CRYSTAL LAKE (JPN) – Helix, 2018

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Dentro de las distintas variantes culturales que coexisten en nuestro mundo, Japón parece seguir una línea paralela al resto. Debido a las particularidades históricas y a diferencias entre la sociedad oriental y la occidental, la escena musical nipona ha tenido mucha menos trascendencia mundial de lo que cabría esperar.

CRYSTAL LAKE ha venido a reafirmar esta característica en este caso en el ámbito musical. Formados en 2002, han tenido una carrera muy irregular hasta hace relativamente poco tiempo. Desde su debut de larga duración en 2006, han sufrido cambios de formación, especialmente en el bajo, del que actualmente prescinden en la formación original, ya que se trata de un miembro de sesión, al igual que la batería. Con tan solo dos discos en trece años de existencia, no fue hasta 2015 cuando consiguieron una estabilidad que les ha dado mayor repercusión mediática internacional. En la escena nacional ya gozaban de mucho éxito, siendo considerados por mucha gente como el mejor exponente del metalcore japonés. The sign y True North les permitieron traspasar las fronteras de su país mientras Apollo, single lanzado en 2017, parece haber sido un punto de inflexión en su carrera. En 2018 presentaban Helix, un quinto álbum en el que reclaman un hueco en el panorama occidental.

Musicalmente continúa la estela de sus dos predecesores, aunque muestra unas influencias más amplias, consecuencia de esa acogida entre los fans de todo el mundo. Partimos de una base en la que predomina el metalcore más melódico, con muchas referencias a WHILE SHE SLEEPS que podremos escuchar con claridad en temas como «Agony» o «Lost forever«. Una de las particularidades más destacadas es la inclusión de sonidos y efectos electrónicos, que nos traslada a un concepto futurista con el que juegan muchas bandas de metalcore contemporáneas. A partir de esta línea Helix juega con distintas variantes que llevan su sonido hasta extremos en ocasiones muy separados.

«Aeon» fue el primer single del álbum y también la canción más potente con la que demuestran su contundencia como banda. Una crudeza define este tema como apertura con un sonido demoledor y una letra desgarradora en la que Ryo es capaz de danzar entre tonalidades del más puro metalcore y pasajes de estilo slam o grind en los guturales.

Dentro de la miscelánea creada en este trabajo podemos ademas encontrar fragmentos capaces de transportar a los más nostálgicos a los años noventa, cuando el nu-metal era el predominante en la escena musical underground; esta llamada al pasado podemos descubrirla en temas como «Devilcry«, «Outgrow» o «+81» con un guiño a bandas como KORN.

A pesar de todas estas idas y venidas en sonido, estilo y formación, este trío formado en base por Ryo, Yudai y Shinya viene con la energía cargada y el espíritu necesario para encontrar su hueco entre los grandes del género.

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