DRAGONFLY (ESP) – Zeitgeist, 2019

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He estado muy desconectado de la escena española del power metal en los últimos años. Y no creo que tenga que recordar que esta escena se caracteriza por la saturación de grupos de sonido similar y poco original. De hecho, podría contar con los dedos de la mano de un artificiero las bandas españolas de power metal que realmente haya disfrutado.

DRAGONFLY es una de ellas. Siempre me han parecido diferentes a sus coetáneos, mucho más cercanos al power metal nórdico -con influencias neoclásicas y sinfónicas- que al germano. Que su sonido se aproxime más a SONATA ARCTICA que a GAMMA RAY, que no tengan miedo a incorporar elementos de otros géneros para enriquecer su sonido, o el intenso y personal timbre de voz de Pablo Solano -que comparte responsabilidades en el apartado vocal con el bajista Juanba Nadal– son argumentos más que plausibles para demostrar que son un grupo especial.

Dos años después de lanzar Génesis y con un nuevo batería en sus filas, Jorge Alcázar, la banda asegura que esta incorporación les ha revitalizado, hasta el punto de admitir que este Zeitgeist tiene un sonido «más directo y potente» que sus discos anteriores.

Y doy fe de ello: no solo vemos a unos DRAGONFLY más potentes, sino también más oscuros e intensos, con guitarras con afinaciones bajas y teclados agudos, estridentes y con algún deje electrónico, como en la intro homónima o en «Estrella fugaz«, un tema que se asienta en una línea de bajo bailona pero que es una auténtica montaña rusa en la que dan rienda suelta a sus influencias más progresivas pasando de riffs a lo REFUSED en el desarrollo instrumental hasta un estribillo netamente powermetalero.

A los DRAGONFLY más clásicos los encontramos en los singles «El guardián del tiempo» -mucho ojo al estribillo y a las orquestaciones- y «Alter ego«, uno de estos clásicos temas powermetaleros que arrancan suave y con un piano y que acaban acelerándose con el paso de los minutos. Comparte estructura «La travesía«, aunque sea algo más breve. «Destino«, en cambio, es un tema que aunque dure seis minutos va a piñón en todo momento.

Cierran con «Un último adiós«, una íntima balada a lo EXTREME, desnuda de toda instrumentación y con únicamente guitarra acústica y voz, y una regrabación de su clásico «Solo depende de ti» en línea con este disco (más oscura y con unas orquestaciones y arreglos más marcados) y cuyas estrofas me recuerdan, y lo digo completamente en serio, a la canción melódica de los años 70 que practicaban algunos cantantes de su tierra.

Seis temas nuevos y una regrabación de un clásico que demuestran que DRAGONFLY continúan en plena forma y siguiendo su propio camino. Un disco más oscuro, maduro -si entendemos madurez como fuerza- e intenso que sus antecesores, pero manteniendo esa esencia neoclásica, sinfónica y progresiva que les caracteriza.

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