DEAD TO A DYING WORLD (USA) – Elegy, 2019

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La democratización de la creación musical, así como el consecuente aumento de opciones que existen para el oyente, ha transformado la manera de consumir e incluso de disfrutar la música en los últimos años. Entre otros cambios ha provocado una tendencia a buscar la originalidad como elemento distintivo frente a la gran cantidad de géneros subgéneros poblados de sonidos similares. Las fusiones entre estilos, culturas y épocas y la experimentación están a la orden del día, aunque a veces se puede caer en el error de pensar que la única manera de innovar es la de crear algo totalmente nuevo. DEAD TO A DYING WORLD parte de una premisa conocida pero su manejo de los tiempos, sus composiciones y la manera de combinar los distintos elementos que componen su música destilan frescura, originalidad y autenticidad.

Elegy es la última parte de una trilogía que narra las experiencias del único superviviente de una gran extinción. Como no podía ser de otra manera, la banda sonora de este contexto postapocalíptico suena melancólica, descorazonadora y fúnebre. Detrás de esta oscura puesta en escena encontramos composiciones largas y cambiantes, rebosantes de majestuosidad, precedidas por sendas perlas minimalistas de corta duración. Esta alternancia ofrece un punto de variedad que sirve para aplacar la sensación de encontrarnos ante un muro que en ocasiones padecen los discos compuestos por canciones muy largas. Aun con todo, no estamos ante una obra de consumo rápido, y esta elegía debe ser disfrutada con los cinco sentidos, apartando la mirada del minutero para sumergirse en la gran cantidad de matices que contiene.

Una de las claves reside en la dicotomía extremo-melódico presente durante todo el álbum, que además ha sido llevado a cotas que pocas bandas son capaces de alcanzar. Los pasajes más agresivos oscilan principalmente entre el blackened doom y el black metal mientras que los más melódicos son nos ofrecen momentos orquestales exquisitos. Los dos vocalistas contribuyen a este efecto y el protagonismo de la furiosa voz de Mike Yrager, de corte black metalero con tendencia a derivar hacia guturales más death, se ve confrontada en ciertos momentos por la pureza lírica de Heidi Moore.

Otro de los pilares más notorios es sin lugar a dudas el papel de Eva Vonne, en cuyas manos la viola es una cascada de la que brotan de melodías, texturas y emociones en una explosión musical de asombrosa riqueza. Optar por un instrumento de cuerda en lugar de un teclado eleva a otro nivel cada una de las canciones de Elegy, demostrando además que el término “sinfónico” no es necesariamente sinónimo de rimbombante.

Las buenas ideas necesitan una buena ejecución para no quedarse en una hermosa teoría, y afortunadamente DEAD TO A DYING WORLD saben combinar estos elementos de manera equilibrada. Aunque no se hayan ceñido estrictamente a un género, y podríamos enmarcarlos dentro del blackened doom, metal gótico o symphonic metal entre otros, son varias las referencias que podemos encontrar a otras bandas. La intensidad sludge de NEUROSIS, la delicadeza de ANATHEMA o incluso los etéreos OPETH en su etapa del Ghost reveries tienen su eco en muchos fragmentos. La omnipresente viola evoca, por otro lado, a los más lánguidos MY DYING BRIDE, aunque en los momentos más oscuros también recuerdan a los primeros LACRIMAS PROFUNDERE y su La naissance d’un rêve.

Todas estas referencias son una muestra de que Elegy es una composición inmensa y sobrecogedora, ejecutada con inteligencia y emotividad, cuya representación de nuestra propia extinción es capaz de resultar a un tiempo bella y descorazonadora.

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