CABEZA DE CABALLO – Dolmenn, 2016

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cabezadecaballo10Desconocía por completo a CABEZA DE CABALLO, y eso que soy un culo inquieto en lo que al stoner y demás géneros psicotrópicos se refiere. Y he de admitir que, en mi ignorancia, lo que captó mi atención sobre ellos fue el teaser de su álbum. Algo que, en muy pocas ocasiones, suele ocurrir; o ya me interesan, o no voy a caer en preescuchas que por lo general no sirven para presentar un disco. Mi norma suele ser: “deja los teasers para el cine y la televisión”.

Pero, que se me lleven los demonios si no sentí curiosidad por saber quién era esta banda tras el escaso minuto en el que me vendieron la moto con imágenes sacadas de una de las leyendas urbanas más oscuras y rebuscadas de internet.

Una figura en un edificio abandonado, con una ventana de fondo, desde la que se ve algo de vegetación. Una enigmática figura con una máscara como la de los médicos de la peste negra, que hace gestos con la mano, mientras una serie de interferencias  interrumpen las imágenes.

Si buscáis en la red, encontraréis de todo al respecto. Gente que dice haber encontrado mensajes en los gestos, la frecuencia con la que se dan las interferencias, o incluso en la compresión del vídeo. A todos nos gustan las conspiranoias y las historias de terror… y si un grupo es capaz de venderme su disco con algo tan freak, no podía dejarlo pasar. Más, si es stoner.

No me atrevería a cometer el esperpento de compararlos con otras bandas. Me niego en estas líneas. Podría tirarme el folio y decir “se aprecian matices de WO FAT, HORN OF THE RHINO, y (va, que esta sería para mear y no echar gota) las composiciones más pesadas de BLACK SABBATH. Pero sólo estaría siendo un cochino embustero que no tiene ni idea de música. Podría incluso dármelas de clasista y mencionar a KYUSS (por poner un ejemplo, y sin pretender poner de clasistas a los fans de los californianos…) ¡O podría sacarme la chorra con bandas que ni siquiera yo conocía hace dos semanas y quedar como un campeón!

Pero entonces, sólo estaría faltando a la verdad, por muy ciertas que fueran esas comparaciones. Estaría siendo deshonesto conmigo mismo, con mis compañeros periodistas, y lo que es más importante, con la banda. Y es que ellos mismos se definen de la siguiente manera: “No post. No proto… Just heavy metal”.

Y estoy totalmente de acuerdo. Sí, cierto, practican un estilo de heavy metal ultrapesado y no apto para todas las mentes (sobre todo las menos dispuestas a experimentar con su propio subconsciente), pero no por ello deja de ser heavy metal. Tocado con fiereza, con maestría, con una pegada profunda y que deja huella.

Y durante poco más de media hora de duración de este disco, es lo que nos vamos a encontrar. Contundencia, pesadez, vertiginosidad… Una masterclass de puto rock and roll, jodido, y perfecto para hacer juego con ambientes desérticos o plomizos, con estados de conciencia alterados y, por supuesto, con esa diversión destructiva que supone el heavy metal.

No puedo dejar de insistir en el concepto de heavy metal. Las guitarras son puro y duro concepto, llevado al extremo gracias un bajo contundente sin ser machachón. Igual que la batería. Cambios que más que marcar la velocidad o el ritmo al que se desarrolla todo, hacen de la escucha, algo más íntima, en el sentido en el que nos obliga a exteriorizar todo. Me explico: Nada de “partecuellos” ni filigranas progresivas. Aquí te estás dejando el alma, te late el corazón a todo trapo, y sientes que existe un concepto oculto, a nivel de comunicación, que solo se puede transmitir a golpes.

Golpes que, por otra parte, van evolucionando a través de las canciones. Si las cambiásemos de orden, estaríamos contando otra historia. El concepto sería completamente distinto y no podríamos llamarlo Dolmenn. Y es que este disco, tiene la capacidad de abstracción y continuidad de un álbum conceptual, sin ser una de esas mamarrachadas que nos intentan colar a veces, sobre la vida y obra de un profeta inventado, o del camino del héroe y sus altibajos morales. No, esto es un viaje total, con todas sus etapas. Trepidante, cambiante, que parece que se te pasa y vuelve a pegar. Es ese abismo en el que ves la infinitud del universo, para el siguiente segundo pensar en lo fútil que resulta ese pensamiento.

Recomiendo encarecidamente hacerse con una copia de este Dolmenn, con portada de Rafa Garrés (os sonará porque ha ilustrado a Conan, Lobo, alguna que otra cosa para Dragones y Mazmorras, colaboraciones con HORN OF THE RHINO…) y mi promesa personal de que, si eres como yo, otro yonki del género, pondrás el disco una y otra vez.

Porque no puedo insistir lo suficiente en la atmósfera pesada, en la maravilla sónica que supone la voz (característica dentro de lo convencional) y en lo intensos que resultan los treinta y cinco minutos, repartidos en seis temas, de duración variable entre los tres y los trece minutos.

Pero no hagáis caso al crítico que escribe estas líneas, ni al crítico de vuestro interior. Hablemos de fan a fan… este es un discazo. No dejes de escucharlo. Pero bien escuchado. Nada de “por encima” o “de fondo”. No, no me vale. Escúchalo con calma, todas las veces que haga falta. Degústalo. Y verás, que no digo una sola mentira.

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