CENTINELA – Pura Satisfacción, 2012

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Trece años (o doce más uno, para los más supersticiosos) llevan los albaceteños CENTINELA de trayectoria en el, siempre difícil, mundo de la música. Eso ya supone, de por sí, una buena ocasión para felicitarnos por tener en España un grupo con esta historia y ya ocho discos a sus espaldas…

Trece años apostando por el heavy metal más clásico, dejando aparte producciones más actuales de algunos de sus trabajos, pero arriesgando con su envite inicial, no exento de evolución –algo inherente a todas las formaciones en mayor o menor medida.

Desde 2002 y la salida de su primer largo (exceptuando la demo), siempre he seguido a un grupo que se ha mantenido fiel desde el principio a sus ideas, variando aspectos de su música (eso es cierto), pero respetando ese espíritu inicial tan admirado por los metalheads más clásicos. No obstante, tras aquel Sangre Eterna (2002), y alcanzar el techo con el fantástico La Nueva Ira (2004) –uno de los mejores discos nacionales del nuevo siglo-, CENTINELA ha sufrido un cierto estancamiento a nivel de frescura e incluso de éxito.

Si hace ocho años muchos de nosotros pensábamos que el grupo albaceteño se convertiría en los nuevos ÁNGELES DEL INFIERNO, los “A.D.I” del siglo XXI, no sé si esas sensaciones, seguramente absorbidas por el grupo, influyeron en que éste diera una vuelta de tuerca con Pánico (2006), donde podíamos reconocer (por supuesto) a los CENTINELA de siempre, pero dotados de un sonido en estudio más actualizado y contemporáneo.

Desde entonces, al menos para un servidor, extraviaron la magia de sus comienzos, aun manufacturando trabajos  tan notables como Claustrofobia (2008) o Teoría de la Fidelidad (2009), donde en este último intentaban volver –sin éxito- a sus coordenadas iniciales. Todos buenos discos (no hablaré del EP Espinas del Alma), pero sin el embrujo y seducción de sus primeras obras.

Y este Pura Satisfacción es más de lo mismo. Un disco correcto, incluso notable, con una producción acertada (llevada a cabo en los estudios Volcano de José Cano) y una masterización que le da un óptimo toque final (estudios Rockettes por Alberto Sales). Una base rítmica, formada por bajo y batería, muy contundente (pienso inevitablemente en Decir Que No, claro ejemplo de lo indicado), y unos riffs demoledores, que junto al signo de identidad principal de la banda –el siempre acertado trabajo vocal de José Cano-, hacen de este disco un buen trabajo de heavy metal, sin más, pero tampoco menos.

Disco interesante (por cierto… muy, muy corto, de tan solo 35 minutos) para los seguidores del grupo, pero que no supera el listón de sus mejores trabajos. Libre bien podría estar a esa altura, incluso el inicial Eclipse de Seducción o Memorias, pero sin embargo contrastan con composiciones bostezadas como Hueso y Piel, muy repetitiva, y con un conjunto en que apenas nada sobresale y queda grabado a fuego.

Por cierto, no te dejes engañar por la portada: el disco no es un disco de rock and roll, sino lo que siempre ha sido CENTINELA: heavy metal, ni más ni menos. Pura Satisfacción es un buen ejemplo de ello, y de esa segunda etapa del grupo que algunos de nosotros seguimos y respetamos, pero no alcanzamos a venerar…

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