COMEBACK KID (CAN) + NASTY (BEL) + BROTHERS TILL WE DIE – Madrid, 01/02/2018

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El inicio de febrero se planteaba muy intenso en lo que a sonidos hardcore y sus derivados se refería. El mismo fin de semana que los Bershka del metal venían a Madrid (METALLICA por si alguno se ha perdido), comenzábamos el mes con unos viejos conocidos del público español, que no por veces que se les haya visto la gente deja de responder, COMEBACK KID. Ni veinticuatro horas después le tocaba el turno a los hardcoretas de Masnou, ANAL HARD (de los que también daremos buena cuenta con otra crónica en Subterráneo Webzine). Y ese mismo día, avatares del destino, a menos de un kilómetro de distancia tocaban NON SERVIUM recordando que Madrid será la tumba del (pu..) fascismo. El que tuviese cuerpo y ganas podría ser víctima de algún tipo de abducción conciertil durante tres días seguidos (en mis costillas lo llevo…).

En el caso que nos ocupa, los canadienses COMEBACK KID volvían a la capital, aún con ese Impericon Never Say Die Tour junto a TERROR y STICK TO YOUR GUNS y sus innumerables visitas al Resurrection Fest en la cabeza. El tenerlos tan a menudo entre nosotros no fue óbice para que la Sala Caracol presentase una entrada de más de tres cuartas partes con unas 400 almas que al principio dejaban espacio para bailes y acrobacias múltiples, pero con los cabezas del cartel generó que aquello estuviese apretado aunque sin agobios. Caras conocidas de casi todos los conciertos de este tipo (aunque pocas repetirían al día siguiente con ANAL HARD, que no por ser más underground son menos interesantes, pero no seré yo quien critique el fichaje de pose…) y muchas ganas era lo que había en el ambiente antes de empezar.

Y puntual fue el inicio con los locales BROTHERS TILL WE DIE, otros viejos conocidos y muy queridos en la escena hardcore, aunque envueltos últimamente en una ridícula polémica sobre la participación de dos de sus miembros como extras en un vídeo pornográfico, que les ha hecho tener que salir al frente a dar explicaciones que eran innecesarias solo por las ganas de protagonismo de otros. Como el propio Felipe comentó, agradecían el apoyo y la presencia de todos como motivación y fuerza para seguir adelante en situaciones tan incómodas e inútiles como las que estaban pasando.

Bajo el enorme telón con el logo de la banda de fondo, y con la intro de rigor sonando, salieron BROTHERS TILL WE DIE puntuales a las ocho y media dispuestos desde el principio, con un sonido muy bruto pero nítido y un Felipe hiperactivo, a que allí nadie dejase títere con cabeza. Y vaya si lo consiguieron. Eso o el público tenía muchas ganas desde el principio de liarse con acrobacias, cara a caras y bailoteos afines. “The thin line between death and immortality” fue la apertura seguida de “Hand to hand”, y la temperatura de Caracol, pese a que aún no había más que media entrada, ya había subido mucho. “Facta non verba” y “Deconstruction” fueron las siguientes, esta última brutal con sus partes más slam.

Agradecidos a los organizadores y por el trato del resto de las bandas, que según me comentó Alejandro, autor de las imágenes de esta crónica y que pudo acceder al backstage, tenían mucho colegueo y buen rollo entre ellos, BROTHERS continuaron con “Back in the game”, donde tuvieron un bonito gesto de agradecimiento a los fotógrafos y medios presentes. Se quedaban sin tiempo, así que tuvieron que acortar un poco su set y atacaron directamente “Agony loves me” con inicio homenaje a BLACK SABBATH, para acabar con esa versión que tan famosos les ha hecho de “Anaconda” de NICKI MINAJ que ellos han transformado en un producto brutal y divertido a la vez. Media hora de actitud y entrega para callar bocas a los muchos trolls que pueblan el mundo. Así es como se responde.

Les tocaba el turno a los bulldozers de la noche, los belgas NASTY, que eran los que más ganas tenía de ver y que no me defraudaron. En especial su cantante, Matthi, que es un frontman nato para una banda de hardcore como esta, además de que su presencia imponente con tatuajes hasta las cejas y esa A anarquista en lugar preferente en su cuello hace que no puedas perderle de vista. Con un cambio de escenario muy rápido poco después de las nueve y cuarto salían envueltos en una intro electro para pronto atacar la brutal “At war with love” bajo una enorme boca con la lengua fuera al más puro estilo ROLLING STONES. El volumen era sensiblemente superior a BROTHERS TILL WE DIE y el predominio de la guitarra de Paddy también, pero esto contribuyó a que las partes beatdown sonaran estratosféricas.

