DRIFT OF GENES (UKR) – Frozen soil, 2018

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Una de las primeras colaboraciones que tuve la suerte de realizar en esta web fue el listado de los mejores discos del pasado año 2018, un ejercicio de memoria tirando a jodido para los que ya vamos teniendo una edad, para qué nos vamos a engañar… y máxime teniendo en cuenta la burrada de lanzamientos que, de un tiempo a esta parte, salen al mercado cada año. El caso es que uno de los discos que tenía claro que no podían faltar en mi listado no era otro que el que ahora nos ocupa: Frozen soil, cuarto larga duración del dúo de brutal death DRIFT OF GENES.

Suele decir un buen amigo que escribe «en la competencia» que, últimamente, las únicas bandas que sacan cosas que merecen la pena son las ucranianas… y coñas aparte, en esta ocasión estamos más que de acuerdo, porque lo que estos dos chavalotes oriundos de la ciudad de Donetsk han parido en este álbum es, aparte de uno de los discos más destacados para un servidor en el 2018, uno de los mejores discos de brutal death de los últimos tiempos.

La «culpa» de que vea la luz el trabajo es, una vez más, de Fernando Romero, patrón del sello cordobés Pathologically explicit recordings, al que me cuesta dios y ayuda seguir el ritmo de sus ingentes publicaciones, en las que es habitual encontrarse con joyitas como este Frozen soil y que vamos a tratar de diseccionar en estas líneas.

Lo primero de todo, y por las múltiples connotaciones y alguna que otra reticencia que pueda despertar en el «metalero generalista» un lanzamiento bajo la etiqueta de brutal death metal, vamos a jugar un poco al ¿Quién es quién? para tratar de acotar un poco el asunto y ubicarnos un poco más en lo que nos ofrecen DRIFT OF GENES en su propuesta sonora. No estamos ante un brutal death de corte técnico; tampoco es hiper rápido ni está orientado al slam o a sonidos «modernetes» (cores y derivados). La fórmula de esta peña es de raíces añejas pero con una producción actual: los temas tienen estructuras convencionales, con sus riffs introductorios, esfrofas, puentes, etc., y las guitarras tienen cierta dosis de melodía, por encima de lo habitual del género, que hace que los temas fluyan de una manera dinámica y que en ningún momento se haga pesado (algún guiño podemos encontrar a las partes más pegadizas de peña como DEICIDE, por ejemplo). La producción es acojonante, con unas guitarras y bajo muy gordos y presentes en la mezcla y una batería que suena jodidamente genial, con una ejecución variada y muy cuidadosa en cuanto a los detalles… además de un sonido que me ha encantado, con esa caja agudita y hueca que da una vidilla cojonuda a los blastbeats y unos timbales graves y reverberantes que suenan como el puto infierno.

Si escuchas sólo un fragmento musical, así de primeras puedes imaginarte que va a entrar la típica voz (con todos los respetos) genérica de muchas bandas actuales, que lo mismo te pega para ABORTED que para CATTLE DECAPITATION, pero la gran sorpresa es que el amigo Viacheslav Platonov tiene un registro gorgoteante e hipergrave que recuerda mogollón a putas bestias como Antti Boman de DEMILICH o Patrick Bruss de CRYPTICUS… ya sabéis, a medio camino entre la guturalidad y el eructo. Creo que es uno de los grandes aciertos de DRIFT OF GENES, que se alejan de los estándares, arriesgan y ofrecen una propuesta nueva y más que solvente. El citado Viacheslav, aparte de las voces, es el encargado de las guitarras y bajo, mientras que su compañero Dmitry Kim se centra en la batería. Ambos comparten filas en los también brutaleros HUMAN NIHILITY, que hace un par de años sacaran el más que recomendable álbum Biomass adaptation.

Como decía anteriormente, éste es ya el cuarto disco completo de la banda, además de unas cuantas demos intermedias. Sólo conocía su anterior trabajo, Perverted memories del 2014, y la evolución de uno a otro ha sido impresionante, puesto que lo que practicaban en aquel era un slam bastante de manual que la verdad es que en su día me dijo más bien poquito, tanto a nivel instrumental como vocal. En Frozen soil ya sólo viendo la increíble portada de Pedro Sena sabes que muy mal va a tener que darse la cosa para no encontrarte algo que merezca la pena, lo que se confirma en cuanto arranca el crescendo de cuerdas de la épica intro instrumental «The unnamable«, que deja el pabellón muy alto en cuanto a expectación se refiere. Pese a que el primer tema como tal, «Transplanting«, no es seguramente el más explosivo para empezar con el repertorio, empieza dejando un buen sabor de boca con algunos buenos riffs y partes vocales. Pero lo gordo de verdad empieza ya con el corte «Milk«, que combina estrofas rápidas y vacilonas, de esas que te piden levantarte del asiento, con otras más lentas y asfixiantes. De ahí en adelante el disco es un no parar de riffs de guitarra superadictivos en los que la base rítmica va haciendo pequeñas diabluras para dar un empaque cojonudo al conjunto: «Vernissage«, «Profitable bleeding«, «Forzed medication«… todo putos temazos, con la banda sonando supercompacta. No sé si esta peña funciona sólo como proyecto de estudio o también se prodiga en directo, pero con un bajista solvente que defendiera los temas en concierto podrían montar un show de puta madre en formato power trío, a lo DYING FETUS (a quienes me recuerdan en varios momentos, quizá por el rollo que tiene de cantar Viacheslav en las partes rápidas, que recuerda algo a John Gallagher).

Por ponerle alguna pega al trabajo, le metería un temilla o dos más al repertorio, pues la escasa media hora de metraje del disco se pasa volando y deja con gana de más. En cualquier caso, en estos tiempos en los que hay tal oferta musical, que en ocasiones no se sabe muy bien a qué prestar atención es una auténtica alegría encontrarte con discos que te inciten a volver a darle al play cuando se acaban. Y con esto, poco más que añadir a la parrafada: por mi parte, solamente recomiendo encarecidamente a los amantes del brutal death que le prestéis atención a este gran trabajo, como ya dije anteriormente, muy superior al anterior material de la banda, y, asimismo, animo a aquellos oyentes de otros géneros, pero con oídos ávidos de conocer más cosas, a que deis un salto de fe con DRIFT OF GENES. Muy probablemente no os defraudará… Además son ucranianos, ¿qué puede salir mal?

 

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