DOPETHRONE (CAN) – Transcanadian anger, 2018

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Es curioso la de bandas que se concentran en una temática hasta tal punto que lo incorporan en su música creando un sonido y hasta escuela. En el caso de trasmitir la psicodelia y el efecto de distintas drogas de múltiples efectos en el organismo de un ser vivo hay una auténtica barbaridad ¿Cuántas bandas, movimientos y géneros musicales habrá pululando y existiendo bajo esta premisa? Joder, yo diría que tantos como personas drogándose ahora mismo. En el caso del doom, stoner y sludge metal era inevitable que esto surgiera, ya que las posibilidades que tiene este estilo musical para recrear un mal viaje tienen un potencial que se ha explotado y explota muy bien a día de hoy.

El caso de DOPETHRONE podemos compararlo con bandas BONGZILLA, WEEDEATER, BONGRIPPER o BELZEBONG. Todas se empeñan en asfixiarte y atontarte de la misma manera que si estuvieras en una habitación cerrada a cal y canto haciendo un submarino. SI bien este estilo de grupos tiende a divagar dando la sensación de que improvisan, contribuyendo de esa manera a buscar un sopor muy característico, ellos se desmarcan un poco de eso. Se las arreglan para buscar eso mismo pero recurriendo a estructuras más simples y por lo tanto más cortas dentro de lo que se suele ver en estas propuestas. Es decir, te dan un chute directo en vena para que el efecto sea instantáneo,  y es por eso que considero este disco su trabajo más redondo hasta ahora.

Vale, es verdad que temas tan estupendos para poner de fondo mientras te metes unas rayas como «Snort dragger” o la decadente ultima dosis de un yonki que está en las últimas como “Miserabilist” cumplen a la perfección con lo expuesto, y es justamente lo que se espera, pero incluso ahí se puede ver que han trabajado en hacer cuerda la distorsión rompetímpanos, la lentitud exasperarte además de corrosiva y la mugre que se quedará en tu cuerpo hasta incluso cuando éste se empiece a descomponer una vez muerto. De todas maneras donde se lucen realmente es en los temas en los que se dejan llevar por la euforia y violencia de la metanfetamina más pura existente o el puntillo que da el alcohol más dañino para tu hígado como “Planeth meth”, “Killdozer” o “Tweak jabber”, que son el típico borracho que dice que controla mientras corre dando eses y cae al suelo de boca dejándose los dientes en el mejor de los casos. Todo un cóctel de drogas que es proporcionada de manera que el mal viaje sea lo más llevadero posible y te entren ganas de repetir hasta llegar a la sobredosis.

DOPETHRONE son el mejor camello que uno puede tener. Siempre están ahí atendiendo a tus necesidades con buena mierda. ¡Y además esa mierda es barata! Créeme, ni el mismísimo Walter White o Jessie Pinkman de Breaking Bad os podrían diseñar una droga mejor que la que aquí se está ofreciendo, y si la conoces, pásame el número de tu camello ahora mismo, que yo también quiero.

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