CRAWL (SWE) – Rituals, 2018

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Bandas «tributo» a un sonido hay muchas, pero que suenen creíbles ya no tantas. Es difícil innovar, ya todo está inventado, lo cual no quita para que puedas ser original en la mezcla, en tu forma de ver las cosas o en tu propia interpretación de la música. Pero si decides ser devoto de un estilo muy particular, ahí no caben más experimentos que el tratar de sonar como lo harían aquellos que te sirven de inspiración, y llevarlo a tu terreno con convicción y energía. En ese sentido los suecos CRAWL han conseguido en este «pequeño» trabajo (pequeño en duración, grande en contenido) un buen ejemplo de cómo tiene que sonar el death metal sueco de principios de los noventa del siglo pasado, pero consiguiendo transmitir la energía que esta música precisa sin sonar a mero pastiche. Rituals es puro Skogsberg sonoramente hablando, y en algo menos de media hora hará que no dejes de cabecear y de sorprenderte por los profundos alaridos de Joachim Lyngfelt, que no en vano proviene de DECOMPOSED y DRAP, y del sonido pastoso de las guitarras de Martin Sjögren (que también se encarga del bajo en esta grabación).

La base de CRAWL está clara desde que empieza a sonar, pues el sonido es puro DISMEMBER, unido al aire más agresivo y crepitante de ENTOMBED y CARNAGE. La voz de Lyngfelt es de las más cabreadas que he escuchado en mucho tiempo (de hecho me recuerda bastante a un «foráneo» no perteneciente a la escuela sueca: Martin van Drunen de PESTILENCE y ASPHYX). Y finalmente los patrones rítmicos de Ämir Batar adquieren tintes rockeros y crusties que me hacen pensar en DESULTORY (además de, nuevamente, en los citados ENTOMBED). Nada de lo que digo sonará desconocido ni novedoso. Pero CRAWL consigue enganchar porque no ocultan sus influencias y sacan lo mejor de sus referencias para dar como resultado un trozo de plástico muy orgánico y vivaz que se quedará grabado a la primera y que te hará desfasar sin darte cuenta. La clave es la producción y sobre todo una forma de componer muy directa y sin cambios ni florituras innecesarias.

En lo que al sonido se refiere, la referencia a Skogsberg es clara: guitarras pesadas y fofas pero al mismo tiempo melódicas, con un bajo siempre presente que aumenta el cuerpo y una batería que suena bastante noventera, al menos en los platos. Pero CRAWL ha querido ir un paso más allá y ha dotado a todo de un halo de «enchufa y toca» que se transmite al sonido. Los acoples iniciales antes de comenzar un tema, los marcajes de ritmo de Batar… parece que CRAWL haya grabado todo en una sola toma de principio a fin. Es lo que decía al principio: esto les da credibilidad, transmite entusiasmo y más energía que si se limitaran a imitar lo que se supone que debe ser el death metal sueco del siglo pasado. En definitiva, les hace destacar sobre otros clones o similares compañeros de recreación musical.

En lo que a las composiciones se refiere, no hay nada demasiado complejo ni rebuscado. El espíritu crust sale a relucir aquí con temas que, salvo una excepción, nunca llegan a los tres minutos y tiran de crudeza y minimalismo. El disco es corto, pero así consiguen que se haga más corto aún y que la debacle que empieza con «Reject the cross» se mantenga a lo largo de todo el trabajo sin punto débil, ni tan siquiera en los temas más groovies y pesados como «Trail of traitors» o el postrero «Coven of servants«, que es el más largo del disco, le pone el broche final y acaba de forma apocalíptica con acoples sonoros por todas partes, aumentando esa sensación de falso directo que desde el primer momento uno tiene escuchando a CRAWL.

CRAWL no inventa nada ni lo pretende. Rituals es simplemente un divertimento muy bien hecho para los que amamos el death metal sueco de libro, de ese que luchaba mano a mano con la escena americana el siglo pasado y que creó escuela hasta que el black metal empezó a inundar las estanterías de las tiendas de discos y la melodía incrementó su peso en los que aún se mantuvieron en la senda del death. Puro culto al death metal sueco más crepitante.

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