ESOCTRILIHUM (FRA) – Dy’th Requiem for the serpent telepath, 2021

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Sin ánimo de sonar exagerado, lo que está haciendo desde 2017 el músico que responde al pseudónimo de Asthâgul es impresionante. Seis álbumes completos y un EP en apenas cinco años, desarrollando una mitología fantástica propia y tocando todos los instrumentos en cada disco, que distan mucho de ser tan sólo guitarra, bajo y voz. Si BALSAGOTH, CALADAN BROOD o SUMMONING, principales referentes musicales de este proyecto, no dejan de ser asociaciones creativas, el ejecutor de ESOCTRILIUM tan sólo delega el trabajo en cuestiones técnicas como producción y mezcla. Algo bastante ambicioso, quizás demasiado. 

En una especie de historia lovecraftiana, Asthâgul cuenta en los ochenta minutos del álbum la «muerte, transfiguración y renacimiento de la Serpiente Telépata«. Un argumento que promete ser tan difícil de digerir como la música. Porque no se trata sólo de situarse en el límite tecnológico de cualquier CD; hablamos de un black/death sinfónico denso y barroco hasta el extremo, con tantos detalles y cambios que son imposibles de captar en numerosas revisiones, siendo la escucha de principio a fin del tirón una tarea imposible, no sin perder la concentración. 

Además el músico francés no se vale de introducciones de ningún tipo para que captemos pronto de qué va a ir su odisea. «Ezkikur«, con un black metal melódico cuyas flautas y teclados son parte indivisible de su sonido, nos acerca más a la Tierra Media que a una pesadilla cósmica. La presentación es inmejorable porque, aunque intuyo que mezclar tan cantidad de capas debe de haber sido el infierno en la tierra, se consigue la dualidad perfecta en la producción. Es muy fácil dejarse llevar por los segmentos de la canción tal y como ideó su autor. Si este quiere que le prestemos más atención a los violines en un instante determinado, no nos costará trabajo, pero si ya estamos en terreno conocido, podremos fijar nuestros oídos a las guitarras, aunque no sean el foco principal en ese instante. Algo aplicable a la obra entera, no sólo a detalles puntuales. 

A partir de ahí las influencias y similitudes nos dejan ver distintas caras del mismo proyecto. Lo sinfónico es lo que más pesa, en especial en los primeros cortes, llegando a usar un órgano en «Tyurh«, rememorando a GEHENNA, los primeros que tuvieron el valor (o la inconsciencia) de introducirlo en el entonces cerril mundo del black. Pero esa elegancia se cae por completo para cuando pasamos el ecuador del disco, transformándose «Dy’th» en una canción de death metal que nada tiene que ver con sus predecesoras. Incluso el cambio de voz de Asthâgul es tan radical que podría hacerse pasar por otro vocalista. Salvando la excepción de «Craânag«, el siguiente corte completamente sinfónico, la segunda parte del álbum adquiere unos tintes mucho más duros. Volverán los teclados y pianos, pero tendrán que competir, por ejemplo, con un doble bombo muy pronunciado, llegando a su cénit en «Xuiotg» con una ausencia de límites de velocidad más propia de AGORAPHOBIC NOSEBLEED en su sección intermedia. 

No obstante, incluso con todas estas virtudes Dy’th Requiem for the serpent telepath tiene un importante defecto en su ADN que hace que lo considere un mal disco pero una magnífica colección de canciones. Ochenta minutos pesan demasiado, por mucho que entienda que en los álbumes conceptuales el autor, más que en ningún otro caso, vea justificado meter toda la música que crea necesaria para contar su historia, como quien escribe mil páginas de libro. 

Pero toda esta variedad que hemos comentado sólo es apreciable en pequeñas escuchas, dividiendo la obra en bastantes segmentos. De lo contrario es muy fácil que todas las ideas expuestas acaben resultando repetitivas. Porque, no nos engañemos, todos estos contrastes que señalo no dejan de ser relativos. He puesto los ejemplos más exagerados, pero sería una estupidez ignorar que «Tyurh» y «Baahl Duthr» son hermanas de sangre. Y no hacen falta muchos cortes seguidos para que todo se haga una bola sonora si no pausamos el reproductor de música. Porque el detallismo y el barroquismo se pagan. La única diferenciación real que encuentro es entre las seis primeras canciones y las seis segundas, por aquello del giro al death metal que hemos señalado. 

El propio Asthâgul divide esta obra en cuatro partes de tres canciones, pero a nivel puramente musical no veo cuatro, veo dos con suerte. Y seguramente a nivel lírico tenga completo sentido, pero no es lo que uno percibe tras numerosas escuchas. Incluso alguna que otra posición en el tracklist es discutible. 

A pesar de este defecto, todas las canciones valen la pena. Son un idóneo ejercicio de cómo aunar mil referencias y elementos en cuatro, cinco o siete minutos. Incluso puede que haya sido demasiado escueto a la hora de nombrar todo lo que nos puede ofrecer cada canción. Aunque sea obligatorio dosificarlo todo para disfrutarlo. 

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