CHAPEL OF DISEASE (DEU) – …And as we have seen the storm, we have embraced the eye, 2018

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CHAPEL OF DISEASE es un cuarteto alemán que comenzó su andadura musical en 2012. Su debut, Summoning black gods, era un asalto de puro old school death metal. Tres años después, en 2015, The mysterious ways of repetitive arts daría un salto evolutivo con un sonido algo más moderno, incorporando también elementos de otros estilos, e iniciando una suerte de fusión que daría otro abrupto giro con su tercer trabajo.

…And as we have seen the storm, we have embraced the eye rompe drásticamente con su pasado y se lanza a una aventura experimental en la que el death metal se funde en una textura setentera, conformando un crossover de géneros tan imposible como cautivador. Esta combinación tiene un punto de partida en común con el Formulas of death de TRIBULATION, aunque en este caso nos encontramos ante una experiencia que instrumentalmente ahonda mucho más en el clasicismo. Baste como ejemplo la transición del tema de apertura «Void of words» que, desde un death metal de instintos tradicionales, incorpora progresivamente elementos rockeros hasta finalizar en un apoteósico solo de guitarra que habrían firmado los mismísimos DIRE STRAITS. En «Song of the gods» sale a relucir ese deje sureño en forma de guitarras melódicas que se yuxtaponen con fragmentos en los que la batería quiere recordar sus raíces extremas, realizando una sorprendente incursión en el black metal en «Null«. «1000 differents paths» hace honor a su nombre mostrando una faceta más de este mutable álbum. Sus guitarras rockeras se oscurecen y la voz de Laurent Teubl alcanza un tono increíblemente similar al de Andrew Eldritch de SISTERS OF MERCY.

Cabría preguntarse cómo encajan todas estas piezas sin parecer una composición deslavazada. En ocasiones puede resultar una mixtura extraña, y cuando parece que has comprendido la dirección musical que CHAPEL OF DISEASE ha querido adoptar, un nuevo elemento hace su aparición transformando su identidad y trasladando el norte compositivo hacia otros lares. No todo el mundo se sentirá cómodo con esta premisa, pero existen algunos factores que logran dotar de cierto significado lo que estamos escuchando. Por un lado el alma de death metal adquiere un tono atmosférico que ayuda a aglutinar los diferentes estilos de una forma más o menos coherente, mientras por otro son las guitarras las encargadas de realizar las transiciones. En apenas un segundo nos encontramos con que una pesada rítmica se transforma en una melodía puramente setentera, arrastrando al resto de instrumentos hacia un viraje que, aunque abrupto, conserva siempre un mínimo de congruencia.

Otro de los aspectos que logran que la mezcla funcione la encontramos en el talento de los propios músicos. La frescura y soltura con la que hacen fluir las notas aportan una sensación muy gratificante de espontaneidad, que en ocasiones llegan al punto de parecer fruto de una jam session más que de un trabajo de estudio.

El death metal, al igual que el resto de los grandes géneros del metal, se haya en una loca carrera en la que los artistas compiten por diferenciarse unos de otros. Bajo una base compuesta por miles de bandas que ejercen prácticamente de homenaje a épocas anteriores, una vanguardia de nuevos compositores exploran constantemente nuevas fórmulas así como la fusión inverosímil de otras ya conocidas. CHAPEL OF DISEASE parece haber completado el camino desde los primeros a los segundos, y no cabe duda de que ha logrado una carta de presentación tan arriesgada como acertada. ¿Será este el final de su aventura experimental o aún habrá lugar para retorcer más el límite de la fusión entre géneros?.

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