COBALT (USA) – Slow forever, 2016

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cobalt01No tengo reparos en admitir que, hasta hace poco no conocía a este dúo de Colorado y que, por ende, me he empapado de toda su discografía con sumo gusto, muchísimo. Podría haber ido a lo fácil y rápido y haberme limitado a destripar este Slow forever, pero como lo sencillo no me gusta, decidí documentarme bien, algo que mis oídos han agradecido mucho. No sería extraño decir que, si COBALT fuesen noruegos, habrían tenido mucha más fama, pero han tenido que nacer en Estados Unidos, y ya sabemos que los integristas del black metal consideran todo lo surgido en la parte norte del nuevo continente una basura, automáticamente. Pero COBALT, cual hormigas, se han empeñado a hacerse camino poquito a poco en el undeground metálico. Si ya tienen una buena base de seguidores, tras este Slow Forever, los aumentarán.

Han pasado siete años desde la salida de aquel sobresaliente Gin, y aunque suene a tópico, Slow forever se esperaba como agua de mayo. Los cambios en el dúo han sido notables, marchó Phil McSorley, cantante desde aquel lejano War metal de 2005 y en su lugar tenemos a un Charlie Fell que salió de malas maneras de LORD MANTIS. Pero la cabeza pensante y ejecutor de toda la música, Erik Wunder, sigue aquí, moldeando su monstruo como le da la gana (si alguien esperaba ver una influencia de LORD MANTIS gracias a su nuevo voceras, mal va encaminado).

El sonido de COBALT ha variado, tal y como era lógico, pero los cimientos son los mismos. Así, Slow forever sigue siendo un álbum difícil de digerir para sacarle todo el partido, al igual que sus predecesores. Asusta que se componga de dos CDs, que comprenden 84 minutos de música, pero recordemos que Eater of birds, su segunda obra, eran “sólo” 70 minutos, y a pesar de eso, ya os adelanto que dicho disco era bastante más denso que su nuevo opus.

Aunque cueste varias escuchas cogerle el tranquillo, ya con “Hunt the buffalo” nos dan con la primera sorpresa en la cara, y que estará presente en todo el trabajo, debido a que la influencia stoner es bastante palpable. Puede que los norteamericanos siempre hubiesen jugado hasta ahora con el black metal y otros subgéneros lentos, especialmente el doom y el sludge, pero este ambiente sureño que recrean en unas cuantas ocasiones, y que sustituye al ambiente ritualístico que había en Eater of birds y especialmente en el escalofriante Gin, supone el cambio de forma (que no de fondo) que antes mencionábamos. En otras palabras, siguen siendo COBALT, pero han variado parte de su ropa, y aunque nos puedan gustar más las vestimentas antiguas, se han cosido muy bien el nuevo vestuario.

Siguen, por supuesto, los temas instrumentales cortos, que lejos de ser intrascendentes, suponen la transición perfecta entre los cortes de mayor duración, y que hacen de su álbum un conjunto indisoluble (no son una banda de singles, precisamente) que, como no, tiene que ser escuchado de una sentada, aunque las primeras veces acabemos saturados (y las siguientes también, pero lo disfrutamos más). Sólo que en Slow forever, por aquello de tener mayor minutaje, hay más canciones transicionales, tres en concreto, pero siguen ejerciendo su labor a la perfección. Aquí no sobra ni un sólo minuto.

Pongo mi ejemplo favorito, con “Iconoclast”, que precede al tema homónimo, siguen la misma melodía y sin problemas podrían haber ido juntas en la mezcla final del disco. Piezas en las que, por cierto, noto bastante preferencia por el post metal, buena prueba de que los americanos son culos inquietos y siempre quieren abarcar nuevas sonoridades.

Hay pocos tempos rápidos, menos quizás que en Eater of birds y Gin, predominando los medios tiempos en su lugar. Tal vez culpa de las nuevas influencias, con la meta de crear un material más agónico y desesperante. Parece que el tema nunca se va a acabar, son incapaces de soltarte, pero tu al final tampoco quieres escapar, se establece una relación casi hipnótica. Muy apropiado viendo que hay canciones como “Beast whip” que no bajan de los nueve minutos. Eso sí, las influencias stoner no implican que vayamos a caer en un inmovilismo que harían de las canciones un coñazo, no. Los temas varían cuando deben, antes de que la monotonía se apropie de los mismos.

Paradojas de la vida, viendo sus referencias anteriores, Slow forever podría ser el disco menos duro de su discografía, pero no es, ni mucho menos el más accesible, por no decir que esa palabra no está en el diccionario de los de Colorado. Quizás sea el mejor junto con Gin, que marcó su cima en cuanto a influencias oscuras y ritualísticas se refiere. Cada cual luego que elija el que quiera.

firmapablobalbontín

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