Debate sobre la piratería

Enlaces:

Una cuestión ética y sociocultural – Por Rubén Calvo

pirateria02

Hace unos meses nos llegaba la noticia, a través de la web Industria Musical, de que la venta de discos y DVD’s musicales en nuestro país había caído durante la primera mitad de 2013 a sus niveles más bajos desde que existen estadísticas, según datos de Promusicae. Los españoles invirtieron durante esos seis primeros meses 55,9 millones de euros en música, ya fuera en soporte físico o digital, una cifra que representa un descenso del 12,4% en comparación con el mismo período de 2012.  2013 se confirmaba así como otro año negativo en el negocio musical español,  siendo la música en soporte físico la principal afectada de esta caída, la cual se ha desplomado en los últimos tiempos (al menos las compras digitales aumentaron un 5,3%). Un dato revelador es que en 2001 las cifras de ventas eran seis veces mayores.

En Francia las cosas no están mucho mejor. El organismo de la industria discográfica gala SNEP indica que el primer trimestre de 2013 las ventas en formato físico han retrocedido un 7,3% anual, y también las digitales un 5,2%, un total del 6,7%.

Sin embargo, en el otro lado de la balanza tenemos a Reino Unido, donde –según un informe de Ofcom– la piratería se redujo un tercio en el último año, y Noruega, donde la piratería ha caído un 82,5% en los últimos cuatro años, según un informe de Ipsos Mori. Allí el streaming supone el 66% de todos los ingresos totales y solo el mercado digital supone el 80% de todos los ingresos totales. ¿Cambio en el comportamiento del oyente? ¿Cuestión sociológica muy ligada a la cultura de cada país? Intentemos quizás no extraer demasiadas conclusiones, pero sí al menos intentémoslo y, al menos, intentemos plantear más preguntas acerca de este fenómeno.

Personalmente me han llovido muchos palos al apoyar sistemáticamente la defensa de los contenidos protegidos y el consumo de la música en soporte físico. Sí, soy de esos melómanos que aún compran discos y que no se descargan música en soporte digital, siempre y cuando el autor no sea quien lo permite. Solo he descargado, en ocasiones, discos descatalogados, que ya no son posibles de conseguir, y ni aún eso en algunos casos (uno sigue soñando con conseguir tal o cual disco en algún metalmarket y escuchar sus primeras notas a través de los surcos de su vinilo). Algo así como hacen las librerías: si un libro está en el mercado no hacen fotocopias; si éste está descatalogado sí están autorizados a ello. Y, aunque los palos estén ahí, y uno sienta que nada contracorriente en los tiempos que corren, uno trata de ser coherente con su forma de pensar. Aunque a veces se sienta en una continua peregrinación a un cementerio de elefantes: internet está obligando a muchos carcas como yo estar cada vez más aislado y recluido en una necrópolis donde nos juntamos viejos rarunos.

pirateria03El caso es que abordar hoy en día el fenómeno de la piratería plantea muchas preguntas y pocas respuestas. El primer paso es definir en qué consiste la piratería, si es preciso denominarla tal cual u optar por términos más amables como descargas ilegales, acceso libre o intercambio de archivos. Desde los entes más próximos a la defensa de este fenómeno, “piratería” consiste en conseguir un producto musical de un tercero para lograr un beneficio personal. Es decir, duplicarlo para vender las copias, por ejemplo. Cuando hablamos de piratería obviamos lo segundo, por lo que sin eso se tendría que definir como descargas ilegales o intercambio de archivos.

No obstante, me encuentro más cerca de lo que las industrias creativas consideran a la hora de definir la piratería, es decir, el fenómeno de acceder a contenidos protegidos por el copyright descargándolos de internet. Por tanto, enfocaré el artículo en este sentido y, aunque presupongo que no gustará a casi nadie, al menos intentaré ser coherente con mis ideas.

En mi opinión la piratería se trata de un fenómeno sociocultural. Ahí están los datos de varios países de la cultura mediterránea frente a otros del norte de Europa, donde – en mi opinión- deberíamos fijarnos más en muchos sentidos. Mientras en los países del sur del continente las ventas se desploman y la piratería aumenta, en las naciones del norte las cosas son distintas. Solo hay que fijarse en el concepto del arte y de la música que se tiene en España frente al mismo que hay en los países escandinavos. En España la única educación musical que enseñan en los colegios es aprender a tocar la flauta; en Suecia o Noruega los niños están familiarizados desde bien pequeños a tocar varios instrumentos y a amar la música. En relación al fenómeno educativo y cultural, NECROBERUS – por citar solo un ejemplo- ha vendido infinitamente más discos en México, durante su gira por el país centroamericano, que en España.

