CREMATORY (DEU) – Unbroken, 2020

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Aunque sufrieron de un pequeño parón en su actividad entre 2001 y 2003, pocas bandas pueden presumir de llevar al pie del cañón tantos años como CREMATORY. Defendiendo, además, un subgénero del metal extremo tan delicado como el que defienden, en el que las críticas por no ser lo suficientemente extremos o por no ser lo suficientemente emotivos les han podido caer por docenas. Pero CREMATORY siempre ha estado ahí, siendo fieles a su arte y devolviendo la misma fidelidad que sus seguidores han mostrado a lo largo de su extensa carrera.

Veintinueve años dan para mucho, y es que estos germanos almacenan en los arcones de su discografía nada más y nada menos que quince elepés y un buen puñado de lanzamientos de diversa índole, tales como epés, recopilatorios, splits y discos en directo. No está nada mal. Para seros sincero, mi último contacto con estos germanos fue en 2004, que se dice pronto. Aquel Revolution fue el final de mi conexión con CREMATORY hasta hoy. Y no porque no me gustase, ojo, pero a veces pasa que dejas de escuchar una banda durante un tiempo y la olvidas hasta que de pronto un día ves que sacan disco y sientes curiosidad por ver qué ofrece. Así exactamente ha sido en este caso, editando su nueva obra a través de Napalm Records y demostrando que siguen en forma, pero con unos cuantos peros de por medio.

Para empezar, y nunca mejor dicho, ese primer corte, “Unbroken”, que da título a este redondo y que supone una auténtica lamida de asterisco a sus fans incondicionales, rozando lo cursi y lo facilón, con una letra igualmente cursi y simplona. Y qué decir cuando un disco comienza con un tema que no te seduce en absoluto… Sólo queda esperar lo peor. Por suerte, el tema que sucede a “Unbroken” arregla bastante esa pretenciosa entrada, endureciéndose todas las líneas instrumentales, así como las vocales. “Awaits me” representa bien a los CREMATORY a los que perdí la pista con aquel Revolution, haciendo lo que tanto tiempo llevan haciendo como nadie: un metal industrial con fuerte componente gótico, pero movidito y machacón, manteniendo esos guturales de la época en la que todavía se podían clasificar dentro del espectro death metalero.

Sí, este Unbroken en efecto tiene algunas de las mejores cosas que CREMATORY sabe que tiene y así lo demuestra. Un buen ejemplo son esos fantásticos y variados teclados marca de la casa, que desprenden melodía y atmósfera y aportan armonía, siendo casi los principales protagonistas de la instrumental. Por supuesto, también siguen incluyendo voces limpias muy bien ejecutadas, con buen color y tono, pero que se hacen a veces demasiado emotivas para la ocasión, pues son más cercanas al típico grupo metalcoreta de instituto de los 2000 que lo que yo espero en una banda de metal industrial. Además, me da la sensación de que algún día le dijeron a Connie Andreszka que cantaba bien y desde entonces necesita tener más protagonismo del que considero que debería tener en CREMATORY. A pesar de que me parece una voz bonita, no la termino de encajar dentro de este álbum. Prefiero mil veces antes cuando Felix hace voces rasgadas que los limpios de Connie, que se me antojan pesados.

Aparte de los ya mencionados teclados, vale la pena comentar el gran trabajo en los arreglos de carácter electrónico, que representan la mayor carga industrial de Unbroken. Me gusta que se coquetee dentro del industrial con recursos más propios del synthwave o del techno, pues de esta manera se enriquecen muchísimo todos los aspectos de los estilos que podamos encontrar dentro de este LP.

El problema es que cuando haces metal de este tipo, en el que las opciones son bastante limitadas (a no ser que te adentres en lo experimental o el avantgarde), o haces los discos cortos o pueden llegar a convertirse en auténticos peñazos, que es lo que me ha pasado a mí con este. Una hora y seis minutos que se hacen bastante cuesta arriba desde poco antes de alcanzar el ecuador de la obra, pues llega un momento en que todas las canciones parecen iguales. Sinceramente, creo que hubiera apreciado mucho más este nuevo ejercicio de los de Mannheim de haber durado la mitad. A veces menos es más.

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