ENTRE LUCES Y TUMBAS (ARG) – Entre luces y tumbas, 2020

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Pequeño proyecto de Marcos Campos, guitarrista argentino viejo conocido de este lugar por sus grupos BASTARDOS y RESPETO, pero con un enfoque completamente diferente: quince minutos de música experimental, mucho más ambiental y cercana al post-rock, donde se encarga de las labores de guitarra y bajo, dejando los teclados y la batería a Andrés Urbano y Adrián Grimaux, dos músicos de sesión. Aunque la música sea radicalmente diferente, sí que comparte una característica con las ya mencionadas bandas: Su sencillez y su amenización. Los quince minutos entran de manera muy sencilla, fluyen de manera fantástica e incluso, y repitiendo una frase tópica hasta la extenuación, deja con ganas de más. No por la duración en sí, pues quince minutos de según qué grupos pueden hacerse eternos. Es por ello que lo emparento más con el espectro del post rock que del post metal, porque no posee la pesadez de este último, y no lo necesita. 

Sin embargo, a pesar de que las canciones fluyan, lo hacen dentro de su propio mundo. Es decir, habría sido aún mejor si estas tuviesen continuidad de una a otra, que no se desvanecieran en un breve fundido a negro e, invocando otro tópico, todo figurase como un solo tema. Aun y a pesar de esta puntualización, cada uno de los cortes se basta a sí mismo: «Lumine prima» funciona como un círculo y como cierre total, el relativo inmovilismo de «Los ensueños de la conciencia» parece que tiene como objetivo vital llevar al trance y/o la relajación, el uso de los teclados en «A través del caos» añade una perspectiva casi mágica al tema. Es más, aunque entiendo que es difícil hacer que unos teclados destaquen ante sus primos de cuerda y percusión (por el simple hecho de que a poca potencia que metan estos «se los comen»), creo que aun así debería haberles dado más protagonismo. No hay más que escuchar cómo dan un toque «espacial» a «Luna astral» en cuanto el resto de instrumentos dan algo de respiro. Mejoran el resultado final, sin querer desmerecer el resto de labores.

Pero, al fin y al cabo, esto no deja de ser un proyecto muy humilde, cinco canciones de post rock con una estructura sencilla, sin una distorsión excesiva y, en cambio, mucho sonido limpio. Tampoco cuenta con una pesadez que nos deje lobotomizados o aburridos (el adjetivo queda al gusto de cada consumidor). Así que uno se queda más con lo que puede llegar a ser que con lo que se muestra. Porque lo que ya tenemos en el reproductor de música cumple, pero genera la sensación de que las canciones pueden dar más de sí; que los ingredientes son buenos, con la capacidad de crear platos aún más elaborados. 

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