BONJOUR TRISTESSE (DEU) – Your ultimate urban nightmare, 2018

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Escribía Víctor Hugo en Los miserables que la ciudad y la naturaleza desarrollan la fiereza en las personas. La diferencia entre ambos es que la montaña, el mar y el bosque lo hacen sin destruir nuestro lado humano. Todo urbanita reconoce un cierto grado de verdad en estas palabras. La ciudad ha sido la matriz del desarrollo tecnológico y social durante milenios pero, de la mano de un capitalismo financiero que alimenta una sociedad hiperdesarrollada, en las últimas décadas parecen víctimas de la obsolescencia. Entre sus calles y barrios, cada día que pasa es más difícil que arraigue la prosperidad, el bienestar y la felicidad y, en un eterno expandirse, el simétrico urbanismo se transforma en una maraña urdida por la geometría y el caos.

Tras la extinción de THRÄNENKIND, que cambió su nombre a KING APATHY dejando atrás el trasfondo depresivo, BONJOUR TRISTESSE retoma el testigo de mensajero descarnado. Ya desde el mismo título, Your ultimate urban nightmare, no esconde su intención de mostrarnos la realidad decadente y alienada que gobierna la vida entre el cemento. Cada nota que se gesta en la mente de Nathanael destila una completa desazón, y consigue transmitir esa sensación desde el primero al último segundo. La creación de una atmósfera adecuada en cada momento es una virtud primordial en el desarrollo del álbum, llegando a lograr momentos realmente intensos, cargados de pura emotividad. Muchos de estos puntos álgidos guardan su secreto en el excepcional manejo de los tiempos, con continuos cambios de ritmo. En tan sólo un segundo podemos vernos transportados desde un grácil pasaje de post metal a un rabioso estruendo de black, o perder el aliento con un áspero trémolo transformado en delicado punteo. La precisión brilla con luz propia, gestionando con maestría la cadencia apropiada a cada pasaje y realizando unas transiciones limpias y elegantes.

Como si el motor que impulsara la música fuera impulsado por un latigazo de pesadumbre incandescente, más que por un estado de furia o rabia, incluso los blast beats y los gritos desgarrados suenan dolientes y quejumbrosos, y se acompañan, muy acertadamente, de unos teclados muy etéreos, en ocasiones velados tras las guitarras. Los efectos sonoros ayudan a completar una arquitectura que evoca constantemente la vida urbana. Pasajes narrados, reverberaciones, el bullicio de la ciudad… cada elemento que compone esta obra está meticulosamente diseñado para contribuir al diseño de este óleo musical que, desde una deliberada monocromía grisácea, es capaz de transmitir una gran cantidad de matices emocionales.

Sorprendentemente, en el último recodo de este viaje se nos permite vislumbrar un destello que reconforta el espíritu, y es que tras probar la desesperanza con “Alienation”, “Another bullshit night in Suck City”, “The act of laughing in a world once beautiful now dying” o “Blacktop prison”, con “The end of the world” asistimos a una onírica imagen en la que el mundo se reconstruye tras su destrucción. Quizá se nos presente este sueño como el único asidero que nos permita aferrarnos a la visión de un futuro que merezca la pena ser vivido. Hasta entonces el presente que nos dibuja BONJOUR TRISTESSE es un llanto amargo, un penar arrastrado en el tiempo, un réquiem por nuestra propia especie, que se escondió del mundo tras las ventanas hasta que su refugio se convirtió en prisión citadina.

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