DEATHVOID (CHE) – Disappear, 2019

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¿Tiene sentido hacer raw black metal bien adentrados en el siglo XXI con la cantidad de métodos de grabación que hay hoy día que permiten incluso sonar de manera decente hasta en tu propia habitación? La respuesta es sí, pero no es para todo el mundo. Y no me refiero a los oyentes desde el clásico altivismo intelectual que rodea al género, sino a la hora de realizarlo. Obedece al evocar una sensación muy concreta al escucharlo que, si se realiza bien, es simplemente maravilloso, y su producción excesivamente austera tiene sentido. Pero esto es sólo una pequeña parte pues, a riesgo de recibir una lluvia de mierda constante por esta reseña, muchos lanzamientos de raw black esconden una mediocridad galopante bajo toneladas de ruido y esa superioridad intelectual desatada («no entiendes el black metal«).

Tras darle bastantes oportunidades, siento mucho decir que este Disappear de los suizos DEATHVOID cae de lleno en la categoría mayoritaria. En su página de bandcamp se enorgullecen de haber creado «una experiencia laberíntica de difícil entrada«, un «garage raw black metal para la psicosis inducida«, y además nos detallan que registraron todo con una grabadora rota. Lo primero lo consiguen a medias, pues el impacto de las disonancias y el ruido en la primera toma de contacto es un buen golpe. Pero una vez superada la primera cita, resulta que los temas no son tan fieros como los pintan, y con un poquito de esfuerzo y atención somos capaces de vislumbrar cada tema; no son una barrera de ruido. Lo cual no sería malo si no fuese porque, una vez levantado el velo, los cuatro cortes, más que psicosis, causan tedio. Como una película snuff que al segundo visionado notamos que la sangre es sirope.

Sinceramente no sé por dónde pretendían tirar. «Ornamented secret rooms» parece que quiere ir a saco, mostrar black ultra agresivo de estos que no dejan espacio al descanso, pero el excesivo ruido amortigua toda furia posible y encima la canción se empeña en su parte final en alargar las notas, en tirar de donde no hay más, cuando quizás una duración más breve le habría sentado bien. El mismo problema se repite en «Mills«, una tormenta sónica ahogada por el ruido blanco.

No digo que DEATHVOID deban contar con una producción de primer nivel, pero haber limpiado ligeramente el sonido habría ayudado bastante. El inicio ambiental de «Disappear» habría quedado mucho más siniestro con algo más de claridad, y sin embargo el orgullo de grabarlo todo con un dispositivo roto lleva al desinterés, al menos por mi parte. Sí, el grupo podría argumentar que intentaban evocar aquellos ensayos míticos de bandas de los 90 y que se distribuían en forma de bootlegs de mano en mano, pero las diferencias duelen…

El culmen de las malas decisiones llega precisamente al final del tema homónimo, que se parte en dos para convertirse en una sencilla canción acústica. Pues sucede como la mala hostia aguada; toda la melancolía y tristeza que pretendían transmitir se va a la mierda. Si como hemos dicho la mala producción en el black tiene cierto sentido, ¿cuál es el de hacer de un tema limpio algo inescuchable? Pues como un SUV de 500cv. 

Lo peor es que se quedan en medio de dos aceras: demasiado ruido para hacer raw black decente y adoleciendo de la agresividad que es capaz de generar un proyecto de harsh noise bien hecho. Incluso la banda hace unos años se metió en ese terreno con MAGARU MORI (otro proyecto unipersonal de la misma zona geográfica), y el resultado era bastante notable. Es una lástima, porque al leer las letras (un factor que no suelo valorar al hacer las reseñas) se nota que hay empeño y ganas detrás, pero el resto falla por completo.

Es un tropiezo, no el fin del mundo. Tienen tiempo de sobra para decidir dónde quieren ir, para tomárselo con calma y crear mejor material. Seguro que los resultados son mucho mejores.

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