Según el Barómetro CIS de marzo de 2007, solo un 9,6% del público encuestado pensaba que la solución a la piratería pasaba por campañas de concienciación, un tanto por ciento muy bajo cuando, en mi opinión, estamos ante un fenómeno principalmente sociocultural. La educación es parte importante para entender por qué en España las ventas de música están de capa caída y por qué la piratería está cada vez más a la orden del día. No existe amor a la música y, lo que es igual de preocupante e indignante: no hay respeto por el creador de la obra.

En este sentido, en 2012 el grupo toledano HUMO SAPIENS realizó un trabajo educativo con los niños de un colegio público de su barrio, precisamente para concienciarles de la importancia de la lucha contra la piratería y las descargas ilegales. En ese trabajo ellos mismos tuvieron que realizar todo el proceso de creación de su propio disco, y así comprendieron la importancia que tiene el proceso creativo. Hay que educar.

“Creo que en nuestra conciencia está el fenómeno de que lo que no es tangible no tiene valor económico y accedemos a las obras digitales sin importarnos la cadena de trabajo que un artista ha pasado para conseguir hacer una obra. Internet está cambiando las cosas tan deprisa que nadie ha podido prever este tipo de situaciones”. Son palabras de Johnny Blood, líder de JOHNNY BLOOD y HOLGUERO BRAIN, que vienen a reforzar lo indicado justo antes. “El problema está en que la mayoría de la gente desconoce el verdadero trabajo de chinos en lo costoso, también en términos económicos, que puede llegar a ser elaborar una obra audiovisual”.

Eso por no hablar de las personas que han dedicado a estudiar música toda su vida, desde pequeños en el conservatorio, las horas de ensayo, compra y mantenimiento de sus instrumentos, costes de estudios de grabación o material para grabarlo ellos mismos… y así un larguísimo etcétera. ¿Por qué si un autor decide proteger su obra tiene que venir alguien a violar esta decisión y descargar su disco? ¿Por qué un fontanero o abogado pueden cobrar por su trabajo y un músico no? Este último punto daría para hablar largo y tendido, y tendríamos que hablar de cuestiones ajenas a las que nos ocupan, como salas de conciertos y más aspectos, pero igualmente desembocaría en lo mismo: no hay respeto hacia el músico. Una vez más, cuestión de educación.

Desde luego esta concienciación es fundamental para cambiar las cosas, pero no es el único factor para combatir la piratería. Es indudable que los discos (algunos, muchos…) son caros. Volviendo al estudio del Barómetro CIS de marzo de 2007, el 42,2% del público encuestado pensaba que la solución para combatir la piratería era el abaratamiento de los discos. Para mí, menos importante que la educación, sí que igualmente debería tener su protagonismo a la hora de luchar contra este fenómeno. Es abusivo encontrar cd’s de hace 20 o 30 años por más de 25 euros en las grandes superficies, cuando además no ofrecen nada interesante aparte de lo estrictamente musical: libreto de dos caras y sin bonus tracks añadidos a la grabación original. Dave Rotten, dueño del sello Xtreem Music ya lo veía venir cuando en 2001 cambió de Repulse a Xtreem. Tomó la determinación de bajar los precios de los cd’s que valían 12 euros a 9. “Con esto –nos dice Rotten– sabía que crearía tendencia entre los demás mailorder, como así ha sido, y me alegro por ello, porque en cierto modo he ayudado a contener el precio en lo que a metal extremo underground se refiere; ahora bien, entiendo que las multinacionales no estén por la labor, ya que ellos funcionan de manera que hay que rentabilizar y sacar beneficios sea como sea”. De todos modos no nos engañemos: poca gente prefiere gastar 10 euros en un disco antes que consumir sus dos cubatas de mierda en la discoteca de turno. Y así nos va.

