CULT OF FLESH (ESP) / CAETRAN (ESP) – Qui vivra verra (split), 2019

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portada cult of fleshLas obras cortas (a pesar de que la duración de sus composiciones sea más bien tirando a extensa) tienden a ser complejas de analizar, bien por la escasez de material o bien porque todo viene condensado en pistas elaboradas que se desarrollan sobre sí mismas a la par que sobre el concepto original. Pero aún es más complejo cuando nos encontramos frente a un split, porque son varias mentes las que trabajan juntas sin que sea necesario trabajar como un grupo en el sentido tradicional. No son tres amigos trabajando juntos para sacar una maqueta, sino más bien dos artistas completamente distintos (o bastantes más dependiendo de los componentes de cada proyecto) uniendo mentalidades creativas y procesos dispares para dar como resultado algo distinto.

En este caso nos encontramos ante CULT OF FLESH y CAETRAN, dos personas que por separado se mueven entre las escenas de black, doom, música ambiental y de dungeon synth (subgénero compuesto con sintetizadores y de carácter ambiental que da esa sensación de mazmorra o de pasaje lóbrego) y que han unido fuerzas para crear casi cuarenta minutos de música capaz de llegarte de una manera singular.

Quizá una de las primeras cosas y las más importantes es la consciencia de que su obra tiene una importante base ambiental y atmosférica (no confundirlas) que se retroalimentan. Tenemos paisajes calmados en «I» (de CAETRAN) que dan pie a un giro a cuestiones más tradicionales en el black, para volver a su postura original después. En cierto sentido esto le confiere un sentido de black metal mucho más tradicional y original que bandas actuales (y entiéndase por original “tradicional” más que creativamente llamativo… para eso no necesita de forma, se sirve del contenido, que sabe no apartarse de esta y así captar mejor la atención del oyente).

«II» (CULT OF FLESH) parece seguir un patrón parecido, pero permitiendo que ambos artistas se diferencien (¿dónde estaría la gracia si no?). Y lo cierto es que la transición que plantea cuando ya ha consumido la mitad de la pista, desde un terreno sosegado a una brutalidad indómita, hay que aplaudirla muy fuerte, porque no es abrupta y sabe encajar perfectamente, justo para volver de nuevo a una especie de minimalismo acústico que hace ciertas delicias casi doom. Cierra de nuevo en una vorágine visceral en la que se deja llevar y la batería es la que guía toda la composición mientras la voz aporta matices muy acertados, sobresaliendo pero sin comerse nada. Unas pinceladas finales (muy finas, pero están ahí) a las guitarras le dan un toque excelente a un tema que, con dieciséis minutos, podría hacerse eternamente insoportable si no hay costumbre, pero que gracias a su esquema acierta de pleno.

Es curioso que la colaboración («III«, con una duración de ocho minutos, frente a los ya mencionados dieciséis de «II» y los doce de «I«) sea la pista más corta. Pero en ese sentido también resulta la más experimental y abrasiva sin llegar a abrir con una velocidad pasmosa o distorsiones que van directas a la yugular. Se trata más bien de un crescendo que de pronto se detiene y nos deja flotando en un suspiro de shoegaze (seleccione subgénero, pero es gaze de corte supremo, beta buena y sello de aprobación dorado). Y es tremendamente impresionante cómo desde ahí evoluciona a un black metal bastante más puro pero con todos esos dejes progresivos que podemos observar en bandas que incluyen toques hasta folk en sus composiciones y que tantísimo triunfan en los países nórdicos (o que vienen exportados directamente desde allí).

Imagino que son nada más y nada menos que las inquietudes e influencias de estos dos artistas, que han sido capaces de sacarse de la manga una obra que voy a calificar sin miedo de imprescindible si sois fans del género. Y al final es lo que importa cuando se trata de hacer una colaboración, de trabajar juntos para crear algo que sobresalga más allá del concepto, o se habrá quedado en una simple forma de reducir costes para promocionar tu propio trabajo… y no hay nada de malo en ello. Pero se nota la diferencia cuando se hace un split solo por juntar nombres y coleccionarlos o por crear un trabajo conjunto que suponga una obra que puede y debe formar parte de tu colección.

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