David contra Goliat

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El pez grande se come al pez pequeño. Es ley de vida, ¿verdad? Pues a veces, la “ley de vida” es un asco, qué queréis que os diga.

España es un país desafortunado en muchas cosas, pero muy rico en otras que no valoramos tanto como deberíamos. Somos un enorme productor de artistas de toda clase: cineastas, pintores, escritores… y músicos. En este país hay grandes mentes, cerebros brillantes y talentos ensordecedores, de los que nadie habla. O de los que hablamos menos de lo que deberíamos.

En un país con tan alto índice de talento artístico, ¿por qué la música en directo agoniza? Después de casi seis años trabajando codo con codo con músicos, los míos, mi familia, de esforzarnos en conjunto para sacar adelante un proyecto, sé por qué. La música en directo agoniza porque al público le cuesta acudir a un concierto “de barrio”. A una sala pequeñita, pero muy bien preparada, a ver grupos “pequeñitos”. Pero muy bien preparados.

Nos da pereza pagar cinco euros por ver tocar a unos amigos. “Hoy no puedo, me ha surgido algo. Otra vez será”, te dicen a menudo.

Cada uno es muy libre de gastarse su dinero en lo que más le apetezca, por supuesto, pero ¿por qué después esos que siempre declinan tus invitaciones son los primeros en quejarse de que “la industria ya no apuesta por grupos nuevos”? Asientes, y te muerdes la lengua, evitando mencionar que tal vez sea porque hay un altísimo número de “melómanos” que solo van a un concierto cuando la entrada cuesta más de 40€ y el cabeza de cartel lleva, más o menos, los mismos años viviendo de su música.

Ser músico es una profesión complicada. Tiene cosas increíbles y te da momentos espectaculares (hasta cuando no eres músico, y solo te ocupas de lo que nadie ve), pero es difícil para muchos seguir adelante si no son capaces de convocar ni a veinte personas en un concierto. Nada que reprochar a aquellos con carrera musical consolidada; todos tenemos ídolos. Pero se hace cuesta arriba escuchar excusas manidas y verdades a medias una y otra vez.

Pero, eh, que ha compartido en su perfil varias veces la famosa imagen de “apoya a las bandas locales”. Ya no podemos decirle que no apoya la escena, claro.

Y, así, los emergentes somos carne de cañón muchas veces. Es inevitable hacer la comparación de David contra Goliat, pero en este caso, Goliat nos da una somanta de palos y nos deja temblando en una cuneta cualquiera.

Cuando un grupo tiene cierta experiencia sobre las tablas, las ha visto de todos los colores: salas casi vacías, salas medianamente llenas y, con suerte, algún llenazo. Crónicas buenas y crónicas que te ponen a parir. Reviews de un disco que te dejan buen sabor de boca y otras que te hacen sentir mal, atendiendo a criterios a veces muy maniqueos. Pero te aguantas y, si eres un poco inteligente, aprendes de todas las cosas, buenas y malas, que te llegan de parte del público y de los medios.

Exponerse ante el gran público tiene sus consecuencias y debemos estar emocionalmente preparados para asumirlas, sean cuales sean. De todo se aprende. Para lo que nadie está emocionalmente preparado es para sentirse menospreciado por los mismos que publican, cada poco tiempo, lo de “yo apoyo a las bandas locales” pero que el último concierto que fueron a ver fue uno que les costó entre 40 y 100€, y para el que tuvieron que desplazarse a otra ciudad y pagar alojamiento.

La música en España no se muere. Cada día aparecen grupos nuevos, grupos reformados, grupos reinventados que suenan únicos y excepcionales. Gente con talento y mucha ilusión. No, no nos morimos. Pero no podemos seguir siendo ignorados porque hoy no, pero quizá mañana sí que haya una tragedia que lamentar.

Ser pequeño no está reñido con la grandeza. Los grupos emergentes somos David, luchando contra un Goliat imponente y aterrador, pero queremos ganar y para eso necesitamos que nos escuchéis.

 firmamiranda

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