COSTRA (ESP) – Es una costra nostra, 2018

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El mundo del goregrind da para mucho más de lo que se piensa. El objetivo de este género, o al menos así lo veo yo, es pasar un buen rato con exageraciones visuales y líricas, que la música te haga mover el cuerpo aunque no quieras y, en definitiva, que te despolles con temáticas tan apetecibles como grotescas. Dentro de esta pretensión hay muchas formas de acercarse. A mí particularmente, siguiendo la estela de grupos como ROMPEPROP, me gusta la de aquellos grupos de sencillez absoluta, que se tienen aprendido los cuatro o cinco mandamientos del goregrind y no van más allá, y que tienen sentido del humor. En este sentido tenemos por aquí grupos como COCKOROCH o los ya veteranos MOÑIGO. Precisamente dentro de este ámbio, el de Edu y sus compinches y el sello Semen de orco muerto, surge también COSTRA, trío que debuta con Es una costra nostra, una delicia para los oídos y los estómagos.

COSTRA nace de tres habituales de la escena madrileña. Dos de ellos, Christian y Javier, aquí apodados como Güistian y Wibarro, ya los podemos encontrar en WINTERHORN y ahora se lanzan a un género tan diferente del death metal melódico como es el goregrind más rítmicio y sucio de mente. El tercero en discordia, Danthor, añade otro grupo a su colección (y van más de una docena si no me falla la memoria), ya aquí como Wijander, pone su guitarra afinada en el subsuelo para que, a base de riffs pegadizos y podridos, no dejemos de mover la cabeza (labor importante también la de Wibarro para dar aún más sonido grueso y engorilado con el bajo, todo ello al más puro estilo MORTICIAN). El propio Danthor se encarga de registrar este trozo de papel higiénico lleno de restos fecales, con un sonido muy clásico en este tipo de sonidos, añadiendo una batería programada (que ellos llaman Germán).

Para ser un disco de goregrind en un sentido muy clásico y arquetípico (y creo que ahí radica su mayor bondad, porque COSTRA sabe lo que quiere y no se anda con florituras), es también extenso. Casi cuarenta minutos y catorce temas (aunque haya pasajes de películas que introduzcan los cortes, no son excesivos), y sin embargo uno no deja de cabecear. Saben combinar bien todos los posibles ritmos y estructuras que da de sí este género. Mis favoritas son “Gordo cabrón“, que es una de las más variadas y cuyo estribillo se queda más fijo; “Amor lacerante“, donde meten unos patrones rítmicos muy groovies; “El macho“, por sus coros y ritmos contenidos; y sobre todo “Daisy la oveja“, que en directo debe ser un despiporre, al igual que “Demonio fecal“, donde colabora el propio Edu de MOÑIGO, como no podía ser de otra manera.

Pero lo mejor en COSTRA son sus letras, que ya habréis podido adivinar viendo los títulos que he mencionado: amor romántico por un cortacésped o por una oveja, la tierna Daisy, coprofagia y satisfacción sexual ante los truños de tu alma gemela, tetas asesinas, consoladores gigantes, calvos con la líbido subida, amor por las verduras, la descripción del “macho español” (acompañado de un extracto de un vídeo de la televisión vasca donde aparecía un personaje cantando la canción del verano, “ay que te como el txitxingorri“…). Todo amenizado con samples de películas, con especial presencia de Austin Powers (el Gordo Cabrón y el Doctor Maligno aparecen unas cuantas veces), pero también Borat o Todo lo que usted quería saber sobre el sexo, pero temía preguntar de Woody Allen entre otras. Además, una cosa a destacar es que, dejando a un lado cuando pone el gruñido de cerdo en plena matanza, a Christian se le entiende bastante bien la vocalización, y eso que la voz que pone es mucho más gutural que en WINTERHORN, consiguiendo que te descojones cada vez que escuchas el disco.

COSTRA son pura costra. Goregrind desternillante y costroso, bien podrido y engorilado para pegarse bailoteos y echarse unas risas con las exageraciones líricas. Es una costra nostra no estará entre lo más virtuoso del 2018, pero entre lo más divertido sí, así que ya sabes: que la costra te acompañe.

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