CEMICAN (MEX) – In ohtli teoyohtica in miquiztli, 2019

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Todavía recuerdo, en el ocaso de mi pubertad, cómo una amiga francesa, pareja de un amigo mexicano, me comentaba que conocía una banda mexicana de death metal que cantaba en náhuatl, lengua oriunda de México. XIPE TOTEC se llamaba aquella formación, nacida en 1996 y que, todavía en activo, practica un death metal muy atractivo, que sumaba a esto de cantar su lírica en náhuatl la inclusión de elementos folclóricos mesoamericanos. En aquellos días, fue de lo más exótico que había escuchado en mi vida.

Pues tras años olvidados en mi archivo cerebral, me puse en contacto de nuevo con ellos al descubrir a la banda que hoy nos ocupa, los también mexicanos CEMICAN. En un intento más de saciar mi inquietud por conocer más bandas de la escena folclórico-metálica mexicana, indagué un poco acerca de si XIPE TOTEC serían o no los precursores de este tipo de sonido, llevándome una grata sorpresa.

Resulta que hay bastantes más bandas mexicanas dentro de este paganismo musical de las que conocía o pensaba. Ya en 1989 surgió INCEST, quienes comenzaron su andadura en el metal practicando un power metal thrasher, aunque solo editaron algunas demos. Tiempo después cambiaron de nombre a TZOMPANTLI, introduciendo en su power metal elementos folclóricos y temática prehispánica, aunque esto ya sería, según mis cálculos, ya entrados los 2000.

Entre algunos de los pioneros (basándome en el año de formación) en el metal extremo prehispánico mexicano encontramos a MICTLAN, XIBALBA (XIBALBA ITZAES, posteriormente), XIPE TOTEC (no andaba desencaminado) o ISAKOATL, quienes comenzaron sus andaduras como WISDOM LAND. Seguramente estas bandas y otras hayan servido de base para que nuevas bandas hayan ido surgiendo posteriormente, para mantener ese rico legado folclórico a través del metal. EK, AMOCUALLI, OCELOTL, XIPE TOTEC KALPUL, CABRACAN, NAHUAL NEGRO o TZITZIMITL… Como veis, esto da para un artículo que es muy probable que acabe escribiendo. 

De todos modos, hoy estamos con CEMICAN, formados en 2006 en Guadalajara, Jalisco. Este In ohtli teoyohtica in  miquiztli es su tercer larga duración, el cual nos disponemos a comentar.

He de decir que me ha gustado bastante este disco. Además de por los motivos obvios (letras en náhuatl, elementos folclóricos) me ha gustado mucho la facilidad con la que han mezclado los diferentes estilos que podemos distinguir en su música, siendo CEMICAN una de estas bandas que no se arruga con atrevimientos. Si bien este disco es mucho más extremo que el otro que he tenido oportunidad de escuchar (Estamos en el valle de los muertos) durante la investigación acerca de la banda, todavía quedan resquicios de power metal en los cortes de In ohtli teoyohtica in  miquiztli, que es como se les cataloga en la mítica Encyclopaedia Metallum. 

En aquel disco de 2015 ya dejaban claro que también les gusta la cera, sobre todo por la inclusión de voces más extremas. Así es también en esta nueva obra, que además nos ofrece voces narradas, coros, voces limpias masculinas y femeninas, variedad de sobra para que no nos resulte nada aburrido. Líneas que no únicamente cantan en náhuatl, sino también en castellano.

En el apartado instrumental, son bastante buenos. Todos se defienden bien a nivel técnico, así que esto sumado a la facilidad que tienen para combinar elementos más propios del power o el heavy metal (sobre todo en algunas guitarras rítmicas, tappings y solos) con otros más extremos, obtenemos una potente mezcla. Tienen black, tienen death, suenan por momentos progresivos… Lo tienen casi todo.

El problema para un servidor es la inclusión de algunos instrumentos de viento que, en según qué ocasiones, desentonan con las melodías de voz, de guitarra o incluso de otros instrumentos de viento. Supongo que será una mera cuestión de tonalidades o escalas, añadido a mi poco conocimiento del folclore prehispánico, pero es la sensación que me ha dado. 

Salvando este ‘pero’, creo que es un disco completísimo, con buena producción y que muestra el potencial de una banda que espero que nunca pierda su identidad. 

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