pirateria04Pero no solo basta con ofrecer un producto más barato, sino a la vez proporcionar un trabajo con contenido adicional al que no pueda llegar la piratería. Pienso en editar discos en vinilo, incluso en casette en el caso de demos, splits, 7”, regalar un dvd con el disco en el que se cuente el proceso de grabación del mismo, claves para acceder a la web oficial del artista y escuchar bonus ocultos, las recompensas varias del fenómeno del crowdfunding… etc. En este último sentido grupos como ANIMA ADVERSA, MUTANT SQUAD, HYDE XXI, HUMO SAPIENS o EXODIA, por citar solo unos ejemplos, se han unido al largo etc de bandas que han optado por financiar sus últimos trabajos a través del pequeño mecenazgo, el cual posibilita al oyente participante conseguir pequeñas recompensas adicionales al cd, aparte de hacerle partícipe del proceso de grabación del disco. Un fenómeno impensable cuando EXTREMODURO abrió la veda en España hace muchos, muchos años, y que me parece realmente interesante a la hora de conseguir material adicional y advertir lo costoso del proceso de grabación y edición de una obra audiovisual.

No nos engañemos, no obstante. El hecho de que uno abogue por la protección de los contenidos protegidos no significa que acepte el sistema tal y como es, o ha sido, hasta ahora. El sistema no funciona. Según un informe de 2009 de Nielsen Report solo el 2% de los albums editados en USA vendieron más de 5000 unidades. Una investigación difundida en techdirt.com indica que de cada 1000 dólares el músico se queda con 23, La mayor parte de las ganancias van al sello discográfico y a la distribución. Aparte, la mayor parte de la ganancia del artista no necesariamente es una ganancia, sino que sirve para cubrir costes como la grabación del disco, deudas, promoción…, conceptos que el sello discográfico descarga sobre los músicos. ¿Realmente beneficia al músico este sistema? Cada vez más existe el músico que se encarga de grabar, editar y promocionar su material, eliminando los abusivos intermediarios que hacen elevar el precio del producto. No obstante, siendo realistas, sin el empuje de una empresa que te intente lanzar, el artista (que es eso, un artista y no un experto en marketing ni una agencia de publicidad) tiene poco que hacer. Debate sobre el cual hablamos una vez más Sergio (NECROBERUS), Johnny Blood (JOHNNY BLOOD, HOLGUERO BRAIN) y yo. Rotten lo dice, como siempre, bien claro: “Un sello discográfico es necesario, esto es algo que muchos no saben. Creen que fabricándose tropecientos cd’s ellos mismos van a poder promocionarlo y distribuirlo sin medio alguno para ello. Ni poseen los contactos ni la infraestructura para ello. Por norma general, grupo que se fabrica 500 cd’s se los acaba comiendo con patatas”.

Además, es la pescadilla que se muerde la cola. El sistema se retroalimenta. Si no hay ventas el sello no apuesta más por el grupo. ¿Injusto? Sí, cuando el músico se queda con un mínimo porcentaje de las ganancias. Pero ¿sería justo sustituir la actual industria musical por otra industria cuyos beneficios además no repercuten en los músicos? Personalmente me parece indignante que en 2013 los portales de piratería ganaran 227 millones de dólares en publicidad. El estudio presentado por Digital Citizens Alliance indicaba que, además, de esta cifra los 30 sitios más grandes generaron un promedio de 4,4 millones de dólares al año, más de la mitad de los ingresos que las que generan las 566 restantes examinadas. El estudio afirma que los márgenes de beneficio de estos sitios de piratería van desde el 80% al 94%, gracias a no tener que pagar los costes de las licencias. ¿Es justo sustituir un sistema por otro?

Desde luego el sistema tiene que evolucionar, pero en mi opinión no ser sustituido por otro en el que los músicos no ven un duro. La existencia de la SGAE no me parece mala, el fin no es negativo, fallan los medios que utilizan, abusivos en muchos casos. Falla su funcionamiento cuando el carácter redistributivo de los ingresos brilla por su ausencia. Estando entre las cinco entidades de gestión más “baratas” del mundo, según el libro El Negocio de la Música vol. 1 de Paula Susaeta y Paco Trinidad (Fundación Autor, 2005), extraña que todos tengamos una visión tan negativa de la misma. La SGAE no es mala por sí misma, es negativa su gestión. Chema Sales, vocalista de EL GRAN BONOBO, que acaba de editar su primer disco en solitario, así se expresa en una de mis varias conversaciones con él: “Todo compositor, si sabe administrar sus derechos de autor, puede beneficiarse en mayor o menor medida, pero siempre de un modo muy desigual e injusto si se compara con los beneficios que van a parar a gente famosa”.

