ENDLESS (ESP) – Mad sick mind, 2018

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El peor enemigo posible de una persona es uno mismo. Los factores externos influyen mucho, pero en otras tantas ocasiones quien sabe pegar donde más duele, dar la zancadilla en el momento más traicionero, no es otra sino nuestra propia mente o conciencia, por motivos tan variados como la propia personalidad del individuo. Los grupos de música, al estar compuestos por esos extraños seres vivos llamados humanos, no son ajenos a ello.

Entrevisté a Enrique Prieto, líder y hasta hace relativamente poco único miembro de ENDLESS, en el lejano verano de 2013. Ya entonces noté la determinación de aquel músico que decide hacerlo todo por su cuenta y riesgo, algo que no es nada sencillo. Como en todos los proyectos de esta naturaleza, el creador tiene muy claro qué quiere conseguir y cómo y no permite injerencias externas. Algo que ha cambiado precisamente con este Mad sick mind al entrar a las voces Darkyrie, vocalista precisamente de DYSHARMONIC, de donde salió Enrique. Y viendo el nivel vocal de esta cantante, no es muy difícil saber por qué no ha resistido la tentación.

Sin embargo las one-man band corren un riesgo importante. Al sólo haber una cabeza pensante se corre el riesgo de que las ideas acaben siendo demasiado similares y repetitivas ya que no hay un feedback cercano que pueda aportar otra visión diferente. Es lo que precisamente ha sucedido en este caso.

Con el nivel técnico del propio Enrique, que sería capaz de tocar cualquier cosa y con cinco discos a sus espaldas, queda claro que habilidad no le falta. Pero su brutal death metal, si bien tiene destellos brillantes y buenos momentos, también acaba haciéndose muy repetitivo.

Si SUFFOCATION (una de las principales influencias de ENDLESS) son capaces de no aburrirnos durante los cuarenta minutos que suelen durar sus opus es por la variedad de recursos que le dan a sus canciones en un género tan encorsetado. No sólo los riffs, también las estructuras de las canciones, los ritmos de batería… pero ENDLESS sólo logra eso en determinados instantes.

El álbum comienza muy bien con una introducción donde juega con sitares, percusión y pianos, seguidos de un trallazo como “Destroy my life“. Pero “Suicide” acaba siendo tan similar que parece que la batería programada ha puesto la misma pista. Quizás el estribillo con “gasping for air” salve la canción un poco de la quema. Y el mismo problema sucede en “I convinced myself again“. Vuelve el déjà vu.

Si escuchamos con detenimiento comprobaremos que al menos en cuestión de riffs y estructuras no son tan gemelas como parece. El problema es que la batería programada la mayor parte del tiempo se come el resto de instrumentos, salvo a la voz de Darkyrie, que apenas muestra registros distintos (quizás porque prefiere calidad antes que cantidad).

Este problema endémico afecta hasta a los elementos orquestales que están en un tercer plano en la mezcla, como si tuvieran miedo a sobresalir en las canciones. Es una lástima, porque le habrían dado un factor diferenciador a la obra. 

ENDLESS brilla más cuando decide salirse del guión autoimpuesto. “I feel nothing“, cerca del final del disco, es con diferencia la mejor de la obra. Un tema lento que no pierde contundencia alguna, más minimalista y que no está recargado. Una canción que no necesita entrar a cuchillo, sino que lo hace de una manera mucho más suave, para introducirnos y sacarnos progresivamente de la acción. 

Otro ejemplo de buena salida de guión es “Part of God“. Una canción a base de violines, guitarras acústicas y suaves solos de guitarra. Un respiro, en otras palabras.

Sorprendentemente el álbum finaliza con tres canciones remasterizadas de sus anteriores obras. Aunque no entiendo la jugada (quizás estuvo descontento con la producción entonces), he de aplaudir la decisión, pues las tres entran dentro del campo de “salidas de guión”. Tres cortes ni tan saturados ni bestias, y con más variedad en los riffs y las estructuras (quizás porque no están tan cargados con la batería programada…) y prueba de que ENDLESS cuando quiere, puede. 

Quizás la necesidad de subir cada vez más la brutalidad haya sido la “zancadilla” autoimpuesta y que haga que este disco no haya podido ser mucho mejor. Juega con ciertos elementos ya mencionados que salen de la zona de confort del brutal death, pero sólo los muestra ligeramente, cuando creo firmemente que en el riesgo está el triunfo para próximas obras. Ojalá lo haga.

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