CULT LEADER (USA) – A patient man, 2018

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Corrían los primeros días de 2013 cuando saltó la noticia de que Jon Parkin, vocalista de GAZA, había sido acusado de violación por una mujer. Estamos vergonzosamente acostumbrados a este tipo de sucesos, y la tajante negación de los hechos por parte de este individuo tampoco fue objeto de sorpresa. Apenas dos meses después, el resto de componentes expulsaban a Parkin para disolver inmediatamente la banda. Posteriormente fundarían CULT LEADER para continuar, sin su ya ex-compañero, la andadura en el mundo de la música extrema. Como parte de la reestructuración de la formación, Anthony Lucero daba un paso al frente para tomar el papel de frontman y vocalista, dejando el bajo en manos de la nueva incorporación Sam Richards. Si hubiera tenido oportunidad, estas palabras habrían sido escritas al salir su primer disco, pero no puedo dejar pasar la ocasión de mencionar un hecho que sienta un precedente positivo en una escena acostumbrada a dudar de las víctimas y alinearse con los acusados.

Pasando a lo puramente musical, su alabado debut Lightless walk presentaba un metallic hardcore con algunos momentos pausados. Este A patient man continúa esta premisa, ahondando más aún en ella de una forma muy distintiva, diferente a lo que podemos escuchar de manera habitual en un grupo de este género. En sus partes más violentas suena crudo y enrabietado, cada vez más extremo, y sólo los característicos ritmos de percusión y algunas líneas reconocibles de guitarra nos recuerdan su naturaleza hardcore. Una de las grandes virtudes de CULT LEADER radica en la sorprendente capacidad para arrancar a este género cualquier vestigio de convencionalismo, creando una versión más áspera, oscura y desgarradora que no está exento de ciertos dejes de post metal que agudizan los contrastes.

Pero esta faceta no tendría un resultado tan brillante si no estuviera coronada por la imponente voz de Lucero. Cuando la agresividad refrena sus impulsos y la cadencia se impregna de una languidez fruto de la desesperanza, los brutales guturales dejan paso a una voz grave y profunda que arrastra las palabras como una condena. “The broken right hand of God”, “To:achlys” o “World of joy” abren una grieta abismal en la tormenta, construyendo a su alrededor una balsa de paz muerta. La alternancia entre pasajes musicales radicalmente enfrentados, así como las emociones extremas que nos transmiten nos mantienen en vilo durante todo el álbum, transportándonos a una de las atmósferas más intensas que recuerdo en tiempos recientes.

CULT LEADER han sabido cumplir la ardua tarea de reconstruir una identidad musical que había sido reducida a escombros. No sólo han logrado conservar su legado previo, sino que han ampliado sus horizontes, incorporando todo un elenco de nuevas influencias y elementos que multiplican la diversidad y la profundidad de su música. Y lo más importante de todo ello es que lo han hecho demostrando que se puede mantener un compromiso ético sin renunciar al talento ni al éxito.

No cabe duda de que el tiempo pasará, la memoria colectiva olvidará los hechos y, llegado el día, el cuarteto de Salt Lake City será una línea más en la lista de bandas separadas. Pero más allá de ese instante, CULT LEADER será para mí ese grupo que, antes de regalarnos dos grandísimos álbumes, decidió que había que hacer lo correcto.

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