Por eso, una mayor concienciación sobre el fenómeno de la piratería, un abaratamiento de los discos, ofrecer contenidos adicionales apetecibles para el comprador y un mayor y mejor carácter redistributivo de los ingresos implicarían al menos un cierto analgésico contra la piratería, fenómeno que con internet es tan difícil de combatir. Si finalmente nos gana la partida a todos esos carcas residentes en el camposanto de paquidermos, al menos sería positivo estudiar introducir un impuesto a las descargas de contenidos, ya sea a las webs, a las operadoras de internet o al mismo usuario, que fuera a parar íntegramente al músico. Otra cosa es si sería implementable y factible.

Nos encontramos en un terreno bastante polémico, como lo es también el papel que juega el Gobierno. Pero, en lugar de proteger una industria que genera el 3,21% del PIB y emplea a más de 500 mil personas, opta por subir el IVA al 21%, en contraposición al de países como Francia o Alemania (7%). No se incentiva el consumo de música y ocurre lo que ocurre: tenemos lo que nos merecemos.

Muchas preguntas, pocas respuestas (y las pocas demasiado teóricas), son las que sugiere todo este fenómeno. Un fenómeno difícil de combatir con la llegada de internet, y con el que muchos se sienten muy a gusto. En el país de la picaresca y del “todo vale” es completamente normal y comprensible. Todo debería cambiar. Desde los colegios, ahí está la mayor de las claves.

firmatopo

 

***

¿Quiénes son los auténticos piratas?Por Marta Fernández.

pirateria00

La cuestión de la libre descarga provoca un controvertido debate allá donde llega, con diversos puntos de vista, y la mayoría, no exentos de razón. Vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre esta cuestión exponiendo una visión global de lo que es el negocio de la música, con todas las partes implicadas, en lo que constituye una parte fundamental para poder establecer una opinión crítica y lo más cercana posible a la realidad.

Por un lado, nos encontramos la perspectiva de la parte creadora, quien supone la base de todo este entramado y quien pierde dinero con cada paso que intenta dar dentro de este complicado mundo. Tiempo invertido en formación, gasto económico en instrumentos y local de ensayo, kilómetros, gasolina y conciertos no remunerados; un duro trabajo en estudio con el dinero y esfuerzo que conlleva, todo para poder llegar a ver el fruto de su esfuerzo hecho realidad. Horas de creación compactadas en un soporte sonoro, para que una persona anónima con un solo click, pueda descargárselo para, tal vez disfrutarlo, tal vez eliminarlo o tal vez, abandonarlo en un disco duro para alardear de una melomanía directamente proporcional a los gigas de archivo que almacena.

Otra perspectiva es la de la persona que escucha música y disfruta de ella. Internet ha supuesto un acceso prácticamente ilimitado y gratuito a la obra de cualquier artista. Un mundo al que antes se tenía un acceso minúsculo, y ante el que, en pocos años, se ha abierto un universo inabarcable. Prácticamente toda la música de la historia está al alcance de nuestra mano. La adquisición de un disco, hace años, suponía un peregrinaje a las tiendas de discos, un pago desproporcionado por un álbum, muchos discos mediocres comprados por una canción en concreto, o directamente, por una portada llamativa. El desconocimiento de multitud de estilos musicales, porque su escucha estaba limitada a la radio o a los conciertos.  Hoy en día, gracias a la red, se tiene un acceso directo hacia cualquier estilo de música, desde prácticamente cualquier parte del mundo. Toda una globalización sonora con Internet como escenario.

Dos puntos de vista perfectamente comprensibles y no tan incompatibles como pueda parecer a priori. El objeto de este artículo es tratar de visibilizar que no solo se debe juzgar a estas dos partes en el proceso de creación y consumo de música porque a pesar de ser dos puntos fundamentales, no son los órganos decisores. Es necesario mover el foco de atención del gastado debate sobre si es ética o no la descarga por internet, para desviarlo hacia los auténticos responsables de esta realidad.

Dentro del neoliberalismo en el que vivimos, la gran empresa privada va de la mano con el poder, se solapan de tal forma que resulta difícil definir dónde acaba una y en qué lugar empieza el otro.  La industria discográfica forma parte activa de esta red de potentes empresas. Desde sus inicios, el mercado musical se ha encontrado monopolizado por las llamadas majors, que constituyen las cuatro compañías que han tenido – y tienen- el mercado discográfico en sus manos. No en vano, en el año 2004 compartían el 71’4 % de la música creada internacionalmente.

