CONAN (GBR) + WITCHKISS (USA) + CONCLAVE (USA) – Boston – 26/06/19

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Aprovechando la visita a mi hermano al otro lado del Atlántico y nuestro amor por el metal, el miércoles 26 de junio nos bajamos al barrio coreano de Boston: tocaban la vanguardia del doom CONAN acompañados por los psicodélicos WITCHKISS y los furiosos CONCLAVE. El lugar elegido era el Great Scott, un típico pub de Nueva Inglaterra con escenario y una barra llena de grifos de cervezas artesanales. El principal culpable de la noche era Grayskull Booking, uno de los principales promotores del metal underground y no tan underground de Massachusetts.

Cruzamos las vías del metro-tranvía hacia la puerta del local, que da a un bullicioso cruce. El guardián de la entrada, la versión stoner de Blayne Smith, nos da la bienvenida: lo primero que vemos es el merch de CONAN al que, como fan y cuervo, me lanzo para comprarme una camiseta (la del musicalmente-no-tan-genuino primer EP Horseback Battle Hammer, cuya portada es cojonuda). Nos pillamos la popular y barata cerveza Pabst Blue Ribbon o “PBR”, hablamos un rato con Alex Fewell, el camarero y batería de BLACK MASS, y nos acercamos al escenario.

Sin perder el tiempo en presentaciones, CONCLAVE (doom/sludge metal de Massachussetts) entran con el pesado riff del single “War stalks the land”. Jerry Orne (bajo y voz), sonriente en el stand del merch, grita ahora muy enfadado. Jeremy Kibort (guitarra y segunda voz) enseguida aporta melodía con un solo mientras Chris Giguere le apoya con la otra. Con pocos bpms pero muchos breaks está Dan Blomquist . A pesar de que la voz destaca demasiado entre el conjunto, la atmósfera oscura vuelve con el “candlemassiano” “Black lines” (del LP Sin of the Elders, Lost Apparitions Records). El juego alrededor del tritono diabólico entra realmente bien y aleja al grupo del sludge más primitivo (véase PRIMITIVE MAN como el ejemplo extremo) hacia terrenos más clásicos. Sin embargo, es el contraste de Jerry, con su voz crust sin pretensiones y poco melosa, lo que me provoca la carne de gallina. “Aethereum”, que bebe directamente de BLACK SABBATH, pone de manifiesto el contraste de técnica y sonido de ambas guitarras, siendo la de Jeremy superior. Mientras tanto, entre un público algo disperso, se encuentra un chaval con espaldera de BATHORY que no para de headbangear en primera fila. El corto acto termina con “Haggard”, un tema del álbum que saldrá el año que viene, así que estad atentos. Mientras tanto, si queréis disfrutar de vibraciones parecidas en directo en suelo ibérico, id a Galicia para ver a KURSK.

Fuera del local el metal está servido. A mis pies cae un bastón negro coronado por cuatro cráneos cromados. Recogerlo y devolvérselo a su dueño es la excusa perfecta para iniciar una conversación con la escena local. Este tipo, tatuado hasta la cara, con pocos dientes, la barriga lacerada y sin un cabello, ha venido a celebrar la extirpación de un tumor maligno obviando las recomendaciones de su médico.

Toca volver, pillarse una pinta de la artesanal Nitro (la milk stout de Left Hand Brewing) y entrar en una órbita de microgravedad con los WITCHKISS. Por alguna olvidada razón tengo garabateado “dystopian nightmare” en mi bloc de notas bajo el nombre de la banda neoyorquina. No es el título de su único álbum (The austere curtains of our eyes, independiente) ni una banda según la Encyclopaedia Metallum. Tal vez tiene que ver con el ambiente drone y ominoso con el que este power trio comienza su show. Los focos rojos ocultan los rasgos de Scott Prater (guitarra y voz), Amber Burns (batería y voz) y Tyler Irish (bajo) mientras va despegando “A crippling wind”. El doom psicodélico envuelve la sala y cimienta un aire muy alejado del primer concierto. Ora tintes de UFOMAMMUT, ora reflejos de SOMALI YACTH CLUB. Multitud de pedales aportan a las cuerdas un sinfín de efectos mientras que la batería mantiene una eterna cadencia de unos 60-70 bpm, intercalada con largas pausas. La voz femenina cobra mayor importancia en “Spirits of the dirt”, aportando las vocalizaciones perfectas para la construcción atmosférica. Aquí, un público local muy acostumbrado a los violentos mosh pits se puede relajar (excepto el chaval de BATHORY), aunque algunos pasajes lentos traen a la memoria esos momentos en el zoo de cuando veíamos a los leones no hacer nada. La transición hacia el tema inédito “Burns” es casi imperceptible y el concierto, de tres extensas canciones, se vive como un bloque indivisible. Más tarde me enteraría de que la audaz apuesta de Amber como cantante cobrará mayor protagonismo en los próximos trabajos, que podéis seguir en su Bandcamp.

El aroma de la legalidad impregna la terraza (el uso recreativo del cannabis en Massachusetts está permitido desde 2016), pero son los CONAN los que nos ahogarán con su humo acre, afinados en drop F. Ahora la sala está petada y cuesta adelantar filas. Los ingleses Jon Davis (guitarra y voz), Chris Fielding (bajo) y Johnny King (batería) presentan su LP Existential void guardian (Napalm Records), abriendo con “Prosper on the path”. La adrenalina se desata a partir del cuarto minuto cuando unos cuantos coreamos “living dying nothing” en el marco rítmico que hace a esta banda tan destacable (¿hablamos ya de speed doom metal?). La descarga de energía continúa con los nuevos temas (“Eye to eye to eye”, “Vexxagon«) intercalados con otros más antiguos (“Throne of fire”, “Gravity chasm”, “FoeHammer”). A mitad de concierto llega el clásico que esperaba: “Hawk as weapon”, del primer LP Monnos. Con este tema apuntalaron su sonido único en un ecosistema saturado de bandas doom y stoner: riffs dinámicos, ritmos pegadizos y valentía en subir o bajar los bpms cuando se les antoja, todo esto sumido en una pesadez sludge. El show continúa con el último single y heredero musical “Volt thrower” (por cierto, echad un vistazo al homenaje que le hacen a El Señor de los Anillos de Bakshi en su clip). La cortante voz de Jon no da cuartel, al que se le suma Chris con un segundo micro mientras Johnny, última incorporación, muestra su talento con un complejo juego de batería. Temas de otros álbumes (“Total conquest”, “Battle in the swamp”) se acomodan en el tracklist. Este último, a través de uno de los riffs más memorables de la fiesta de la ciénaga, tiene la inercia suficiente para lanzar “Paincantation”: la brevísima sorpresa de estilo death del último trabajo que, a su vez, sirve para cerrar repentinamente un mononlítico concierto.

Es miércoles, la noche acaba aquí. Todo el mundo se dispersa, toca madrugar y nosotros dos nos montamos en nuestras bicis: aún nos esperan cuarenta minutos para atravesar la ciudad.

Texto y fotografía (cutremente improvisada):

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