DARK FORTRESS (DEU) – Spectres from the old world, 2020

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Ya hace muchos años que sigo a DARK FORTRESS, aunque muchos más hace que esta banda comenzó sus andadas en la música, nada más y nada menos que veintiséis. En esos años, estos alemanes han acumulado una demo, un split junto a BARAD DÛR y ocho discos en larga duración, contando este que recientemente ha sido editado a través de Century Media Records. No está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que estos bávaros no se han limitado a sacar el mismo disco una y otra vez, como les pasa a muchas bandas. DARK FORTRESS ha evolucionado con el paso de los años y de los discos hacia una de las mejores bandas de black metal del mundo, al menos desde mi punto de vista. Y es que ya con su primer y fantástico LP debut, Tales from the eternal dusk, consiguieron reclamar la atención de mucha gente, entre la que me incluyo. Aquel black metal de corte melódico pero que huía (aunque no rehuía) de la escuela escandinava entraba en tu torrente sanguíneo con rapidez, enganchándose con mucha facilidad a tu mente y haciendo que esas melodías propuestas fueran memorables entonces y sigan siéndolo a día de hoy. Pero los verdaderos DARK FORTRESS, los que a día de hoy conocemos, probablemente comenzaran a mostrarse al mundo con el lanzamiento de Stab wounds, su tercer LP. En él ya empezaban a notarse las maneras por las que acabarían tirando estos capacitadísimos músicos.

Cuatro discos después, vienen con Spectres from the old world, el que muy probablemente sea el mejor disco de su carrera, el más completo, maduro y atrevido. Disco tras disco han ido variando un poco la intensidad en la que se hacían maduros, atrevidos y completos, pero siempre manteniendo un nivel desorbitado compositiva y técnicamente hablando. Para esta nueva obra no ha sido menos, habiendo eclosionado definitivamente esa grotesca crisálida en un poderoso, bello y escalofriante ente del que emana un extraño halo de oscuro y arcano esoterismo.

Pero a pesar de ese antiguo ocultismo que transmite el combo alemán, para nada suenan a viejo; más bien todo lo contrario. Creo que es una de las bandas de black metal que más y mejor han sabido evolucionar y actualizarse con el paso de los años, poniendo al servicio del oyente devoción por el género en su máxima expresión pero sin dejar de lado influencias que pueden venir de géneros como el death metal o el metal progresivo. Definitivamente son la prueba inequívoca de que el black metal puede ser moderno sin necesidad de pretensiones vacías y de que se puede hacer alusiones a las raíces del género sin caer en burdas repeticiones, pues en Spectres of the old world incluso se pueden percibir recuerdos de la época más temprana de DARK FORTRESS. Es como un magnífico compendio de todas sus épocas, melódico, oscuro, cañero, elegante, progresivo y envolvente.

Todos los instrumentos, incluida la voz (la cual debemos tratar como un instrumento más y muchas veces se nos olvida), tienen culpa a partes iguales de que este disco (y la banda en general) sea tan bueno. Pero eso no quita que algunas cosas destaquen. La voz de Morean es una de las mejores cosas que le pudo pasar a esta formación, pues su técnica y gusto para introducir las líneas vocales es simplemente legendaria. Trata la lírica como si de un actor se tratase, interpretando, no únicamente cantando, aplicando diferentes técnicas, texturas, registros, narraciones y simplemente comportándose como lo que es: uno de los mejores vocalistas de la escena ya no sólo black metalera, sino de la extrema actual. 

Muchísima calidad en las líneas de guitarra. Ya sea rítmicamente hablando como en el riffing, la melodía o los solos, todo suena con lógica, en la medida justa y sin miedo a echar mano de recursos rockeros, thrasheros, death metaleros o (sobre todo) progresivos. Además, éstos han sido propiamente envueltos y reforzados por teclados que crean atmósfera, a veces apelan a la sinfonía (aunque sin llegar a sonar sinfónicos) y exploran también en sonidos que te hacen pensar en diferentes colores, temperaturas, escenarios y texturas. Si un teclista consigue eso, es que su trabajo lo está haciendo sobradamente bien.

Podría estirarme más diciendo lo absolutamente fantástica que es la labor que llevan a cabo tanto Seraph como Hannes Grossmann a la batería, quienes se reparten estas labores cada cual aportando su propio estilo, pero sin dejarse llevar por el ego en pos de la homogeneidad del disco, así que un grandísimo punto a favor de ambos músicos.

Poco más que añadir sobre este disco, a excepción de que lo pone fácil para decidir cuál va a ser uno de los que forme parte de mis favoritos del año y seguro que de mucha más gente.

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