Estas compañías tienen establecido su lucrativo negocio en torno a tres grandes áreas: producción, comercialización y distribución. Estas tres divisiones engloban la creación del producto sonoro, la comercialización del mismo, y su puesta en el mercado. El punto clave se encuentra dentro de la comercialización, que ha promovido contratos abusivos para el artista. Normalmente esta contratación impone a la discográfica como dueña del master – o de un alto porcentaje –  debido a que financia el proceso de grabación, quedando el/la artista sin derechos sobre él, pero a cambio, recibe un avance sobre futuros beneficios que produzca el álbum (regalías), eso sí, una vez cubierta la financiación del mismo. Es decir, las discográficas se han comportado durante toda su historia como auténticos proxenetas de la música. Además, no se puede obviar que el oligopolio empresarial da lugar, inevitablemente, a una homogeneidad en el mercado, razón por la que nos encontramos con productos musicales tan similares entre sí.

pirateria01En los últimos años, la aparición de Internet, y lo que ha supuesto para poder acceder al gran público, ha hecho posible la aparición de los sellos independientes, que se han centrado en un estilo musical underground o alternativo. Aun así, estos sellos constituyen menos de un 30% del total del mercado, si bien es cierto que a ellos debemos agradecerles la posibilidad de haber logrado hacer más heterogéneo el tejido sonoro. No hay que olvidar que las majors suelen ser también accionistas  de otras empresas, tales como medios de comunicación. Y como es lógico, la música mainstream, que se consume mayoritariamente, es la que se escucha en los medios de comunicación, con lo que se convertirá en número uno en ventas y descargas. Es decir, las majors deciden qué se escucha y qué no. Radios, televisiones y medios generalistas nos imponen un mismo estilo de música definido por las majors como si fuese el único existente. Música de usar y tirar, como acompañamiento a nuestro vertiginoso ritmo de vida y consumo.

También es habitual que el imaginario colectivo tienda a señalar la descarga de música como causa principal de la disminución de la venta de discos. Se nos olvida que la copia de música ha existido siempre, aunque es cierto que no de una manera tan accesible como en la actualidad. Pero la razón es más sencilla, no se compran tantos discos porque accedemos a la música a través de otros medios: descargas legales o ilegales y música en streaming. El disco compacto es un soporte en desuso, como sucedió en otros ciclos vitales lógicos, unos soportes desbancaron a otros, como pasó con el disco de vinilo y la cinta de cassette. Unas necesidades creadas por la misma industria – que no necesariamente han supuesto una mejora de calidad – fueron sustituyendo a otras.

Simplificando, la razón fundamental de que no se compren discos compactos, es que no se escuchan discos compactos. La música digital se ha antepuesto al soporte físico y cada vez es menos habitual la escucha de música a través de un CD. Por estas y otras razones, la venta de discos ha sufrido una caída espectacular, concretamente, en el año 2000 suponía un 60% de los ingresos de las discográficas, mientras que en el año 2013 cayó hasta situarse en un 36%. Pero la disminución de los ingresos de las majors, dentro de este mismo periodo de tiempo, fue solamente de un 3%, lo que no supone, ni de lejos, una crisis del sector.

Las discográficas están explorando otras vías potencialmente más lucrativas. Hace pocos años, dos terceras partes de los ingresos de los músicos e intérpretes provenían de la venta de música grabada, y el tercio restante, de conciertos, merchandising y esponsorizaciones. Ahora, la proporción es justo la inversa.  Eso indica cuáles son las fuentes de ingresos atractivas, y las discográficas cada vez quieren un trozo mayor de ese pastel. Es más, diversos estudios aventuran la llegada de unos nuevos años dorados de la industria discográfica, después de esta época de cambios, si son capaces de definir una estrategia adecuada. No en vano, las majors poseen un porcentaje de la empresa Spotify, lo que pone de manifiesto que este es uno de los puntos fundamentales en expansión. Esto, de nuevo, coloca en situación de desigualdad a los creadores que no están inmiscuidos en los grandes sellos. Para que la música independiente pueda aparecer en un soporte streaming como el anteriormente citado, es necesaria la mediación de un agregador, figura que administra los ingresos por derechos de autor, con los que paga a la SGAE, y esta, finalmente, es la encargada de pagar al músico. 

Es, cuanto menos, ingenuo, culpar a quienes descargan música de la previsible extinción del soporte del CD. La tecnología avanza, y los mercados que imponen esa tecnología que nos invade por todos los flancos, son los responsables directos de que continúe evolucionando, el problema es que su objetivo está dirigido a lograr el máximo beneficio económico a cualquier precio, según la lógica capitalista.