Matthi no hacía más que pedir que el público se acercase, con cuidado de los fotógrafos que se están dejando el pellejo aquí adelante, pero los pogos y acrobacias eran tan constantes que la mitad de la sala Caracol estaba apretujada y el resto haciendo un círculo delante del escenario. “Fire” contribuyó a esta intensidad, apoyado por los coros del público, al igual que “Dirty fingers II”, otra del último trabajo de los belgas, Realigion que fue el más representado esta noche. Agradeciendo la presencia de todos en multiplicidad de idiomas, “No” hizo que hasta la gente del merch saliese de sus puestos a moverse entre el público, haciendo que “Rock bottom”, “Slaves to the rich” y sobre todo “Forgiveness” dejasen aquello al borde de la ebullición.

La parte final no iba a ser menos intensa, haciendo que el público empezase a animarse a tirarse desde el escenario (calentando motores para lo que luego sería COMEBACK KID). Mirando ya sólo a álbumes pretéritos, cayeron “As the blood runs cold” con un circle pit desproporcionado incluido, “Fire o the people”, “Shokka” y cómo no “Zero tolerance”, todas ellas con Matthi agradeciendo nuestra entrega y satisfecho por lo que veía desde las tablas. Se cerraban así tres cuartos de hora que a más de uno le hizo quedar exhausto… o eso pensé yo, porque aún quedaba el plato fuerte…

Son ya como de la familia, pero la gente no se cansa de ver a COMEBACK KID. Bien es cierto que merecidamente, porque el grupo, las veces que los he visto, no se guarda nada. En esta ocasión venían presentando un nuevo trabajo, Outsider, que siguiendo la línea más ecléctica de los últimos discos es uno de los mejores de su discografía; y al parecer aún faltaba gente por entrar, porque el círculo de baile se redujo a la mínima expresión en Caracol poco antes de salir la banda canadiense. Otro cambio de telón y recolocar su batería en cuyo bombo se podía leer CBK y una hoja de marihuana, y todo estaba listo para que salieran con “Do yourself a favor” y aquello se reventase un poco más.

Ante la falta de espacio el respetable decidió utilizar también el escenario como lugar de presencia, lo cual generó que Andrew Neufeld y sobre todo el bajista Ron Friesen (cuyo micro se cayó mil veces) tuviesen que esquivar a más de uno o darle protagonismo incluso con el micro a algún que otro “pesado” que empezaba a creerse el dueño del escenario. Aun así todo fluyó sin problemas y asegurando la diversión tanto arriba como debajo del escenario. Incluso para la pareja de guitarristas, que eran los más centrados, aunque también Jeremy Hiebert tuvo su protagonismo detrás de su guitarra con apología del veganismo impresa.

Surrender control”, con ese estribillo tan coreable, fue la primera del nuevo en caer, seguida de “G.M. Vincent & I”, todo con un sonido que al principio hacía perder un poco de fuerza a Andrew, pero a estas alturas ya sonaba sobresaliente. La primera referencia a Wake the dead fue “False idols fall” desatando un poco la locura en Caracol, tras la que Andrew pasó a recordar la fecha con TERROR y a presentar dos nuevos temas de Outsider, otra coreable, “Somewhere, somehow”, y la más cañera “Absolute” que en disco cuenta con el apoyo de DEVIN TOWNSEND y que sirvió para dar pie a un poco de bailoteo crossover tal y como pidió Andrew cuya camiseta aprovechaba para reivindicar a unos compatriotas míticos, RAZOR.

Die knowing también estuvo muy representado, siendo la primera referencia otra muy esperada, “Wasted arrows”, donde se formó el primer circle pit masivo y que se siguió por “Should know better” y la reconocible por el bajo “Talk is cheap”. La cara más punk, que hace recordar que el grupo también bebe de gente como RANCID (como nos recordaba la camiseta de Stu Ross), salió con “Broadcasting” y la pegadiza “Didn’t even mind”, mientras que la fuerza del hardcore volvió con “Partners in crime”, que contrastó con la “corta y pega” “Hell of a scene” que no termina de arrancar nunca.

La única referencia a su debut fue la conocida “All in a year” que fue utilizada por Andrew para saludar a NASTY y BROTHERS TILL WE DIE y para agradecer a HFMN y sobre todo a los organizadores del Resurrection Fest, a su juicio uno de sus festivales favoritos. Para el final se reservaron tres temas que hicieron que Caracol no dejase de ser un circle pit constante, la propia “Die knowing”, “Lower the line” y como no “Wake the dead”, cerrando así una hora justa de intenso concierto sin paradas, que a todos en general y a mí en particular nos dejaron muy satisfechos.

Mi duda era si al día siguiente en ANAL HARD, CUERNOS DE CHIVO y 13 SEGUNDOS la respuesta sería igual, esforzándose el propio Kike de Critteria en repartir flyers a la salida de COMEBACK KID. No estuvo mal, como ya leeréis, pero uno sigue teniendo la sensación de que hay conciertos en los que “hay que fichar” (lo que no quita que luego sean conciertazos) y otros en los que no se valora lo que se tiene.

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