DEAD LORD (SWE) – Surrender, 2020

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Quizás lo primero que pueda preguntarse alguien que acostumbre visitar este nuestro portal es qué demonios pintan DEAD LORD por aquí. Aunque podría dar varias razones, reconozco de antemano que la principal es que es una de mis bandas favoritas surgidas en la última década. De vez en cuando está bien revolver en el baúl de los recuerdos, en aquellos años en los que el hard rock servía como andamiaje del edificio que albergaría una fe inquebrantable en el metal. 

DEAD LORD son de esa clase de bandas que han sabido promocionar su propuesta hasta el punto de fagocitar a otras de similar pelaje. Es realmente difícil destacar en el panorama del rock clásico, poco dado a los inventos y a la experimentación y saturado de bandas muy similares en actitud y concepto. Pero este cuarteto lo ha logrado. En algunas ocasiones surge alguna banda como DEAD LORD que de un momento a otro se postula como adalid y defensora del viejo hard rock, aquel que dejaba entrever maneras más propias del heavy metal. Una propuesta nada singular y poco atractiva, a priori, en los tiempos actuales, y un tanto anacrónica si se me permite la lindeza. Pero hay un sector heavy que demanda toneladas de añoranza, la autonegación de que bandas clásicas vayan desapareciendo por causas naturales y la justificación psicológica de la sustitución de estas por émulos que consigan mantener viva la llama de un corazón antaño salvaje y que ahora languidece, irremediablemente, ante el indefectible paso del tiempo. 

Algo de esta melancolía que expresan mis últimas líneas da alguna clave para entender la música de DEAD LORD. En sus canciones, ejecutadas con una sencillez aplastante, destaca la forma de cantar de Hakim Krim, conductor de la formación también desde las seis cuerdas. El marchamo lento de la música de estos suecos se ve reforzado por la amargura que se contempla en las líneas vocales. Sin caer en un pesimismo de todo a un euro, DEAD LORD nos hablan de frustraciones, de la soledad, el desapego por la naturaleza (excelente trabajo de portada) y los pesarosos recuerdos con los que uno ha de cargar en la mochila de la vida. Sus canciones, simples y directas al grano, nos desgranan en pocas pinceladas que la vida no es un camino de rosas. Cuando uno escucha alguno de sus discos se da cuenta que esto no va de rock macarra y licencioso, va de tocar la fibra sin por ello caer en las redes del rock envasado en almíbar. 

Sirva este Surrender como una reafirmación de los férreos ideales que maneja la banda, que sigue sin bajarse de la burra por mucho que sus detractores justifiquen que se trata solamente de una propuesta cuyo mayor mérito ha sido copiar la fórmula de THIN LIZZY. Hay quien no perdona ni una en la viña del Señor. Ciertamente, no se contempla entre las mayores virtudes de la banda la originalidad ni los bandazos estilísticos. Conservadores en grado sumo que se diría. Abanderados de la premisa que promulga el no cambiar lo que funciona. Pan para hoy y hambre para mañana dirán algunos, y en cierta manera puedo llegar estar de acuerdo, aunque me gusta mucho el rollo que hacen. De momento esta forma de trabajar les está dando buenos resultados, pero quizás se empieza a observar un atisbo de estancamiento. 

Y es que no se puede decir que  Surrender sea un ejercicio de extrema originalidad. Realmente es otro compendio de canciones a sumar al legado de los de Estocolmo, algunas de las cuales se parecen demasiado unas a otras. Este aspecto es quizás el que menos me ha gustado de este disco, y es que algunos temas parecen reciclados de aquellos que les auparon a tocar en las mejores salas del circuito europeo. Algunas de las nuevas piezas destacan más por lo que nos cuentan que por cómo lo cuentan, y eso no siempre cala. En cierta manera, cuando escucho temas como «Evil always win«, «Bridge» o «Distance over time» lo que me incita es a ponerme el Heads held high y rememorar el impacto que esta banda generó hace algunos años trayéndonos el sonido old school al presente.

Tras varios discos y multitud de bandas que se esfuerzan en lo mismo, quizás ese efecto por la nostalgia de lo retro se vaya disipando, por lo menos en mi caso particular. Con todo, no se puede obviar que propuestas y discos como este Surrender cumplen con el objetivo de satisfacer una demanda de mercado variable pero constante. Son ese asidero para momentos donde uno preferiría que el reloj vital se detuviera para coger algo de aliento.

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