Aun así, se continúa culpando a quien, después una jornada de trabajo por la que percibe un sueldo que no llega a los mil euros, se descarga un disco. Pero no se señala con la misma saña a un gobierno que elimina la formación musical dentro de la educación obligatoria y que sube el IVA de los instrumentos musicales y de los conciertos de un 8% a un 21%, lo que ha supuesto, durante el año 2013, una caída del 28,6% de la venta de entradas de espectáculos en directo (lo que continúa afectando de manera directa a la escena underground). A los sistemas no les importa la música como arte, como instrumento de expresión, como fuente de creatividad y mucho menos como potencial herramienta de rebelión, el problema de base es que la música está directamente supeditada al beneficio económico que genere. Las grandes empresas lo toman como un simple negocio, despreciando a artistas y creadores/as, que son los artífices de todo este entramado y quiénes deberían obtener el mayor beneficio de su labor. Y es que el arte, patrimonio de la humanidad, no se puede dejar al cien por cien en manos de la empresa privada, porque es quien lo deslegitima y mercantiliza. Debería existir una regulación pública centrada en facilitar el acceso a la cultura por parte de la ciudadanía, ofreciendo una formación asequible y de calidad, valorando y respetando a los creadores/as y permitiéndoles desarrollar sus potenciales de una forma digna y remunerada.

La crisis la vivirán los músicos, sellos independientes y consumidores, pero no la industria mayoritaria. Esta guerra tiene dos bandos, la omnipresente y a veces invisible lucha de clases. Criminalizar al usuario que descarga música, sirve para desplegar una cortina de humo y camuflar a los auténticos ladrones, los intermediarios y los siervos del poder.

No nos vamos a dejar engañar tan fácilmente: los piratas sois vosotros.

 firmamarta

Comparte:

8 thoughts on “Debate sobre la piratería

  1. El problema principal para mí es el precio. Yo a veces no tengo ni para ir a tomar un par de cafés en la plaza porque todo y absolutamente todo -CD’s incluidos- están subiendo los precios a un ritmo alarmante. Y no por ello voy a perder todo el derecho de escuchar la música que a mi me guste. Y cuando voy al Cash Converters o al Second Company y tienen CD’s de segunda mano y originales a 2 y 3 euros, alguno cae siempre. Pero 18, 20 o 25€ por un trozo de plástico que se me puede estropear por cualquier tontería, ni borracho.
    Los servicios como Spotify son el futuro, pero se debería desmontar la mafia actual a la hora de entrar a formar parte de todos estos servicios.
    Pues yo más de un día he descargado un CD ilegalmente, o alguna discografía completa. Pero es por su precio. Porque si yo quisiera esa discografía completa legalmente, me costaría a lo mejor 150€. Y no es culpa del artista, es culpa del intermediario y el monopolio que tienen montado.
    Desde mi punto de vista es mejor grabarte 500 CD’s tu solito en el garaje de casa, y hacer conciertos gratuitos durante cierto tiempo para que la gente te conozca, que venderse a estas compañías de timadores para que te den un 2% de lo que ellos han ganado contigo.

    PD: Estuve en Noruega y el precio de la música, al menos lo que yo pude ver, era más que competitivo. Al punto de que por 38kn (unos 4 euros y algo) tenías un álbum que había salido hacia tres semanas. Entonces no me extraña que ahí descienda.

  2. Hola Tobby, estoy de acuerdo contigo en casi todo, hasta la última parte dónde dices que en Noruega hay cds originales por 38nok, ¿Pues decirme dónde has visto cds a ese precio?

  3. Lo que pasa en este pais es siempre lo mismo, se llora y se llora pero no se hace por poner una solución. La gente no va al cine porque no apuesta por la cultura, es lo que dien los dueños de las salas. Habeís probado a bajar los precios antes de cerrar el quiosco?? No, aquí hay que ganar a base de bien, sino no se hace.
    Con la música ocurre lo mismo, tenemos los precios mas caros del mundo y no tiene pinta de que los vayan a bajar. Hace años estuvimos tocando en un festival en USA y alli habia puestos de tiendas vendiendo discos por todos lados. Pues hace cosa de 10 años de aquello, los disco costaban alli una media de 10-11& y por aquí ya estaban por los 16-17€. Teniendo en cuenta ademas que los sueldos de USA son mas elevados que los nuestros no es de extrañar que alli´se sigan vendiendo discos y aqui la gente opte por descargarlos.
    Yo soy uno de esos pocos imbeciles a los que les gusta tener su musica original, y si es vinilo doble ilusión, pero no me extraña que la gente pase de comprar. Tampoco veo normal que tenga que haber veinte intermediarios desde el grupo hasta la tienda (auque eso es habitual en cualquier campo en este pais, siempre es necesario que unos cuantos se forren con el esfuerzo de los demas). El cauce tendria que ser grupo-compañia-tiendas, cliente por internet,…. y de ahi la compañia deberia pagar lo que sea al grupo.
    En fin, que por mucho que aqui queramos poner la cosa no se arregla ya a estas alturas. España es Africa por mucho que a algunos les duela y mientras no seamos un pais del primer mundo no cambiaremos

