dos párrafos, no sé si EMBRYONIC CELLS se considerarán crossover, thrash, speed o lo que ellos quieran, pero escucha a escucha me han convencido.

¿Entonces qué coño hago escribiendo sobre ellos? Llamémoslo desafío, un pequeño salto de mis zonas de confort o ganas de escribir porque sí. No lo han tenido fácil, pues debo confesar que ese grito de “Cane is the motherfucking law, motherfuckers” con el que arranca “Cane is the law” llegó a darme vergüenza ajena. Pero progresivamente mi percepción empezó a cambiar con el grado de tecnicismo que llevan estos chicos. No para hacer quince escalas por canción, sino para tocar esa mezcla entre thrash y speed con precisión quirúrgica. Es más, se arriesgan con una producción cristalina a que podamos ver sus vergüenzas… cosa que no hay. No se basa en tocar rápido porque sí, antes va el desarrollo de la canción, y si da la casualidad de que dicho desarrollo es veloz, pues que así sea.

Como antes mencioné, mi disgusto inicial acabó enterrado a dos metros bajo tierra a lo largo de la escucha del resto de cortes. Me atrevería a decir incluso que el nivel va subiendo conforme pasan los minutos. Su speed/thrash (de hardcore he detectado poco) se va volviendo cada vez más y más atrevido: solos, blastbeats, diversos efectos en las guitarras… hasta llegar al punto culminante en “Mariachi” y “The chosen one“, donde ya se lanzan y meten pequeños guiños a películas como Pulp fiction o El padrino. Y no, no hablo de samplers…

Estas microversiones constatan que, aunque tienen un nivel muy alto con sus instrumentos, no se dedican a hacer virgüerías sin motivo ni a lucirse porque sí. Que con el frenesí de la velocidad hagan esas pequeñas versiones es debido a que la base rítmica del tema ha llegado a tal nivel que encaja realizarlas. Algo así como el asesino que decide exterminar a una familia entera, decide violar sus cadáveres y quemar la casa hasta los cimientos porque el cuerpo se lo pide en pleno festival de la violencia.

Lo único negativo es que corren el riesgo de que esta frescura se vaya perdiendo progresivamente a medida que pase el tiempo y los álbumes. Este es el típico disco que acaba recordándose como “debut salvaje” pero, a diferencia de otros ejemplos, es un caos consciente, no un “vamos a apretar botones a ver qué desastre desatamos” y que acaba recordándose con cariño, condescendecia y rematado con “pero ahora somos mucho mejores”. Ese punto caótico es lo que hace que sean un punto aparte con respecto al resto de bandas thrasher underground de este país. 

Que nunca pierdan el vandalismo sonoro.

 

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