CATTLE DECAPITATION (USA) – The anthropocene extinction, 2015

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cattledecapitation02Conocí a CATTLE DECAPITATION allá por el The harvest floor, lanzado en 2009. Un gran disco de death/grind que no fue excesivamente conocido, y que, aunque musicalmente ponía los cimientos de lo que estaba por venir, ni por asomo nadie se imaginaba que su siguiente opus podría ser tildado de obra maestra. Y así fue, Monolith of inhumanity era un disco capaz de competir al mismo nivel que cualquier álbum legendario de la historia del metal extremo, y los puso en la órbida de todo y todos. Un reconocimiento mundial muy merecido, que se trasladó en giras igual de amplias, todos querían escuchar de primera mano ese carrusel frenénico de death, grind, progresivo, o como queramos llamarlo. Al igual que el álbum, los directos de los de San Diego, también son excelentes. Lo malo de todo esto es el ¿y ahora qué?

A riesgo de ser acusado de hereje, podría establecer un paralelismo con los SLAYER del 88. Se encontraban en la tesitura de dar continuación a su obra maestra, aunque, ni una banda ni otra eran conscientes aún de la magnitud cualitativa de lo que habían hecho, sí que tenían claro que iba a ser jodido superarse de nuevo. SLAYER optaron por ofrecer un planteamento distinto a su música, pues seguir forzando la velocidad del Reign in blood habría sido absurdo y ridículo.

CATTLE DECAPITATION han optado por algo similar, dentro de sus estándares, claro. Este The anthropocene extinction es un giro musical no radical, pero si exploramos bien la obra, veremos que está patente. Las primeras escuchas dan la sensación de que nos encontramos con más de lo mismo, para bien o para mal. Pero hasta el propio enfoque en la estructura de los temas ha variado, relativamente. Monolith of inhumanity era una montaña rusa, que pasaba de partes lentas, cercanas al slamming death metal, a un grindcore de rapidísimo tempo, en milésimas de segundo, con un Travis Ryan pletórico, mostrando una gran versatilidad en múltiples registros. Aquí, se ha prescindido en parte de la montaña rusa, los temas son más lineales. Pero tiene su razón de ser: Hay un mayor espacio a la melodía, inherente en los veloces riffs que nos sacuden. No quiere decir que en otros álbumes no la hubiese, pero aquí cobra más peso.

Del mismo modo, Travis Ryan opta por dar más espacio a una voz rasgada y melódica, que es relativamente «suave» en comparación con los berridos que suele proporcnionarnos. Es difícil de explicar, pero, tras la voz limpia (en la que tampoco lo hace nada mal), es posiblemete la más inteligible, además de que en esta se aprecia mejor su característico timbre de voz y hace a las secciones donde está presente, más pegadizas.

La experimentación, aunque no es algo evidente y notable, ahí está, en pequeñas dosis como las ya comentadas, incluso se atreven, también en pequeña medida, a meter elementos industriales, pinceladas que oímos en los primeros compases de Plagueborne o el interludio The burden of seven millions, que ayudan a dar ese toque apocalíptico que tanto gusta a los norteamericanos. Sí que he echado en falta cierto tema que conserve un aura épica, como Regret & the grave o Kingdom of tyrants, y que siempre lograba que te llegase al corazón y no sólo a la cabeza, y considero que Pacific grim no llega a ser tan bueno como los otros citados. No es algo que le reste puntos, es una preferencia puramente personal. No falla, eso sí, la tradición de incluir un tema tranquilo antes del apocalipsis final y Ave exitium resulta tan bella e hipnótica como cabría esperar.

¿Estamos ante su mejor obra? No, Monolith of inhumanity era prácticamente perfecto. Se quedaría, en cambio, en un podio. Pero sí que llama la atención que es su disco más melódico e incluso me atrevería a decir que el más «accesible». Pero que esto no lleve a error, al fin y al cabo estos son CATTLE DECAPITATION, y la velocidad, la técnica y el cafrerío están a la orden del día. Más melódicos o no, su sello de identidad lo impregna todo. Siguen funcionando y sonando como una máquina de triturar cuerpos, y sus letras siguen siendo tan ofensivas y misántropas como siempre. Su único fallo es haberse puesto un listón exageradamente alto, pero muchísimos matarían por hacer un arma de destrucción masiva como este disco.

firmapablobalbontín

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