  4. El modelo de las discográficas de los ochenta funcionaba… y todos tirábamos de cassettes… todos y cada uno de nosotros descubrimos grupos grabándolos de forma cutre de pletina a pletina o de vinilo a TDK (sí, hasta las marcas os sonarán a los viejunos). La «piratería» entonces era tan masiva como hoy. Y servía para lo mismo que hoy.

    También había un modelo puramente pirata, sin comillas, que también existe hoy, que consistía en grabar esas cintas y venderlas con carátulas que iban de fotocopias en B/N a otras que hasta daban el pego. La diferencia de calidad afectaba, generalmente, al sonido. Algo que hoy en día ocurre cada vez menos.

    Entonces nadie hablaba de piratería, y todos «pirateábamos»… las discográficas eran enormes (aunque empezaban a surgir las independientes) y todos los grupos les mandaban su maqueta en cassette o esperaban a ser descubiertos en algún concierto por el agente cazatalentos de turno.

    Ahora bien. Estamos asistiendo a un «cambio de paradigma» que dicen los encorbatados. No hay «cazatalentos» en los conciertos. Los grupos prácticamente hacen discos profesionales, no maquetas… y no son fichados por discográficas (en el sentido de discográfica que GASTE en promoción…) hasta que ven que tienen una respuesta de público importante, buenas críticas y opciones de seguir creciendo con una propuesta a la que le vean futuro.

    Además, las discográficas están apostando por los directos, y no es descartable que acaben metiéndose en esa parte del pastel de forma más directa en un futuro inmediato. Ofrecer un plus en formato físico funciona, pero no para echar cohetes. Y su modelo va a ser más directo en todos los sentidos. Llegando al cliente final sin intermediarios, tal vez hasta sin tiendas físicas.

    Pequeñas discográficas hacen diseños de lujo en digipack con mucho contenido extra a precios competitivos, y sigue habiendo un pequeño mercado de fieles… gourmets que una vez descubren un grupo que les llena… no paran hasta hacerse con toda su discografía oficial. Otra cosa es que la crisis haya limitado y mucho el número de gourmets.

    Toca amoldarse a un espacio en el que la venta física solo llegará a los más fieles… y está por ver cómo lo hará «el negocio» en el que muchas grandes discográficas se van a limitar a los «productos» más rentables. Y las pequeñas tendrán que reinventarse (de nuevo) para sobrevivir.

    Algunos solo ven fantasmas de «piratería», en lo que es una forma de descubrir grupos como nunca ha existido antes, ya que las barreras geográficas han desaparecido. Veremos…

  5. Como músico y autor creo que el problema no es en sí la piratería, es el no ser escuchado, si lo que la «industria» llama piratería hace que más música llegue al público centonces es una herramienta más que un problema. La Industria no ha sabido ni ha querido (ni quiere ni querrá) adaptarse a los nuevos tiempos. Yo creo que muchos (industria y artistas en general) culpan a la piratería por todo (pérdida de ingresos principalmente) cuando realmente el problema es la falta de creatividad, falta de empatía social ( ver a seguidores sólo como clientes potenciales es un error en la actualidad) y el pensar que tras grabar un disco tienen que valorarte sí o sí económicamente …. puedes hacer un gran disco o un mal disco pero nadie está obligado a valorarlo, es duro, es una jodienda pero tenemos , como músicos que pisar el suelo y reflexionar en que hacemos bien o mal y no culpar al resto de nuestras penurias comerciales. Internet ha abierot puertas, quizás demasiado, cualquiera muestra su trabajo al mundo sin pasar los filtros que antes hacían las discográficas, es verdad que hay demasiados trabajos y la saturación llega a ser agobiante para el público, peor también ha «Democratizado» a los músicos y ahora todos estamos «ahí» y tenemos la oportunidad que nunca se nos brindó. La «piratería» no es un problema, el problema es lo que ofrecemos los músicos, y eso es algo que ni SGAE ni sus colegas de Promusicae admiten. Añado, la piratería solo existe con el Copyright, las licencias libres liberan de la etiqueta al público que es otra cosa que las discográficas ni SGAE quieren cambiar. Para mi la Piratería no existe si otorgamos al público la posiiblidad de escucharnos y que luego decidan si valemos o no valemos pero como dije, eso no es lo que importa a la Industria, la música es negocio pero también es arte (complejo de cuantificar) y nos olvidamos muchas veces de eso.

