CIST (RUS) – The frozen casket, 2018

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Personalmente, me resulta cada vez más difícil encontrar grupos de death metal en los que se pueda encontrar un mínimo atisbo de personalidad. O, al menos, una cierta intención de querer hacer algo diferente a lo que se suele encontrar. Ya sea una banda más de la oleada death/black de aire místico que inunda Europa occidental o un clon de ENTOMBED, DISMEMBER o cualquiera de sus homólogos suecos, o incluso un intento de revivir el legado de DEATH por enésima vez, esta tendencia al revival sin más empieza a saturar una escena ya de por sí relativamente exigua en cuanto a público se refiere. Para corregir esta tendencia no hace falta ir a buscar músicos que beban de influencias vanguardistas o progresivas; a veces basta con encontrar la buena combinación que, como un fórmula matemática, se ajuste perfectamente a las necesidades del público. CIST encaja impecablemente en esta definición: no inventan nada, pero tampoco se puede acusar a su música de ser una copia de directa de ningún otro grupo. Por supuesto, las influencias están claramente presentes, pero son tan variadas y están entrelazadas de tal manera que resulta imposible mencionarlas todas en esta crítica. En pocas palabras, se puede decir que el grupo practica un estilo que se podría enmarcar en el death noventero, aunque las influencias del thrash más clásico están muy presentes, probablemente debidas a los orígenes thrash del grupo en su previa formación HELL’S THRASH HORSEMEN. Hasta aquí todo muy típico, no hay ni pizca de innovación, y sin embargo CIST no es un hallazgo frecuente dentro de esta escena.

En un EP de cinco canciones de duración relativamente corta, CIST transmiten un mensaje claro, sencillo y directo. Su sonido a medio camino entre dos estilos, más cercano quizá al death metal en cuanto a estructura musical, son una oda a la contundencia y violencia que destila esta música. The frozen casket está repleto de cambios de tempo y variaciones en la melodía, y consigue no estancarse en la mayor parte de temas. Esto es algo a tener especialmente en cuenta tratándose de una banda semi-debutante. El EP presenta, además, una buena cantidad de solos y punteos que, si bien no son los más originales que se pueden encontrar, están ejecutados a la perfección y son tremendamente efectivos. Todas las canciones del trabajo destacan, aunque quizá el tema más definitorio para entender de qué va esto es el primero de todos, “Antisceptic“, pues desde el segundo cero nos agrede con un riff al más puro estilo de los temas más rápidos y agresivos de ASPHYX.

Y precisamente ASPHYX es una referencia que viene inevitablemente a la cabeza al escuchar el trabajo del vocalista. La voz brutal y desgarrada recuerda enormemente a Martin Van Drunen, una de las grandes voces del death a nivel europeo, y probablemente también a nivel mundial. Este hecho podría tacharse de imitación, pero siendo algo poco común y que aporta tanto al estilo, dudaría seriamente a la hora de acusar al grupo por ello. El resto de instrumentos funciona como un engranaje perfectamente engrasado, ya que cada uno ocupa su lugar y explota al máximo sus posibilidades. Todos ellos se hacen necesarios para confeccionar el potente sonido del que goza el grupo: la batería es suficientemente variada y no llega a cansar el oído durante toda la escucha (aunque faltaría poder escuchar un álbum entero para poder cerciorarse de este hecho) y es una gozada escuchar el bajo, con un sonido metálico que refuerza la brutalidad que destilan estos rusos. Mejores aún son los momentos en los que cobra protagonismo por encima de las guitarras, demostrando una gran pericia tanto a nivel compositivo como técnico. Los juegos a dos guitarras que se encuentran repartidos a lo largo de The Frozen Casket son una prueba más de las claras reminiscencias thrash de las que se nutre la banda. Donde quizá se hacen más evidentes estas influencias es en el tercer tema, “Injected obsession“, aunque no por ello este está exento de variaciones de tempo más propias del death.

Con cuatro años de carrera y un par de EPs a sus espaldas, CIST parecen haber aprendido lo suficiente para elaborar un trabajo contundente y que resuena con voz propia dentro de su estilo. Definitivamente, es un gusto poder encontrar una banda que no recurra a la etiqueta de “old school” como mera excusa de una interpretación mediocre y unas ambiciones pasadas por agua. CIST son un puñetazo en la cara, un puñetazo con una técnica impecable y una calidad indiscutible, y deberíamos prepararnos para lo que pueda venir de esta banda en un futuro cercano.

 

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