CEREBRUM (GRC) – Iridium, 2018

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Por fortuna, siempre aparecen grupúsculos e individuos que deciden no tener por qué seguir las tendencias que, por cualquiera sea el motivo subyacente, se acaban estableciendo como normalizaciones pétreas e inamovibles. Buen ejemplo de ello lo encarnan estos cuatro helenos, que presentan su tercer redondo, Iridium, ahondando en la senda emprendida hace ya más de una década. Poco prolijos en presentar material fáctico, sí, pero que ello no sea aliciente para desmejorar la calidad de lo que realizan. Desde que los viésemos debutar, allá por 2007, con su Spectral extravagance, han continuado sembrando su propio sendero, repleto de identidad distintiva, alejándose de los patrones marcados y tratando de encontrar un sonido que les permita ser reconocidos al primer acorde. Si con su primer disco parecían presentar una nueva y repetitiva banda de death melódico contemporáneo,  con dosis de momentos brutal, retorcidos retruécanos técnicos y alguna indigesta traza de djent, Cosmic enigma, de 2012, despejó tales dudas y nos ofreció una apertura hacia los grandes tesoros musicales del death técnico del pasado siglo.

Iridium compensa los momentos caóticos de su anterior trabajo, ofreciéndonos un resultado más compacto y volcado en los destellos técnicos, estructuras complejas y desconcertantes -en ocasiones demasiado chirriantes- y que, sobre todo, hace desvanecer la pesada losa de la linealidad en la que es bastante difícil no caer en el metal extremo. Nos encontramos ante nueve piezas de un death que abraza lo mejor del legado técnico que pudieran dejarnos unos ATHEIST, NOCTURNUS o CYNIC, a la vez que sabe beber de los manantiales grandilocuentes e hipercargados de la oleada canadiense contemporánea. No obstante, no creáis que nos encontraremos un batiburrillo de influencias sin orden ni atino, pues estos CEREBRUM muestran haber encontrado la clave con la que definirse y distinguir lo que es una influencia de una apropiación. A lo largo de cada pieza nos toparemos con altas dosis de despliegues cromáticos en las cuerdas, un gran trabajo de equilibrio con el bajo y una detallada y preponderante presencia de unas baterías serenas a la par que destructivamente contundentes -faltaría más, cuando te las está grabando nada menos que George Kollias-. Piezas llenas de contrastes estructurales, cambios de ritmo progresivos, pero bastante guiados al símil de la montaña rusa y el argumento circular, con interludios paralizantes en los que recurrir a guitarras limpias de sabor jazzístico, cuerdas clásicas o momentos en los que lucir el bajo de George Skallkos.

Con todo esto, quienes disfruten de poder conservar reminiscencias sonoras de grandes como MORBID ANGEL, a quienes les apasionase el contraste envolvente de pasajes divergentes de ATHEIST y, sobre todo, quien esté prendado de voces como la de Piotr Wiwzarek  de VADER -pues el timbre de Jim Touras no es sino un inmenso homenaje a la voz del polaco-, encontrará en este redondo uno de los mejores enriquecimientos auditivos del año. Quienes gustéis de que os taladre la cabeza una buena metralla de carnaza brutal desde el primer segundo, tendréis a bien deleitaros con cortes como “Euphoric control” y “Gods in trance”. Sin embargo, si lo vuestro es más la ruptura rítmica y la ambivalencia estructural, gozaréis con temas como “Time reversal”, la magnífica “Face unknown” -con todas las papeletas para temazo del disco- y “Absorbed in greed” -con su sonido thrasher incluido en el menú-. También hay temas más flojos donde asoma el fantasma de lo lineal, como puede ocurrir con “Astral oblivion” y “Escape to bliss”, y si aún os quedan ganas de remember, todo un homenaje a las bajadas pre tormentosas de sabor Schuldiner en “Memory hoax”. No sufráis, también hay hueco para un poquito de relax con el interludio instrumental y demencialmente ambiental de  “Cognitive dissonance” -el título se delata a sí mismo-.

En resumen, un disco producido con cariño y esmero, distribuido por los monstruos de Transcending Obscurity, en el que se ha conseguido un buen equilibrio de sabores nuevos y añejos, aderezados con desconcertantes contrastes finales en casi todas las piezas, donde lo melódico y atmosférico no se riñe con lo técnico y brutal. Una buena macedonia que, sin duda, no os dejará indiferentes. Y si es el caso, ya vosotros, ya el que escribe, habría que pedir cita en GAES…

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