  6. Me falta algún comentario en concreto sobre el «Uso y Disfrute» que hacen las propias discográficas de la Piratería, como por ejemplo en los casos del Reddo de Sober, o el último disco de Extremoduro(entre otros), lanzando el material a las «Redes Piratas» antes de ser editado… Algo que también es bastante delicado… Por lo demás, estoy de acuerdo en lo que comentáis, haciendo un pequeño énfasis en el tema de la educación que tú particularmente mencionas, Rubén… Educación y respeto, pero no ya sólo en las cuestiones musicales, si no como Valores sociales que se están llendo a pique de forma alarmante desde hace algunos años en nuestra sociedad…

  7. El problema esta en que a la mayoria de la gente la música SE LA SUDA.No es más que un mero ruido de fondo que le ponen en un bar,o la banda que esta tocando al fondo y que ni dios le hace ni caso,ya no es nada atrayente cuando una pequeña sala o pub programa algún concierto(si les dejan las autoridades claro)la mayoria de la gente prefiere el dj de turno o cualquier fiesta de cualquier bebida cochambrosa con unas guapas azafatas regalando llaveros.Y aún es mas preocupante entre la gente mas joven,la mayoria no tienen ni idea de lo que es un buen concierto de buena música y lo veo a menudo se lo que me digo,salas medio vacias con la misma gente que ibamos a los conciertos en los 90 ya entrados en años,y para colmo la leyes de este pais no les dejan entrar en esas salas….yo paso de este pais.Tengo una banda y estoy enfocando mis esfuerzos fuera,he salido de giras por Europa y aunque también es muy dificil ,la mentalidad es muy distinta.os lo aseguro.

  8. Hay datos que son curiosos, como por ejemplo que, con lo que cuesta el típico DVD «edición especial» o algún vinilo «mítico» en una tienda de música, te llegue de sobra para comprarte un Kit de guitarra+ampli de gama baja en Thom**nn (no voy a spamear explícitamente, jeje) o similar. Y por cuatro o cinco de éstas magnas obras discográficas, un grupo puede entrar a grabar una demo de 2 o 3 temas en un pack de «precio cerrado» de esos que cualquier estudio profesional tiene.

    También hay hechos curiosos, como por ejemplo, el que muchos músicos prefieran cobrar 600 euros por tocar en un «mierdifest», montando a toda prisa, con el equipo de otro, siendo tratado a gritos y sonando a ojete, a cobrar 100 euros en buenas condiciones, probando tranquilos, con su equipo y sabiendo que va a sonar bien. Y esos son barros que dan los lodos del «MI CD (El «Mi» en mayúsculas, ver el apartado «3.Los Mibanda» del siguiente enlace: http://subterraneowebzine.com/archives/71945 ), que es un CD muy güeno, lo he hecho yo, y como soy Artista el mundo me debe una, en forma de dinerito».

    Del mismo modo, de esos «Mi CD´s» tan güenos y tan producidísimos, surge el problema según el cual una gran parte del público no sabe como suena realmente un instrumento o una banda «a pelo», y si en directo un bajo o una batería no suenan a línea programada del Guitar-Pro o a base del Drumkit From Hell del EZDrummer, es que el grupo es malo. Y así lo que pasa es que el público termina exigiendo obras «random» que descargarse cuando se han cansado de la anterior.

    En cualquier caso, existe un nuevo filón comercial, que es el vinilo. No es por pecar de conspiranóico, pero, en la vigente época de vacas flacas para las discográficas, pensar que el rebrote de la melomanía y el placer orgánico de escuchar un vinilo es casualidad, y no una «necesidad» generada por las discográficas, marketing mediante, me parece que es pasarse de inocente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *