DARKTHRONE (NOR) – Arctic Thunder, 2016

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Si eres fan de DARKTHRONE desde el principio de los tiempos, ten por seguro de que este disco es un grandísimo trabajo, muy trabajado y digno de servir de ejemplo al futuro del género. Si no los conocías, o nunca les has prestado demasiada atención, o es tu primera incursión en la oscura caverna noruega llena de alaridos primitivos y ritmos primigenios… Este es sin duda uno de los mejores discos del pasado año (en general) y de los últimos cinco (en cuanto a black metal).

Desde las primeras notas, los primeros acordes, y la irrupción de la voz de Nocturno Culto en “Tundra Leech”, queda más que claro que se trata de un disco atmosférico sin ser ambiental, y no una regresión a los orígenes. Insisto en querer matizar esto, porque no significan lo mismo. Se puede generar una atmósfera, del tipo que sea, como hacen BARBARIAN SWORDS o ENSIFERUM, y ser algo diametralmente opuesto, por ejemplo, al dungeon synth (género sobrino del black, etéreo y absurdamente ambiental, que recomiendo a los más frikis).

Esa temática tan… nórdica, tan gélida que parece caracterizar las composiciones, es casi palpable físicamente. Se puede sentir el frío, tocar la nieve, el suelo rígido pero resbaladizo, y esa calma que hay en una noche en la que el único sonido es el viento. Solo que sin perder un ápice de brutalidad, de esa intensidad pesada y característica, que lo aleja de los esperpentos que algunos intentan hacer pasar por black metal.

Cada canción tiene algo que refuerza esta idea. Ya sea en su nombre (referencias como “Boreal Fiends”,  “Arctic Thunder”, o la propia “Tundra Leech”) o en la atmósfera que generan gracias al tempo, la distorsión de las guitarras, o cómo ataca las letras la voz.

Quiero evitar a toda costa, como ya he menciona antes, ese “vuelta  los orígenes” porque sinceramente creo que esto es algo mucho más complejo. Es quizá el resultado de algo que siempre ha sido así, y ha ido evolucionando para terminar reforzando una idea. No una esencia que se fue para volver, sino un concepto que ha ido creciendo con el tiempo, hasta ser una forma más brutal del concepto original. Como un lobezno que ya nace con el instinto de depredador, pero que ahora es líder de una manada. Arctic Thunder es ese lobo inmenso, aterrador y peligroso, con el pelaje erizado y las orejas dispuesto a morder.

En cuanto al apartado técnico, abandonando ya el sentido conceptual, es una auténtica gozada poder escuchar algo que suena tan “limpio”. Es una muestra de que no hace falta que suene de la peor manera posible para que sea black metal, con mayúsculas, en negrita y subrayado. Una batería y unas voces claras (que no limpias, quietos los puristas), sin ruidos ni interferencias acústicas, con unas guitarras saturadas al punto, y un bajo en su sitio. Ni por encima tapando cosas, ni por debajo, inapreciable. Y lo mejor, es que no lo hace desde el clasismo del que pecan algunas formaciones que por seguir esta dinámica se auto coronan como los reyes o los salvadores de un género underground, ni lloriqueando porque desde el metal más mainstream no se les hace caso.

Se trata de un álbum muy variado en realidad, con cortes más “clásicos” (algunos más complejos, otros más centrados en lo que podríamos denominar black metal tradicional). Es sin duda una gama de géneros y sonidos, sin salirse de la dinámica que guía las canciones. Muy heavy, muy doom, y sencillo. Fiel a una filosofía como puede ser la del hard rock o el punk, en el sentido en el que identificas perfectamente lo que estás escuchando dentro de un género, pudiendo apreciar matices que impulsan ese germen, identificando enseguida al compositor (con mayor o menor facilidad, en función de lo familiarizado que esté uno).

No es una sorpresa en cuanto a sí mismos; son DARKTHRONE, y saben perfectamente lo que hacen. Tanto Ted (Fenriz) como Gylve (Nocturno Culto) llevan en esto mucho tiempo, y siempre han hecho lo que han querido, o lo que sentían que querían hacer. Y eso les ha permitido algunas jugadas como doblar voces, gritos limpios (para matizar un cambio en “Boreal Fiends”, por ejemplo), o la inclusión de un cencerro grave y con un sonido muy seco (en la misma) que aporta cierta frescura, y un sonido al que no estamos acostumbrados dentro del género.

Para mí, se acaba de convertir en un indispensable. Uno que por desgracia va a pasar desapercibido porque muchos esperaban un “regreso de DARKTHRONE” o la resurrección del género mediante un plagio descarado de sus primeros discos. Vaya, lo que se le pide a METALLICA y se le reprocha, pero a otros (por motivos X) se les alaba hasta la saciedad. Y se han olvidado de que Fenriz y Nocturno Culto llevan haciendo años, nada más y nada menos, que lo que les sale de las pelotas. ¿Qué se aburren y llevan dos años escuchando BLACK SABBATH y dedicándose a sus cosas promocionales? Pues mira, igual se les enciende la chispa y se ponen a componer. ¿Qué no les apetece? Pues nada, ahí se queda eso, pero ábrete otra cerveza, sube el volumen del casete y ya veremos.

Creo que el secreto de que sean tan auténticos sin pretenderlo, es que aun pudiendo estar en la cresta de la ola, de un movimiento que tiene ramalazos mainstream si te lo sabes montar bien, han pasado de ello sin despreciarlo. Porque viven bien con sus trabajos, haciendo música cuando les apetece, sin deberle nada a nadie, y mucho menos a los fans que les exigen material nuevo o giras mastodónticas mundiales.

Esa, exactamente, es la esencia de este disco. Han grabado lo que han querido, como han querido, cuando han querido… y para quien ellos han querido. Y toda la crítica que acabáis de leer, puede ser válida, o no. Pero tomáosla como una reflexión del tipo “¿Quién es DARKTHRONE y qué es Artic Thunder?” mientras ponéis el disco a todo trapo, y quizá cambie un poquito la forma de ver las cosas. Que sean grandes, no significa que tengan que vivir y comportarse como una élite de imbéciles que están por encima de la gente que les ha puesto ahí.

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