CULT OF SELF DESTRUCTION (ESP) – Exitium, 2018

Enlaces: Facebook BandCamp

CULT OF SELF DESTRUCTION es de esas bandas que surgen de repente y te ofrecen algo que no esperabas. Conocía su existencia por la presencia en el dúo de Mark Berserk, que aunque ya tiene un pasado en el mundo del black metal yo sólo lo conocía por su presencia en APOSENTO. La otra pata es Pablo Gar, presente en BAÏKAL, un grupo de texturas más “post” de lo que aquí podemos encontrar. El resultado de la confluencia de ambos es Exitium, un disco de concepción autodestructiva pero que encierra en su interior, sobre todo, atmósferas y ambientes de opresión musical muy bien conseguidos. Todo ello partiendo de una base black metal, pero no exclusiva ni excluyente. Es lo que yo llamo música con alma, o alma con música, pues a veces ambas cosas se mezclan y consiguen hacer de terapeuta espiritual por las sensaciones transmitidas.

Si nos centramos en la parte más objetiva, estamos ante un trabajo de black metal con espíritu doom. No lo llamo depressive black metal, ni suicidal ni cosas de estas, porque no es lo que pretenden, artísticamente hablando por lo menos, pero sí es cierto que, tanto en el sonido conseguido como en los elementos armónicos y ambientaciones recreadas, esa es la sensación que dan. Black metal es por la propia voz de Mark, por lo afilado de los riffs y ciertos ritmos y por todo el trasfondo. Doom es por ciertos pasajes más envolventes, guitarras evocadoras que beben de KATATONIA y MY DYING BRIDE y ese aura cacofónica que incita a la inquietud espiritual. Pero se nota también de dónde viene Pablo Gar y también Mark Berserk, pues ambos bagajes hacen crecer la paleta sonora de CULT OF SELF DESTRUCTION en un lado hacia el enigma post rockero, en el otro hacia la aspereza del death metal. La conjunción de ambos genera un aura aún más oscura y extrema.

Por un lado tenemos a Mark que se encarga de las voces, predominantemente de tipo black, además de parte de los teclados y las baterías (que, por cierto, creo que son “reales”, por cómo están ejecutadas y grabadas, pero no lo sabría decir al cien por cien). Por otro lado a Pablo que se encarga de las guitarras y bajos y del resto de atmósferas. La clave es justo eso, las guitarras. CULT OF SELF DESTRUCTION consigue evocar la enajenación del ser humano más depresivo gracias a esos riffs apoyados por unos teclados que, dentro de su minimalismo, recrean atmósferas opresivas y oscuras. Mark completa el conjunto con su voz desgarrada y los ritmos de ascendencia black que son los que aportan la parte más agresiva y obsesiva al conjunto de este grupo riojano. La producción no es tope gama; tiene sus carencias, sobre todo en la parte más ambiental, pero teniendo en cuenta la raíz de este proyecto pasa con nota la criba.

Con aires nihilistas y misantrópicos, Exitium comienza con “Descending to the deepest of the abyss” haciendo honor a su nombre. Intentando que nos demos cuenta de que estamos nosotros solos en este mundo y que cualquier creencia es una falacia. La música y el lamento sonoro se unen en esta tarea, como en el resto del trabajo. “Misantrhopic condition”, desde un punto de vista más agresivo y black, aunque siempre con las guitarras de Pablo sonando a unos MGLA más primitivos y los teclados dándole un toque expresivo al asunto. Más adelante “Sui cadere” se convierte en uno de los cortes más depresivos y envolventes, con un Mark casi desnudo inquietando nuestras almas, mientras que en “Until my dying”, que es mi tema favorito, condensan ambas caras, la más áspera y black con la más depresiva y envolvente.

No estamos ante una superproducción; tampoco es lo pretendido por CULT OF SELF DESTRUCTION. Su único objetivo es transmitir sensaciones con una música cruda y envolvente al mismo tiempo, y lo consiguen con creces con Exitium. Un trabajo que, aunque no esté llamado a revolver el mundo de la música, contiene honestidad y grandes dosis de emotividad envuelta en minimalismo y agresividad nihilista.

Comparte:

COMENTARIOS