COLOSSO (PRT) – Apocalypse, 2020

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COLOSSO es una de esas bandas del underground internacional que por el efecto Sr Burns y sus enfermedades (es decir, demasiados grupos para nuestra limitada capacidad de absorber y comprender la máxima cantidad posible) quedan en un segundo plano, aunque cualitativamente merezcan mucha más atención de la que reciben. En el caso que nos ocupa, la banda comenzó como un one man band de Max Tomé, natural de Oporto, practicando un death metal denso y técnico en su ópera prima, Abrasive peace (2012), muy al estilo de los primerísimos GOJIRA o ULCERATE. A lo largo de los siguientes años el proyecto fue adquiriendo miembros a medida que se sucedían un par de EPs, hasta convertirse en una banda completa. Por el camino la música se fue volviendo cada vez más diversa hasta llegar a su punto culmen, Obnoxious (2016), perdiendo en densidad pero ganando en elementos progresivos, ambientales y electrónicos. Sin embargo al año siguiente Tomé volvía a estar solo, lanzando en 2018 su última obra hasta la fecha, Rebirth, que, sin ser mala, digamos que se notaron demasiado las bajas en la banda portuense. 

Con estos antecedentes nos situamos en 2020, cuando el proyecto de Max se presenta con un EP de cuatro temas bajo el amparo discográfico de Transcending Obscurity, y con el atractivo de un cantante distinto para cada corte, dedicados a cada uno de los jinetes del apocalipsis. Ni la idea ni el concepto lírico son lo más original del mundo, pero no quita que haya curiosidad por ver qué ha hecho la banda tras unos cuantos años convulsos. 

Como era de esperar, cada voz da forma al estilo de death metal que COLOSSO plantea en los cortes. Así, «Pestilence«, con sus ocho minutos de death/doom opaco cual chupito de petróleo, lleva la lírica de Guilherme Enriques del grupo portugués de funeral doom OAK (y es que Tomé ha optado por el proteccionismo y todos los músicos invitados, salvo el batería Robin Stone, son de la escena undeground lusa).

«War«, con un nombre bastante apropiado, opta por el enfoque del death metal de la vieja escuela más machacón, tipo MORBID ANGEL con el acelerador puesto. Y como en «Pestilence«, el cantante invitado también juega en casa en términos de estilo, siendo Sérgio Afonso de SCENT OF DEATH el encargado de tales vicisitudes. Pero ha sido con «Death» con la que me he llevado la mayor sorpresa. Si las canciones anteriores tenían títulos que encajaban con las sonoridades presentadas, esta invitaba a redundancia masiva y sin embargo representa el lado más distinto de la banda no sólo en este trabajo, sino en su carrera entera, dando pistas de a dónde podría evolucionar el grupo tras este EP, ya que esta canción es el única sin invitados al micrófono. Voces y tonos limpios que llevan a pensar en FALLUJAH por ese ligero toque etéreo que envuelve todo el tema. Un doble acierto no sólo por mostrar un camino inédito, sino también para bajar el nivel de pesadez que lleva el EP hasta ahora. Y más cuando «Famine» directamente se zambulle en el brutal death metal. De hecho, quien presta su ayuda es el hasta hace poco cantante de ANALEPSY (así que tampoco creo que hagan falta muchas más explicaciones).

Podemos ver este EP de dos maneras. Por separado es una fiel representación de cuatro variantes del death metal clavadas nota a nota. Mirando al total de su discografía es una rara avis, pues hay relativamente pocas similitudes con lo que ha estado haciendo COLOSSO hasta la fecha. Más que una falta de identidad realizada de modo consciente, es un punto y aparte en la carrera de los portugueses. Un experimento aislado que puede que tenga (o no) influencia en momentos venideros. Dudo mucho que haya otro juego a cuatro bandas de manera ampliada.

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