CLOUDS (int) – Durere, 2020

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Portada del álbum Durere de CloudsA veces es bueno tomarse un respiro y ver cómo transcurre el tiempo sin más. Llámalo descansar, introspección, reflexión o como te dé la gana. La cosa es que todo el mundo debe parar de vez en cuando y desconectar para estar sano mental y físicamente; da igual si eres extrovertido o introvertido. El tiempo va a seguir avanzando inexorablemente tenga o no tu consentimiento, y le va dar igual que estés muerto o no. En definitiva, las formas de vida seguirán desarrollándose en un ciclo que supongo que algún día tendrá un fin o en su defecto se seguirá desarrollando en algún lugar desconocido para el ser humano de maneras que no podemos ni imaginar. Siempre que haya las condiciones necesarias y vitales para ello, la vida prevalecerá por mucha muerte que haya, claro está.

CLOUDS es un grupo que es capaz de trasmitir todo eso y más sin problemas. Es un don que, si bien muchas bandas de estos estilos comparten, sólo unas pocas elegidas son capaces de llevar y extender de esa manera. Entregan un mensaje universal de manera profunda y solemne sin sonar aterradores, desesperanzadores y, lo más importante, sin provocar crisis existenciales. La belleza de estar vivo es un objetivo que todos buscamos, y una de las muchas herramientas que se pueden utilizar para buscar ese sentimiento en este sinsentido que puede parecer la vida, con todos sus pros y contras, es lo que logran transmitir con su música.

La pulcritud se siente mejor que nunca en este nuevo disco. Súmele una variable distinguible que, si bien han tenido siempre, aquí es explotada de manera que consigue unos resultados más naturales que de costumbre, experimentando una epifanía que revela la teoría del todo y de la naturaleza. Lentos pero seguros, hilan atmósferas en forma de frágiles telarañas que se ven sometidas a los cambios climáticos producidos por los elementos musicales utilizados, entre los que se encuentra el uso de los hermosos teclados. A algunos de esos elementos, sin ser nuevos, sí se les ha dado una mayor importancia, como puede ser el uso el violín de Irina Movileanu, que participa de manera más activa y añade a la música una mayor carga gótica y neblinosa que puede recordar a auténticos titanes como MY DYING BRIDE. Se puede destacar también un mayor protagonismo en pequeñas gotas folk que en ciertas canciones dejan pasajes muy interesantes, enriquecen y recuerdan a cosas como AMORPHIS y, especialmente sorprendente, a los suizos ELUVEITIE.

Lo impresionante realmente es que, aunque todas las canciones son un mundo por sí solas, todas están unidas, formando en el proceso un inmenso continente con el cual hay que fundirse para apreciar toda su historia y todos los movimientos sísmicos que ha experimentado durante su existencia. Conseguir todo eso utilizando fórmulas que a simple vista parecen seguir un minimalismo bien definido no es tarea fácil, pero CLOUDS se las apaña para destacar y sorprender. Sinceramente, el hecho de recurrir, por poner un solo ejemplo, a solos de guitarras puntuales y sentidos en un género como el doom metal atmosférico es cuanto menos sorprendente. No hay momentos alegres como tal pero sí se puede llegar a experimentar cierto sentimiento parecido. El de la gratitud por el hecho de estar vivo a pesar de las penurias que se puedan llegar a experimentar al estarlo. Algo con lo que hay que estar agradecido, supuestamente.

CLOUDS conserva su toque mágico y sigue purificando de forma imparable. Es uno de esos discos ideales para estos tiempos tan pandémicos y surrealistas que personalmente no esperaba vivir, que me siguen pareciendo muy irreales a día de hoy. Eso sí, escuchadlo sólo si tenéis el ánimo adecuado para hacerlo, ya que es un disco muy sentimental y especial en ese sentido. Es tan especial que va a ser uno de mis candidatos a «lo mejor del año», así de claro lo tengo.

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